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Los últimos años de José Luis Balbín, cuidado por su mujer la periodista Julia Mesonero

Balbín presentó La clave, que dejó de emitirse por las continuas presiones del gobierno de Felipe González.

Balbín presentó La clave, que dejó de emitirse por las continuas presiones del gobierno de Felipe González.
José Luis Balbín en 2002. | Contacto Photo

José Luis Balbín fue muchas veces noticia. Se dice que un periodista no ha de ser noticia jamás, salvo en determinados casos. Lo es ahora, por supuesto, con su muerte, a los 81 años. Pero en diferentes ocasiones lo fue tanto por recibir numerosos premios como por cuanto derivó de su mítico programa La Clave, que se emitió entre los años 1976-1985, con sus inicios antes de la Transición, por el que desfilaron grandes personajes de la política de muy diversas y encontradas posiciones políticas.

El periodismo le atrajo desde su adolescencia. Dejó su Navia natal donde vino al mundo el 19 de agosto de 1940, y se estableció en Madrid para estudiar la carrera que tanto le atraía. Viajó por medio mundo. Estuvo en la redacción de Pueblo. Fue jefe de informativos de TVE, donde La Clave, que se emitía por la Segunda Cadena alcanzaba audiencias importantes nunca superadas por otros programas. Pero el gobierno entonces de Felipe González no se detuvo hasta que, tras suspender su emisión alguna vez, el 27 de diciembre de 1985 La clave dejó de verse. Le advirtieron desde Moncloa que ese día, cuando estaba prevista la emisión titulada La movida nacional, sería eliminada de la programación. Pero José Luís Balbín al frente de su equipo dio orden de que los invitados esa tarde-noche a La clave fueran llevados al hotel Palace; uno de cuyos salones quedó habilitado como estudio provisional del veterano programa. Y La clave se emitió. Pero por última vez. Lo cesaron y La clave desapareció.

Ocurriría después, cuando Balbín pasó a trabajar en la radio y en Antena 3 que este canal rescató el programa de La clave durante los años 1990 a 1993, pero sin la emisión de la película como había sucedido anteriormente. Ya no fue igual. Luego, ante el estupor de José Luís, que había registrado el programa, TVE sacó de sus archivos muchos de La Clave y volvió a emitirlos. Redifusión llaman a eso técnicamente. Fue cuando José Luís Balbín, con toda la razón del mundo, demandó al Ente Público por apropiarse de algo que sólo a él le correspondía.

José Luís Balbín era noctívago. Tenía una tertulia muchas noches en "Bocaccio" que, con discoteca en su parte baja, mantenía en la superior una clientela del mundo artístico, intelectuales y periodistas como él. A poco de traspasar sus puertas, tras un pequeño vestíbulo, a mano derecha se concentraban unos cuantos representantes de esos grupos mencionados, donde reinaba, por así decirlo, la gran actriz María Asquerino. José Luís, magnífico conversador, siempre reposado, sabiendo escuchar como dio lecciones en "La clave", estaba muy feliz en semejante ambiente. Nada se sabía de su vida sentimental, hasta que saltó la liebre cuando los reporteros de entonces descubrimos que se había enamorado de Pilar Miró, siendo muy pronto correspondido. No les gustaba ser perseguidos por los fotógrafos pero seguro que en los archivos de las revistas y diarios constan imágenes de la pareja. Nunca hablaron de casarse. Cuando Pilar dio a luz a su único hijo, Gonzalo, quienes estaban al tanto de quién podría ser el padre de la criatura, lo silenciaron. Tarde o temprano tenía que saberse el nombre. Y ahora, en Google, hace tiempo que se divulgó que era José Luís Balbín. Un asunto privado que, aunque molesto para Gonzalo, quien siempre quiso conservar en la intimidad todo lo relacionado con su nacimiento, creemos se trató con el mayor de los respetos y delicadeza. Además, la propia Pilar confió a su gran amigo Diego Galán lo mucho que había querido a Balbín, confidencia que se publicó en un interesante libro sobre la vida de la desaparecida directora cinematográfica.

Después de un tiempo largo durante el que Balbín dirigió brevemente dos revistas semanales de política y sociedad, su rastro se perdió, aunque él continuara si no ya acudiendo a tertulias, sí en contacto diario con el periodismo y sus múltiples amigos colegas. Se retiró a vivir fuera de Madrid e iba de vez en cuando a su querida Asturias, donde había conseguido adquirir una casa en el bellísimo paraje de Cudillero. Si en algunas ocasiones se le consideraba algo así como un lobo estepario y solitario acabamos por saber que estaba otra vez enamorado, de una joven periodista, Julia C. Mesonero. Escribió a ratos perdidos algunos versos. Imagino que ella sería más de una vez destinataria de ellos.

José Luís Balbín enfermó repentinamente. Ocurrió durante un viaje, acompañado de Julia, a Italia. Encontrándose en Verona, adonde habían asistido a una de sus magníficas representaciones operísticas en el espectacular escenario de la Arena y tras regresar al hotel de Venecia que habían contratado, José Luís comenzó a sentirse mal. Resistiéndose a acudir a un hospital, acabó por ser ingresado un par de días, por decisión de Julia. Le diagnosticaron un ictus agudo. Prefirió la pareja regresar inmediatamente a Madrid. Fue recuperándose el enfermo lentamente, aunque a los ocho meses sufrió otro ataque. Fue operado. Mas ya su salud quedó seriamente dañada y hubo de servirse por temporadas de una silla de ruedas.

Siempre atendido amorosamente por Julia, la existencia de José Luis Balbín fue hasta ahora lo más plácida posible. Él siempre atento a la actualidad; ella, ocupándose de él y llevando a cabo la selección de los muchos papeles, documentos, libros de José Luis. Incluso Julia firmó una entrevista para ABC fechada el 29 de octubre de 2017 donde transcribió las sabias y certeras respuestas del maestro. "Un periodista no se jubila nunca", le dijo. Hasta que ha venido la guadaña y se lo ha llevado consigo al otro mundo: a una gran persona, bienhumorado, de probada bonhomía, culto, inteligente y siempre sirviendo al periodismo con la verdad por delante. Con entrega. Y con amor, el que hasta el último día profesó a Julia.

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