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La denuncia por malos tratos de Fidel Albiac de la que Rocío Carrasco no habla

Hace años, Fidel Albiac fue denunciado por una empleada del hogar por malos tratos a Rocío Carrasco.

Hace años, Fidel Albiac fue denunciado por una empleada del hogar por malos tratos a Rocío Carrasco.
Rocío Carrasco y Fidel Albiac. | Cordon Press

La polémica de Rocío Carrasco y sus declaraciones contra Antonio David Flores, dando inicio a un juicio público que trata de menoscabar el dictado de la Justicia, han sacado a colación todo tipo de sucesos familiares del pasado. Como, por ejemplo, la denuncia de Irma Gómez, que trabajó para Rocío y su marido Fidel Albiac, contra éste último por —precisamente— los mismos delitos contra ella que la hija de Rocío Jurado atribuye a su ex.

La mujer, de nacionalidad paraguaya, presentó una denuncia tres meses después de abandonar la casa de la pareja, en la que trabajó entre 1999 y 2000, y con los que convivía en San Agustín de Guadalix. Entonces, los hijos de ambos eran menores de edad y vivían con su madre. Así lo recuerda un extenso artículo publicado en La Razón.

La denuncia de Gómez, presentada en octubre de 2002, tuvo un devenir similar a la de Rocío y Antonio David: aseguraba que Albiac maltrataba a Rocío Carrasco pero nunca pudieron llegar a probarse los hechos. En su momento generó una gran polémica, pero los juzgados no pudieron probar nada. La propia Rocío Carrasco negó en televisión —en el programa de María Teresa Campos Día a Día— que su marido la maltratase, y apuntó directamente a su ex Antonio David Flores, al que acusó de pagar un millón de pesetas a Gómez por presentar la denuncia.

La denuncia no fue admitida a trámite, por lo que Fidel Albiac nunca fue juzgado. El marido de Rociíto solicitó al juzgado medias cautelares para impedir que la denunciante pudiera ir a los platós de televisión y la demandó en defensa de su derecho al honor, perdiendo el juicio en primera instancia. Albiac recurrió a la Audiencia Provincial, pero más tarde desistió de sus actuaciones. Irma, debido a las medidas cautelares solicitadas por Fidel, no pudo extender su testimonio en otros medios que la exclusiva inicial en la revista ¡Qué me dices!

Las palabras de la empleada describen así la situación: "Los malos tratos que yo presencié eran tanto físicos como psíquicos. Fidel le agredía físicamente, le insultaba, le ponía en más de una ocasión la zancadilla para que se cayera, le daba cachetadas, la provocaba para irritarla, la humillaba, la menoscababa psicológicamente". Se trataba, además, de una situación "cíclica", no esporádica, y habitualmente eran motivados porque "Fidel leía alguna declaración en relación a su persona en algún medio de prensa".

Los insultos de Fidel a su mujer incluían "retrasada mental, mongola, en los casos en los que ella no opinaba como él, y en dos ocasiones, a raíz de estas discusiones, tuvimos que coger a los niños y marcharnos a casa de la madre. En las dos ocasiones era evidente que había sido objeto de agresiones físicas, porque así lo demostraba el morado que tenía en el ojo o su ligera cojera al andar. En una de estas veces que salimos en dirección a La Moraleja supuestamente él tenía que marcharse con sus cosas y abandonar la casa. En una ocasión, en una de las discusiones, cuando vivíamos en el Encinar de los Reyes, tuve que tirar una televisión destrozada, tres láminas del somier y una caja de cartón en la que había ropa de Fidel cortada a trocitos pequeños".

Fidel interpuso una querella contra su exempleada por injurias y calumnias, pero el juzgado falló a favor de la paraguaya. Tras apelar en segunda instancia, decidió retirar los cargos.

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