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Marilyn Monroe revive 60 años después de su supuesto suicidio gracias a Ana de Armas

Hay investigaciones que sitúan a Robert Kennedy presente en la casa donde vivía Marilyn, justo el día en que ella apareció muerta.

Hay investigaciones que sitúan a Robert Kennedy presente en la casa donde vivía Marilyn, justo el día en que ella apareció muerta.
El cuerpo de Marilyn | Cordon Press

A las 4,45 de la mañana del 4 de julio de 1962 Marilyn Monroe, el más emblemático "sex symbol" del cine mundial, era encontrada en su cama, completamente desnuda, sin vida. El dictamen médico es que falleció a consecuencia de una intoxicación aguda de barbitúricos. ¿Suicidio? ¿Conspiración para asesinarla? Nunca se sabrá. El escritor Norman Mailer, autor de una biografía sobre la estrella, de la que fue muy amigo y a la aconsejó ingresar en el Actor´s Studio de Nueva York, dejaba en el aire la posibilidad de que pudo ser eliminada. ¿Por qué? Consecuencia de ser un "asunto de Estado" a raíz de que se hiciera público su relación con el Presidente John F. Kennedy y después con su hermano Robert, Fiscal General de los Estados Unidos. Por lo visto, en la Casa Blanca temían que ambos hubieran podido "irse de la lengua" y participaran de algunos secretos a su amante.

Hay investigaciones que sitúan a Robert Kennedy presente en la casa donde vivía Marilyn, justo el día en que ella apareció muerta. ¿Pudo éste haber sido la última persona que estuvo en el lecho de la estrella, antes de morir? Todas esas incógnitas no se resolverán probablemente nunca, pues han sido muchísimas las investigaciones del caso realizadas no sólo por miembros de la justicia norteamericana, sino de periodistas, escritores que han publicado un ingente material para llegar a esta conclusión: la muerte de la estrella más venerada de Hollywood continuará siendo un insondable misterio. Ahondando en su vida, sus amores y sus películas, se estrenará el próximo 23 de septiembre una producción de la multinacional Netflix protagonizada por la cubana, residente unos años en Madrid, Ana de Armas, con escenas de sexo tan explícitas que, a la hora del montaje del filme, han originado discrepancias para darlas o no a conocer, y que por hoy ignoramos si han sido censuradas. Expectación por comprobarlo, existe.

El título de la cinta es Blonde, es decir, rubia. Una gran oportunidad para la actriz hispana, quien saltó a la prensa sensacionalista por su romance en 2020 con el atractivo galán Ben Affleck, tras ser pareja en la película Deep Water, a partir de la cuál se enamoraron apasionadamente. Pero Ben tenía ya un pasado sentimental, padre de tres hijos, y Ana de Armas, a pesar de su fogosa relación con él, se lo pensó mejor, dejándolo en 2021 tras convivir una larga temporada, lo que sucedió nada más comenzar ese año, en enero. Ben se lo tomó con filosofía y pronto se desquitó volviendo a los brazos de Jennifer López, con la que mediado este pasado mes de julio contrajo matrimonio en Las Vegas. Ana de Armas había logrado, de ser una absoluta desconocida para el público norteamericano, una belleza a tener en cuenta para futuros repartos. En cuando al amor, también encontró en seguida al sustituto de Ben Affleck, un ejecutivo llamado Paul Boukadakis, con quien reside en Nueva York.

Consideramos ocioso, y además se escaparía de la dimensión prevista para este artículo, repasar la biografía de Norma Jeane Mortenson, que así se llamaba realmente Marilyn Monroe. Nos detenemos en su desgraciada vida sentimental, iniciada cuando era una niña que fue víctima de abusos sexuales. Tenía solamente dieciséis años cuando para zafarse de ir a un orfanato accedió a casarse con un vecino, policía de Los Ángeles, James Dougherty, en 1942. A poco de la boda él se enroló en la Marina de los Estados Unidos, dejándola sola. Cuando el marido regresó, se especula con que ella había tenido varias aventuras con hombres que no le dejaron huella alguna, pero sí desolación y tristeza. El divorcio se produjo en 1946.

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Marilyn Monroe | Archivo

Una de esas casi desconocidas relaciones fue con un oscuro director cinematográfico, Robert Slatzar, quien aseguraba haber estado casado con ella, aunque sólo una semana. Dato que nunca pudo evidenciarse. Sí que al corazón de Marilyn llegó un día el as del béisbol americano, Joe Di Maggio, la estrella de los Yankees de Nueva York. Estaba locamente enamorado de la actriz, con quien en realidad sólo permaneció nueve meses tras contraer matrimonio en 1954. Muy celoso, este ídolo del béisbol acabó divorciándose porque se enfurruñaba viéndola besar a otros hombres en los rodajes, o ligera de ropa, mostrando sus torneadas piernas como La tentación vive arriba. Así es que en 1955, Marilyn Monroe estaba otra vez soltera, deseada por millones de hombres en todo el mundo. En esa época, el primer fotógrafo que tuvo, André de Dienes, acabó en sus brazos. Era difícil no caer en las redes amatorias de la diva viéndola en cueros a través de la cámara.

Cuando Marilyn conoció al escritor Arthur Milller, brillante premio Pulitzer y reconocido dramaturgo, en 1951, tuvo la sensación de encontrarse con un hombre diferente a cuantos había tratado. No sólo físicamente, con aquel aspecto algo hierático, con gafas de concha que le daban un aire profesoral. Se reencontraron en distintas ocasiones hasta que él enloqueció por ella y decidió casarse en 1956. Cinco años duró aquella unión entre una mujer tan ingenua como inteligente a ráfagas, pero sin apenas cultura, cuando él trató de convertirse para la actriz en una especie de Pigmalión. Lo cuál nunca lo consiguió. Ella le serviría como inspiración para una de sus mejores comedias dramáticas: Después de la caída. Recuerdo perfectamente su estreno en el hace ya tiempo desaparecido teatro Goya madrileño con Marisa de Leza de protagonista, dirigida impecablemente por Adolfo Marsillach. La vida de aquel matrimonio acabó en desastre. Un día, Marilyn tuvo la tentación de leer el diario de Arthur Miller, donde descubrió que él hacía constar lo harto que se sentía ya a su lado, avergonzándose de cuanto hacía y decía la estrella en público. Fue el principio del fin de aquella insólita pareja. Se divorciaron en 1961. Él se vinculó en seguida sentimentalmente con la gran fotógrafa Inge Morat, y a ella sólo le quedaba un año de vida.

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Marilyn Monroe | Archivo

La lista de amantes de Marilyn Monroe, si se supiera con certeza, habría dado para un "best-seller". Sabemos, no obstante, algunos hombres importantes con los que se acostó. Marlon Brando fue uno de ellos, y cuando el romance acabó siguieron siendo muy amigos. Elia Kazan, el genial aunque controvertido director al que se acusó de denunciar a la comisión investigadora de los comunistas infiltrados en el mundo cinematográfico de Hollywood, la llamada "caza de brujas" en los primeros años 50, estuvo un año gozando al lado de una de sus estrellas favoritas. Y Tony Curtis, su compañero en Con Faldas y a lo loco, fue asimismo su amante durante bastante tiempo. Marilyn quedó embarazada, pero perdió al bebé. Contaba él en sus memorias que se reunió con Marilyn a instancias de ella, y con Arthur Miller, que ya era su marido. Una escena vodevilesca en la que el escritor se enteró de que su mujer había estando acostándose con Curtis. Éste, cuando estuvo en Madrid, me dijo que de ella recordaba los malos ratos que pasaron él y Jack Lemmon cada día en los estudios de rodaje esperándola dos y tres horas, hasta que ella aparecía, eso sí, espléndida, con su anatomía de vértigo. Y otro galán por el que enloqueció unos meses la Monroe fue el italo-francés Yves Montand, cuando fueron pareja en El multimillonario. A punto estuvo él de divorciarse de Simone Signoret, su encantadora esposa y excelente actriz, ante el acoso constante de Marilyn. La película resultó un fiasco pero marcó sentimentalmente a Montand por el recuerdo durante mucho tiempo de su rubia, explosiva amante, quienes terminaban exhaustos en la cama tras sus ardorosas noches de pasión.

En 1961 Marilyn rodó la que iba a ser su despedida de la pantalla: Vidas rebeldes. Se da la circunstancia que en el guion tomó gran parte Arthur Miller, poco antes de decirse adiós. Al protagonista de aquel filme, el veterano y paciente Clark Cable, ella lo trastornó, con sus ausencias del estudio, sus caprichos. Y a poco de concluir aquel rodaje, el inolvidable actor se fue de este mundo. Su corazón se había alterado demasiado por culpa de Marilyn.

No olvidamos a Frank Sinatra, que amó cuantas veces quiso a Marilyn, con quien montó, según se chismorreaba, alguna que otra orgía, a la que se sumaba Sammy Davis Jr y algún otro miembro del clan. En ese entramado de la Mafia, con la que coqueteaba Frankie, la Monroe era una peligrosa mujer. John F. Kennedy deseaba conocerla y para conseguirlo recurrió a su cuñado, el actor Peter Lawford. La primera cita se produjo el 24 de marzo de 1962 en un sitio discreto: la mansión que Bing Crosby disponía en Palm Spring, y puso a disposición de la pareja. Sinatra cogió un cabreo de aquí te espero, pues confiaba en que ese encuentro sexual se produjera en su villa cercana a la de Crosby. Al fín y al cabo, "La Voz" presumía de haber hecho campaña en las elecciones presidenciales que dieron la mayoría a John. Mas éste receló del intérprete de "My Way", sobre todo porque su hermano Robert le recordó la relación que aquel presumiblemente mantenía con jefes de la Cosa Nostra. Se ha elucubrado si luego hubo más encuentros de la pareja en la intimidad. Por John no habría habido problemas; Jacqueline estaba ya acostumbrada a los devaneos de su poderoso marido. Llegado el 19 de mayo de ese mismo año fatídico para la estrella, con motivo de una fiesta de cumpleaños del inquilino de la Casa Blanca celebrada en el multitudinario Madison Square Garden neoyorquino, Marilyn Monroe, con voz algo apagada pero sensual, vestida con un fascinante y ceñido modelo de lentejuelas, cantó su ya célebre "Happy birthay Mr. President", entre los enfebrecidos aplausos de la concurrencia demócrata y la amplia sonrisa del destinatario de aquella felicitación cantada.

Los últimos tiempos de Marilyn Monroe prosiguieron, al margen de su actividad cinematográfica, en manos de los médicos, psiquiatras y psicoanalistas, que no acabaron de curarla nunca. Ella era una rebelde paciente, atiborrada a todas horas de drogas, pastillas y alcohol. Había visitado ya clínicas de desintoxicación, sanatorios para curar sus principios de demencia. Hasta que llegó esa dramática madrugada del 4 de agosto de 1962. Fue enterrada en el cementerio Westwood Village Memorial de Los Ángeles. Lugar de peregrinación constante de admiradores y curiosos, turistas en general que se fotografían ante su tumba.

Cuando se estrene dentro de un mes Blonde, el mito de Marilyn Monroe volverá a crecer.

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