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Mila Ximénez y sus fallidas pasiones amorosas: Manolo Santana, José Sacristán, Rodríguez Menéndez...

Mila Ximénez fue una mujer apasionada, vitalista, pese a sus fallidas experiencias amorosas.

Mila Ximénez fue una mujer apasionada, vitalista, pese a sus fallidas experiencias amorosas.
Mila Ximénez en 1990. | Gtres

Fue el 16 de junio de 2020. Atentos sus compañeros del programa de Telecinco Sálvame a la confesión que iba a realizar ante la elevada audiencia, tratando de que las lágrimas no aparecieran en su rostro, procurando dominar la emoción del momento. Mila Ximénez anunció que padecía cáncer. Dejaba de colaborar en ese espacio, con la esperanza de volver cuando, sometida a un severo tratamiento de quimio y radioterapia, sus médicos lo autorizaran. Los últimos meses han sido durísimos para ella, consciente de que la vida se le escapaba, pero aferrada a luchar hasta el final. Creyendo, como su propio nombre, que la salvaría un milagro.

Ha sido Mila Ximénez una mujer apasionada, vitalista, que amó con toda su alma para reconocer tras sus fallidas experiencias, que los hombres de su vida, en general, la engañaron. O las circunstancias que rodearon algunos de sus idilios tenían fecha de caducidad.

Antes de unirse a Manolo Santana, Milagros Ximénez de Cisneros Rebollo, nacida en Sevilla en el mes de mayo de hace sesenta y nueve años, era una perfecta desconocida en las revistas del color, de la que se ignoraba su pasado sentimental. Su primer amor, alto, rubio y de ojos azules, de porte aristocrático, fue su mayor ilusión y a la vez su primer fracaso. Influyó en ello que contaba solamente dieciséis años en tanto él tenía veintitrés. Lo amó con mucha intensidad. Era su príncipe azul. Aunque el final no resultó feliz como en los cuentos. Ramón la dejó: "Eres muy niña y lo nuestro no acabaría bien". Se dijeron adiós dejando un poso triste en el corazón lastimado de la jovencísima sevillana. Lloraba, se mostraba encolerizada consigo misma. Al cabo de un tiempo se reencontraron y Mila le dijo que algún día iba a ser una mujer importante y aparecería en la portada de ¡Hola! No erró en su predicción.

Mila quería estudiar Medicina; su padre la ayudó a través del gobernador civil de Sevilla, José Utrera Molina, ingresando como enfermera en el hospital Virgen del Rocío, de la capital sevillana. El jefe de su departamento se llamaba Roberto Pastrana, estaba casado, con hijos. Se enamoraron como dos colegiales, comenzando a tener encuentros de naturaleza íntima. La sociedad sevillana dio de lado al doctor, que se había labrado un buen prestigio. Y se escaparon, como dos adolescentes, viajando a Madrid, donde su amante había conseguido una plaza al frente del Departamento de Rehabilitación, por mediación del yerno de Franco, el marqués de Villaverde. Nueve años duró aquella pareja, que no podía regularizar su estado civil por la sencilla razón de que aún estaba lejana la ley del divorcio.

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Con Manolo Santana | Archivo

Mila recordaba cómo vio por vez primera a Manolo Santana, el as de la raqueta, un día de 1964. Rodeado de admiradores, ella se quedó mirándolo fijamente. Pero era todavía una niña, sin comprender cómo aquel hombre, de pronunciada dentadura, nada guapo, despertaba la atracción de un público femenino. En un ingenuo arranque le dijo a una amiga: "Yo me casaré algún día con él". Pasaron unos años y Mila acudió al club de tenis del Real Madrid. Manolo ya le pareció al verlo de nuevo en las pistas, más aceptable físicamente. Y muy atlético. Risueño. El caso es que entonces Mila iba acompañada de su amante, el doctor Pastrana. Ya rota la relación con éste, aceptó la invitación de una amiga brasileña, ex-modelo, espectacular… que iba a cenar con Manolo Santana. Aquella noche, en un conocido restaurante de la Cava Baja madrileña, el tenista cruzó su mirada muchas veces con la de Mila Ximénez. No haremos largo ese y otros encuentros. El 9 de febrero de 1983 se convertían en marido y mujer en el juzgado de Villalba, a treinta kilómetros de Madrid. Tres años les duró aquel tempetuoso matrimonio. Tuvieron una niña, Alba, que vino al mundo en la primavera de 1984. Lo anecdótico es que la pareja había pensado celebrar una ceremonia religiosa, puesto que la anterior fue sólo de carácter civil, dado que Santana aún no había conseguido el divorcio de su primera esposa, María Fernanda Dopeso. De aquella boda, Mila no olvidó nunca que quien ejerció de padrino fue nada menos que el entonces presidente del gobierno, Adolfo Suárez. Pero ¿por qué se separaron Mila y Manolo? Porque en un viaje a París él se enrolló con determinada dama en el club "Régine". Una amiga de Mila fue testigo y de regreso a Madrid le puso en antecedentes de que le había puesto los cuernos. La confidencia fue de Alexandra Fierro, hija del banquero. Con su carácter y teniendo toda la razón del mundo Mila dio por finiquitada su convivencia y se fue a vivir al apartamento que él había adquirido cerca de los edificios de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, en la plaza de la Villa de París.

Mila conocía muy bien Marbella. Y allí vivió, tras dejar a Manolo Santana, un tórrido romance con Antonio Arribas. No tenía este seductor sin profesión alguna (ejerció en tiempos la de doble de escenas peligrosas en el cine, pero sufrió una caída de la que nunca se recuperó) ni dinero ni propiedades. Un tipo divertido que aparte de vivir a costa de Yeyo Llagostera, líder de los Chory´s, supo conquistar a Carmen Ordóñez, a Lolita, a Linda Christian (madre de Romina Power) y a un montón de ligues ocasionales. Mila se deslumbró con Arribas, que fue una de sus grandes pasiones, pero sin mucho recorrido. No había futuro para ninguno de los dos.

Luís Miguel Dominguín quiso encamarse con Mila, pero ella no accedió: era un capricho más del torero. Un multimillonario árabe consiguió llevársela a un hotel de su propiedad. Estaba casado y le propuso habilitarle un apartamento y proporcionarle cuanto necesitara. Lo mandó a la mierda y salió despavorida. Pasamos por alto la época siguiente que la emparejó con la locutora Encarna Sánchez, episodio que referiremos en otro artículo. Porque no sólo quedó desengañada de esa relación sino que aseguraba haberse quedado casi en la ruina por seguir los consejos de la fallecida estrella de la radio.

Dos hombres que ella no quiso nunca identificar públicamente ocuparon su corazón, no a la vez, por supuesto. Uno, casado y otro, presumido cuando invitaba a sus amiguitas a un barco de su propiedad. Si esos llamemos pretendientes no la hicieron feliz, no fue luego el caso de un popular actor, al que conoció cuando fue a entrevistarlo para ABC. Un fugaz romance que dejó en Mila la agradable huella de sentirse admirada. Era José Sacristán, con quien compartió ratos de felicidad, unidos sus cuerpos, y otros de irresistible humor. Ella lo calificó de buen amigo y buen amante. Disfrutó mucho a su lado en el breve tiempo que estuvieron juntos.

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Mila y Rodríguez Menéndez | Mediaset

"Nada me ha hecho más libre que hacer el amor cada día con pasión", escribía Mila Ximénez en sus memorias. Es muy posible que, aparte de los nombres citados hubiera otros que ella quiso borrar de su memoria o, simplemente, encubrirlos por estar casados. Quizás se equivocara con el controvertido abogado Emilio Rodríguez Menéndez, con quien salió a menudo una temporada. La verdad es que Mila Ximénez, harta de fiestas que le aburrían, tampoco era feliz en aquellos periodos de soledad. El último hombre de su vida se llamaba Rafael Aguilera, un empresario radicado en Marruecos, con quien inició una relación sentimental finalizando la década de los 80, que duró hasta 1998. Murió en febrero de 2018.

Al final, tal vez escarmentada porque nunca halló estabilidad emocional con los hombres que amó, prefirió no alterar más su corazón dolorido. Y se refugió en su hija Alba, confortada por la felicidad de ésta y la de sus dos hijos que la habían convertido en abuela. Mila vivió a tope, quiso ser siempre libre. Y recapacitando sobre su existencia, inserto un par de frases de su cosecha: "Mi día a día lo disfruto sin mirar al pasado". Y esta otra: "Se puede decir que a estas alturas de mi vida vivo un momento dulce".

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