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La eterna juventud de Jordi Hurtado: sus colegas le echan en cara si tiene "padrino"

Jordi Hurtado, de sesenta y cuatro años, luce casi el mismo aspecto que cuando se inició en televisión.

Jordi Hurtado, de sesenta y cuatro años, luce casi el mismo aspecto que cuando se inició en televisión.
Jordi Hurtado y Rosa Palau. | Cordon Press

Va para veinticinco años que Jordi Hurtado lleva presentando Saber y ganar. Programa-concurso veterano, que ha superado con creces otros espacios más o menos similares, con todas las diferencias que puedan encontrarse. El primero de los cuales apareció en antena el 17 de febrero de 1997. Jordi, de sesenta y cuatro años, natural de San Feliú de Llobregat, es por supuesto un rostro sumamente familiar para los telespectadores que contemplan Saber y ganar durante media hora, en la sobremesa de lunes a viernes, a través de la 2 de TVE. A mí me dan ganas de invitarlo a casa a almorzar, merendar o cenar, de tanto verlo. Parece que fuera un pariente cercano.

Con sus gafas de siempre, su rostro amable en el que nunca faltan las sonrisas, conduce con suma autoridad y aplomo la participación habitual de tres concursantes, atraídos más que por el posible premio económico que puedan llevarse porque Saber y ganar tiene como lema la divulgación cultural de manera amena. De otra forma sería sólo para eruditos. Tiene una audiencia fiel. Y Jordi cuenta con la compañía de Pilar Vázquez, Elisenda Nadal, ésta la voz en "off" del concurso.

Se curtió Jordi Hurtado en otros cometidos televisivos, desde que entró en los viejos estudios de Montjuich, en Barcelona, caso de Si lo sé no vengo, que se sostuvo entre 1985 y 1988. Con anterioridad en Radio Barcelona presentó La radio al sol. Siempre se ha considerado "un periodista de vocación, que no de carrera". Ante un micrófono, Jordi es más feliz que un niño sorbiendo un helado, o un tonto con un lapicero. Procede de una familia extremeña y andaluza, emigrantes a Cataluña desde un pueblecito llamado Garrovillas de Alconéfar. Pariente de Jordi Évole, cuyo abuelo es natural del mencionado lugar. Otra actividad de Jordi es la del doblaje: puso la voz a Epi, el muñeco de Barrio Sésamo.

Nos estamos refiriendo a un hombre dotado de gran sentido del humor, que viene aguantando tanto chistes ayer como "memes" ahora, centrados en su longevidad televisiva, un cuarto de siglo con el mismo programa, que lo lleva a trasladarse cinco días a la semana desde Molins de Rey, donde vive con su familia, a los estudios de Televisión Española en San Cugat. Jordi no se inmuta, o esa es la impresión que da a los que se meten con él con la cantinela de si es que tiene un padrino que lo puso en nómina y allí sigue. Improvisa bromas, chistes que le surgen de pronto y así despista a esos amiguetes que quieren alterar su ánimo, y si es ante las cámaras, para animar a los concursantes en cada programa y que éste no siga las pautas exactas de los guiones.

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Jordi Hurtado | Gtres

Característica en él es que no utilice el pinganillo, como llaman en el argot televisivo al emisor que se coloca en un oído para escuchar las probables órdenes que vengan desde el control. Y tampoco se sirve del teleprompter, pantalla que los espectadores no ven, situada frente al presentador, con los textos escritos que ha de leer y comentar. La memoria que posee le sirve a la hora de suplir esos artilugios.

Cuando un presentador de televisión está en activo tantos años como Jordi ha de cuidar su físico. Él tiene la suerte, aparte, de no engordar: "Uso la misma talla de ropa que hace treinta años". Las gafas le dan personalidad, al usarlas permanentemente: "Muchas he llevado, las últimas de pasta, como al principio, de color más rojo… que hacen juego con el del estudio donde emitimos".

Programas hay "a porrillo" que, si no cumplen las expectativas de audiencia, son borrados de la programación de cualquier cadena. Cuando empezó Jordi Hurtado con Saber y ganar, firmó un contrato para tres meses. Y ya les he dicho que lleva veinticinco años "en el tajo". De ahí, insistimos, los argumentos de sus colegas, que le dicen: "Pero, ¿es que eres inmortal?" O esto otro: "Jordi no es, sino un robot que lo representa". Item más: "¿Su cuerpo es un holograma?". Algún chusco le ha espetado: "¿Acaso inventaste El Ministerio del Tiempo?" Y hay más de uno que cree es un extraterrestre sin caducidad de vida. "¿Pretendes vivir para siempre?", le increpa también un allegado.

Cualquiera enferma al tres por dos, y más en estos tiempos de pandemia. No así Jordi Hurtado, a prueba de inesperadas dolencias, con una salud de hierro. Lo que le libró de ser relevado en ese cuarto de siglo que cumple ahora. Sólo una vez… ¡una!, hubo de pedir la baja laboral, el mes de mayo. Por una afonía. Se recuperó a marchas forzadas el siguiente 9 de junio. Si alguno de sus compañeros alberga el sueño de sustituirlo en alguna ocasión, que espere en los pasillos. Sentado, por supuesto.

Y ¿qué clase de vida lleva nuestro admirado amigo? Sencilla, rutinaria si se quiere. Del trabajo a casa. Los fines de semana es cuando puede permitirse dedicarse a sus ocios. Y siempre junto a su mujer, Rosa Palau, casados desde 1994, padres de tres hijos. Aquella es ejecutiva empresarial. Para colmo, Rosa es la "mánager" de Jordi. Fundaron su propia sociedad mercantil, Misola Productions. De sus retoños, el varón, llamado como su progenitor, trabaja con él. Habitan un casoplón en una parcela de 600 metros cuadrados en la montaña de Collserola, Barcelona. Lo que Jordi Hurtado y su esposa pueden perfectamente permitírselo: ganan más de un millón de euros al año. Los envidio, naturalmente, como la mayoría de ustedes que me leen.

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