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La última noche de Elvis Presley, el ídolo roto que murió a los 42 años

Elvis sigue siendo adorado. Los últimos acontecimientos de su vida revelan, sin embargo, una personalidad desgraciada.

Elvis sigue siendo adorado. Los últimos acontecimientos de su vida revelan, sin embargo, una personalidad desgraciada.
Elvis Presley | Cordon Press

En la madrugada del 15 al 16 de agosto Elvis Presley no podía conciliar el sueño. No era una novedad en su ritmo habitual, sujeto al consumo de veinticinco pastillas diarias, desequilibrado, con depresiones a menudo. Solía recurrir a la lectura: su biblioteca contenía sobre todo volúmenes de ciencia-ficción, brujería, misterio, esoterismo, temas religiosos, como un volumen acerca de la Sábana Santa de Turín, que fue el libro que escogió en su duermevela de la que iba a ser la última noche de su vida. No quiso despertar a la última mujer que era su pareja y se encerró en el cuarto de baño, del que ya no salió con vida. Un infarto agudo acabó con la existencia de Elvis Aaron Presley, "el rey del rock and roll", ídolo de millones de jóvenes de todo el mundo, ya un juguete roto en esa etapa final, cuando hacía tres años que apenas salía de su mansión Graceland, en Memphis, estado de Tennesseee.

La figura de Elvis Presley siguió siendo adorada, entre quienes sostenían que no estaba muerto y se lo habían llevado unos extraterrestres. Semejante majadería circuló algún tiempo. Su infinidad de admiradores no aceptaban que se hubiera ido de este mundo, algo que sucede cuando, un grande de la música sobre todo, desaparece. Pero es que Elvis ha sido posiblemente el mayor de los ídolos juveniles. Un icono de la cultura del siglo XX lo han definido sociólogos, historiadores, críticos musicales. Cada 16 de agosto una caravana de gente acude a las puertas de Graceland para recordarlo. Desde su desaparición han sido varias las películas sobre él, así como telefilmes, no siempre de calidad. La última es Elvis, y ha sido estrenada en España el pasado mes de junio, incorporando el papel de Elvis el actor Austin Butler. En el pasado, David Keith lo hizo con Heartbreak Hotel, en 1988; Michael St. Gerard, en Gran bola de fuego, de 1989; Val Kilmer, en Amor a quemarropa, 1993; en 2005, Tyler Hilton, En la cuerda floja, y después, año 2016, Michael Shannon en Elvis & Nixon. Toda esa filmografía más con ánimo comercial que otra cosa. Y como fondo siempre la música de rock and roll de quien fue un pionero, eso sí tras el digamos inventor del ritmo, Bill Haley, sólo que éste no tuvo el vozarrón de Elvis, ni desde luego su apostura física.

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Elvis Presley en los años 70 interpretando 'In the ghetto'

Resulta algo chocante saber que cuando Elvis contaba once años en casa le regalaron una guitarra, pero él hubiese preferido una bicicleta. Es a partir de 1954 cuando se inicia su ascendente carrera hacia un éxito ya harto conocido, lo que nos exime de repetirlo aquí. Había nacido en Tupelo, pueblecito sureño del estado norteamericano de Mississippi, el 8 de enero de 1935. El padre era granjero. Su madre lo mimó hasta que ella murió, extremando el cariño quizás porque había dado a luz gemelos, pero sólo sobrevivió Elvis. Como la economía familiar era escasa, el jovencito fue camarero, estibador, dependiente de comercio, barbero, segador de césped, camionero y hasta boxeador aficionado. Cuando se decidió a ser cantante profesional, partiendo de una fusión de ritmos y géneros (jazz, country, R&B), tuvo como agente un falso coronel, como gustaba ser conocido, de nombre Tom Parker. En realidad, ése era su sobrenombre, porque se llamaba Andreas van Kuijk, natural de los Países Bajos, donde se inició en una "troupe" circense y con veinte años se radicó en los Estados Unidos.

En Memphis, entabló relación profesional con Elvis, que ya en aquel 1955 apuntaba maneras e iba erigiéndose como un revolucionario del rock and roll. El tal Parker lo convenció para ser su agente artístico. Y cumplió su palabra de convertirlo en un cantante famoso y millonario. Eso sí: a costa de exprimirlo al máximo, contratándolo año tras año en multitud de actuaciones, que acabarían haciendo de Elvis una especie de muñeco, que apenas disponía de tiempo para descansar. Ese falso coronel Parker lo interpreta magníficamente Tom Hanks en la película Elvis que nos ocupa, donde tiene un papel decisivo.

Este "James Dean de la canción", como también Elvis fue apodado en los periódicos y revistas de cine y música, cuando debutó en televisión fue censurado de cintura hacia abajo, considerando los directivos que sus movimientos eran escandalosos. Tampoco le dejaron salir con cazadora de cuero (la "chupa" aquí de los "chelis") y pantalones tejanos, y hubo de actuar con fraque y sombrero de copa, como si fuera sosias de Fred Astaire, lo que era absolutamente ridículo dado el estilo que empezaba a prender en la juventud americana. Por su forma de bailar y sus gestos, mientras cantaba frenéticamente, le adjudicaron otro mote: "Elvis the pelvis". Fue, sin duda alguna, el cantante que revolucionó a la juventud de mediados los años 50 en adelante. La crítica más ortodoxa y exigente consideró que hubo estrellas del rock, con menos fuerza y popularidad que él, pero con mucha calidad, acaso más que él en algunos: Jerry Lee Lewis, Chuck Berry, Fats Domino, Little Richard, Gene Vincent… Pero como "diría aquel": la gallina de los huevos de oro en el rock and roll la trajo Elvis.

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Elvis Presley | Archivo

Fue protagonista de varias películas: comedias de acción unas, otras rosas y siempre, claro está, trufada de canciones. No eran, en general, nada del otro mundo, por lo común adobadas de una cursilería romántica, pero fueron taquilleras y los críticos fueron benevolentes con el aprendiz de actor, quien al fin y al cabo sólo podía presumir de ídolo del rock. Amén de las incontables "fans" con las que se encamó, tuvo un amor importante con la actriz de uno de aquellos filmes, Ann Margret, cuando rodaron Viva Las Vegas. Se conoció otro romance con Rita Moreno, aquella morenita de West Side Story, quien al verse preterida por Marlon Brando decidió ponerle los cuernos con Elvis. Pero la mujer que deslumbró al divo se llamaba Priscilla Beaulieu. La conoció en Alemania, adonde el rockero fue destinado como soldado en una base norteamericana. Era hija de un piloto. Su madre volvió a casarse con un militar, y éste se comprometió a educarla. El encuentro entre Elvis y Priscilla sucedió en un club. Ella fingió no saber quién era él, y hasta confesó a una amiga que no le había gustado verlo en una revista firmando un autógrafo en los senos de una admiradora. Tenía sólo catorce años, así es que su padrastro, enterado de que salía con Elvis, le pidió prudencia hasta que cumpliera la mayoría de edad, porque el ídolo le llevaba diez años. Cuando él regresó a los Estados Unidos mantuvo correspondencia con Priscilla y frecuentes conferencias telefónicas. Hasta que ella, ya con dieciséis años, llegó a Memphis, reuniéndose con su enamorado. La boda tuvo lugar el 5 de abril de 1967, en Las Vegas. Él la llamaba, cariñosamente, Cilla. Tuvieron una hija, Lisa María.

No fue todo un camino de rosas para Priscilla aquel matrimonio, porque Elvis viajaba de continuo. No quería que ella saliera sola de casa. Y cuando estaban juntos, pasados unos años, discutían a menudo y él se tornaba violento. Ya no era el dulce galán que le pedía casarse cuanto antes. Convivir con un ídolo de la naturaleza de Elvis Presley era complicado. Y Priscilla acabó harta de sentirse sin personalidad, a merced siempre de los dictados de su marido. Así es que en 1973 se divorciaron.

Mas antes de firmar la disolución de su matrimonio, Priscilla le fue infiel: con su profesor de kárate, quien precisamente le recomendó el propio Elvis. Enterado de ser un cornudo, ni que decir tiene que montó en cólera, desquitándose cinco meses después con Linda Thompson, que había sido Miss Tenneessee. En el año en el que se produjo su ruptura total, Priscilla declaró lo siguiente: "Ya nuestra luna de miel fue un infierno. Mi marido estaba continuamente rodeado de admiradoras. Le encantaba la fama y el dinero. Tenía que viajar continuamente por sus contratos. Yo me convertí para él en un objeto". Apenas salían de casa cuando Elvis regresaba de sus giras constantes: por cierto, siempre en los Estados Unidos; jamás actuó fuera. Manifestaba él que si iban a un restaurante tendría que estar firmando autógrafos a cada momento, o esquivando los "flashes" de los fotógrafos. Una vez que fueron a una sala recreativa, decidió cerrarla, suponemos que tras pagar una cantidad suficiente a su propietario, con el fin de disfrutar la velada ellos dos solos como clientes. O sea que la vida de Priscilla estaba condenada a permanecer en un encierro. En una jaula de oro. Sólo la compañía de su hijita le compensaba un poco de aquella desdicha matrimonial.

Elvis no olvidó nunca a Priscilla. Y poco a poco, conforme avanzaba la década de los 70, la fama de Elvis Presley iba lentamente descendiendo. Su repertorio de los primeros tiempos no tenía mucho que ver con algunas bandas sonoras de sus películas acarameladas; aquellas piezas, entre las setecientas que grabó, que hoy sus más fieles seguidores nostálgicos continúan escuchando con fervor casi: "Love me tender", "Rhat´s all right" (Mama), "Just because", "Jailhouse rock", "Blue suede shoes", "King Creole" y muchas otras inolvidables. De su segunda etapa, digamos, desde luego que hubo otros temas de calidad, aunque en menor número: sirva este par de títulos como ejemplo: "In the guetto" y "Suspicious minds".

Pero aquel especie de rebelde sin causa de sus inicios rockeros se fue desinflando por causa de sus adicciones: la bebida, las drogas de distintas especialidades que le hacían olvidar su soledad, la falta de amor, aunque se desahogara con la primera que se prestara a irse con él "a la piltra". Tampoco con su hija tenía mucha afinidad, por mucho que la quisiera. El caso es que en su llamemos tercera y última etapa artística, Elvis era otro. Su feudo, cualquier Casino de Las Vegas, actuando ante turistas jubilados: nada que ver con los jóvenes de los años 50 y 60 que se desmelenaban con sus mejores rocks. Era una caricatura de sí mismo, obeso, fofo, como un globo hinchado, culpa de cuanto bebía y tomaba. Salía al escenario vestido como un perfecto hortera, con lentejuelas en sus horribles atavíos y zapatos de chulo de barrio. Ya no era "El rey del rock and roll" sino un ídolo roto. Y así acabó, enfermo, deprimido, con manías persecutorias, en su mansión de Graceland Highway 51 South, en Memphis. Su entonces mánager personal, Joe Expósito, lo encontró en el cuarto de baño tendido boca abajo sobre una alfombra roja, vestido con su pijama favorito, azul y amarillo. No reaccionó a los gritos y zarandeos, siendo llevado al Hospital Baptista donde, a poco de entrar, certificaron su muerte. Fue enterrado en el cementerio de Forest Hill junto a su madre. Se dijo que hubo intentos de secuestrar su cadáver. Dos meses más tarde sus restos, también los de quien lo trajo al mundo, quedaron para siempre en el llamado Jardín de Meditación de Graceland. Es decir, en su lujosa mansión.

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Priscilla y Lisa Marie Presley | Archivo

Priscilla fue designada su heredera, aunque ya la viuda no era sino su ex esposa. Con una fortuna que debía administrar hasta que Lisa María, su hija, alcanzara la mayoría de edad. Fechado en 1985 apareció el libro "Elvis y yo", firmado por Priscilla, donde contaba toda clase de interioridades de su matrimonio, no dejando precisamente a Elvis como un buen marido. Un año antes, ella se había liado con un tal Marco Garibaldi, con quien convivió hasta 2006. Tuvieron un hijo, Navarone, hoy cantante y guitarrista del grupo Them Guns. Y entre algún que otro idilio de Priscilla Presley (pues así era llamada por los periodistas durante mucho tiempo, aprovechándose económicamente en el nuevo siglo con un espectáculo sobre Elvis a base de vídeos que pudo verse en España) se le adjudica otro con nuestro Julio Iglesias. Así lo testimonió su mánager, el recordado Alfredo Fraile que murió a causa del Covid: "No me cabe duda de que entre Julio y Priscilla hubo una intensa relación amorosa, pero también existió un claro interés publicitario. Poco después ella sacaría a la venta un perfume que se llamaba "Moments", como la canción de Julio. A Priscilla le encantaba estar con él, le hacía gracia aquella relación, la devolvía a su época de joven enamorada de Elvis". Priscilla acompañó a Julio a algunas actuaciones de sus giras.

La hija de Elvis y Priscilla tuvo el infortunio de perder uno de sus hijos, Benjamin Keough, que se suicidó. En algunos comentarios necrológicos se dijo que la maldición de Elvis se había cebado con Lisa María. Una hija de ésta, la actriz Riley Keough, comentó recientemente tras ver la película DE "El Rey", que su madre había colaborado con el guionista en algunos detalles. Para el director de ese filme, Baz Luhrmann se trata "de una especie de ópera cultural en tres actos y no es el típico bio-pic". Lo que no se discute, guste o no esa cinta, es que Elvis Presley, muerto hace cuarenta y cinco años, no está olvidado.

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