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Rosa Belmonte

Ella descubrió a Lauren Bacall

Slim Keith era una mujer mucho más fascinante de lo que Truman Capote ha sido jamás.

Rosa Belmonte
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Slim Keith era una mujer mucho más fascinante de lo que Truman Capote ha sido jamás.
Slim Keith y Howard Hawks. | Archivo

El documental de Truman Capote en Filmin, The Capote tapes, de Ebs Burnough, no contará cosas que no supiéramos, pero tiene el valor de las cintas grabadas por su biógrafo George Plimpton. Y en esas cintas está Slim Keith, que montó en cólera tras la publicación en Esquire de La cote basque, un presunto extracto de Plegarias atendidas, donde aparecía como la cotilla Lady Coolbirth. Nunca se lo perdonó. Slim Keith era una mujer mucho más fascinante de lo que Truman Capote ha sido jamás. Era a la única persona a la que Yul Brinner le permitía pasarle la mano por la calva. Más fascinante que cualquiera de las otras cisnes (que menuda cursilada). Lo de Slim (era muy delgada) se lo puso William Powell y Keith es el apellido de su tercer y último marido. Nació en California como Nancy Gross, tenía una madre adorable y un padre horrible y rico. El padrino de su primera boda no sería ese señor sino Gary Cooper, que la llevó al altar donde la esperaba Howard Hawks, que se prendó de ella cuando le dijo que claro que no quería hacer películas. El tío debía de ligar así. En la vida de su madre, su hermana Dorotea y de ella misma hay una gran tragedia. El único hermano se quemó al acercar demasiado el pijama a la chimenea mientras los tres escuchaban un cuento de su madre. Corría por la casa envuelto en llamas mientras ninguna pudo agarrarlo. Lo cuenta Cristina De Stefano en Americanas aventureras (Circe), libro donde descubrí a Slim Keith (1916-1990). Y a otras.  

En unas vacaciones en el desierto conoció al actor William Powell. Además de ponerle Slim, hizo de introductor en los sitios importantes. Y entonces llega lo de ir a San Simeón, la mansión de Hearst. También intima con Albert Broccoli (futuro productor de James Bond) y con Howard Hawks, con quien se casa en 1941. Él tenía tres hijos y una guapa mujer en el manicomio (hermana de Norma Shearer). Trabaja con el director y es ella la que descubre a Lauren Bacall en Harper’s Bazaar, revista donde Slim solía aparecer derrochando clase. Era una de las mujeres mejor vestidas de Estados Unidos. Podías coger su ropa, ponértela ahora y que pareciera recién comprada en un sitio caro. Podía ponérsela una delgada como ella, claro. Lo de Bacall fue ya cuando Slim estaba bastante harta de Hawks (caprichoso, mentiroso, mujeriego). A Bacall en Tener y no tener la hacen un clon de Slim. Claro que había percha delgada y alta. En 1948 se casa con Leland Hayward (muy feo productor que había estado con Greta Garbo y Katherine Hepburn, además de haberse casado con Margaret Sullavan, futura mujer de Henry Fonda). También le ayuda en su tarea de productor solucionando problemas. Este marido se lo quitó Pamela Churchill, ex nuera de Churchill, y para no coincidir en los mismos sitios a los que todos iban, se fue a Londres. También parece que ella había tenido algo con Frank Sinatra y con Peter Viertel durante el matrimonio. En Londres acabó casándose en 1962 con el rico abogado Kenneth Keith. Un aristócrata que la hizo Lady. La casa en el campo era fabulosa, ella se aburría como una ostra. Su única diversión era hablar y bromear con el servicio, el mayordomo Mordecai y su mujer, Rosa.

Supongo que Capote le divertía en ese Nueva York donde ya mayor y no tan delgada estaba de vuelta de todo. Se había divertido demasiado. Quedaban lejos los años 30, los 40, los 50. Se había divertido con Hemingway, que la quería y respetaba, con la que cazaba y pescaba. Por culpa de un rifle defectuoso casi mata al novelista. “Piensa, Slim, lo famosa que habrías sido, la mujer que mató a Hemingway”. También había jugado al crícquet con Tyrone Power, al póker con Robert Capa o iba de vacaciones con David Niven cuando estaba casada con Hawks.

Intimar con Capote no fue buena idea. Además, qué personaje mínimo en todos los sentidos al lado de todos los que habían pasado por su vida, incluido Mordecai, al que abrazó cuando se separó de Keith mientras a este le dio la mano.

Estudió un poco de joven, lo dejó y ya presumió de no haber trabajado un solo día de su vida. Pero casarse bien (tres veces) es un trabajo que no todos son capaces de desempeñar.

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