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La desconocida vida de Bernardo Pantoja: enfrentado a su familia, un hijo secreto y detenido dos veces

El hermano de Isabel Pantoja, Bernardo acaba de fallecer en Sevilla a los sesenta y nueve años.

El hermano de Isabel Pantoja, Bernardo acaba de fallecer en Sevilla a los sesenta y nueve años.
Bernardo Pantoja, Anabel Pantoja y Merchi. | Instagram

El hermano primogénito de Isabel Pantoja, Bernardo, que acaba de fallecer en Sevilla a los sesenta y nueve años, víctima de la diabetes que padecía hace tiempo, nos ha llevado a indagar sobre su vida, desconocida en general, aunque en su entorno estaban al tanto de algunas de sus supuestas fechorías, quer incluso tuvieron alguna trascendencia en las páginas de sucesos de la prensa de la capital andaluza. A Bernardo Pantoja Martín no se le atribuía profesión alguna desconociéndose de qué medios se valía para subsistir. Se había separado de su primera esposa, tuvo un hijo extra matrimonial y en la actualidad, desde 2018, convivía con la que luego se casó en secreto, la bailaora y diseñadora japonesa Junco.

Al hogar del cantaor Juan Pantoja y la bailaora Ana Martín en el humilde barrio sevillano del Tardón llegó en 1953 su primer hijo, Bernardo. Aquel matrimonio tendría después tres descendientes más: Isabel, Juan y Agustín. La familia pasó muchas dificultades económicas. La muerte del progenitor, un gitano flamenco muy querido, acabó por abondar mucho más aquellos problemas de supervivencia. La madre del clan, tuvo entonces que ponerse a vender verduras en un puesto del mercado de Triana, recordando que su padre, El Lechuga, se ganaba así la vida. Y cuando Maribel, como llamaban en casa a la futura estrella de la copla, comenzó a destacar, ya viviendo en Madrid a comienzos de la década de los 70, pudo ayudar a los suyos. Alquilaron una modesta vivienda, que compartieron madre e hija, aquella como "carabina", aconsejándola para que no se confiara con los hombres y eligiera bien: y así llegó a casarse con "Paquirri" al que ambas "le habían echado el ojo". Sentimientos aparte, que no podemos en duda, acertaron: era un buen partido.

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Bernardo con su hija Anabel

Juan, el hermano, pasó a ser guitarrista y asistente de Isabel, hasta que un día tarifaron y ella lo echó de su vera sin contemplaciones. Doña Ana estaría de acuerdo. Agustín aún era jovencito: guapo y con bonita voz, quiso emular a su hermana y gracias a ella grabó algunos discos, hizo giras incluso por Hispanoamérica, donde el mexicano Juan Gabriel "le tiró los tejos" nada más verlo, aunque al final no debió verlo claro, ni esto último ni lo de seguir intentando ser figura y acabó por ser el acompañante de Isabel en sus desplazamientos profesionales, atendiendo sus contratos, siempre pendiente de aquello que ella necesitara. Difícil cometido a veces, dado el genio de la diva, que el benjamín de los Pantoja realizó muy competente, enfrentándose muchas veces a los "paparazzi", que siempre lo consideraron muy antipático. Pero ¿y el otro hermano, el primogénito, Bernardo, el que acaba de morir? Pues de él, se sabía muy poco, casi nada, no solía aparecer en la prensa rosa. ¿A qué dedicaba su tiempo?

Un misterio. Yo lo conocí porque hubo un tiempo que iba con Isabel. ¿En calidad de qué? No tenía un papel asignado. Nada más verme una tarde cuando presentaban en un hotel madrileño un disco de Isabel, vino en seguida hacia mí, muy cariñoso. Esquivé el ósculo que pretendía darme. Pero, no piensen mal. Porque Bernardo tenía sus amistades femeninas. Y acabó casándose en 1986 con una funcionaria sevillana, Mercedes Bernal, a quien llamaba Merchi en la intimidad. De ese matrimonio nacería Anabel, a quien hoy leo estupefacto que la consideran "influencer". Ignoro las razones. Será porque hace varias temporadas que se asoma a las tertulias "del corazón", en Telecinco, donde se ganaba la vida por filtrar algunas confidencias sobre su tía Isabel; que se lo consentía, claro. Anabel Pantoja adquirió después la atención de los sabuesos de la prensa del corazón cuando celebró aquella boda "de quita y pon" en la isla Graciosa, en las Canarias, con Omar Sánchez, que duró lo que un pastel a las puertas de una escuela. Enlace en la intimidad, previo paso por caja de una revista, que duró un suspiro, con la consiguiente secuela para dar explicaciones a los medios. Bernardo, su padre, no quiso saber nada del bodorrio. En realidad, se llevaba "a matar" con Anabel. Tampoco hizo su presencia Isabel Pantoja, que no quiso involucrarse en el evento, "oliéndose la tostada".

A todo ello, Bernardo y Merchi se habían tirado los trastos a la cabeza, después de seis años (hay quien dice que fueron diez) los que vivieron bajo el mismo techo. Según parece, a Bernardo le iba ponerle los cuernos a su mujer. Y Merchi, "le dio puerta" al enterarse que, no sólo la engañaba, sino que era padre de un hijo extramatrimonial, de madre cuya identidad se desconocce, de un varón llamado Luis, al que apodan "Pinocho". Bernardo, tras muchos años distanciado de su ex, hizo las paces. Y Merchi, reclamada más de una vez por los responsables de programas rosas, nunca quiso "entrar al trapo" para contar esas miserias de su pareja, por mucho "parné" que le ofrecían. Por otra parte, ese chico, hoy veinteañero, ignoró a su padre, hasta que Bernardo le dio un abrazo para pedirle perdón por no haberse ocupado nunca de él. Así es que, por ambos lados, Bernardo Pantoja Martín ya tenía la conciencia tranquila.

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¡Ah! Pero ¿qué pasaba con sus hermanos? No se hablaba con ninguno de los tres. Nunca explicaron las razones. A todo esto, para mitigar su soledad y sus ardores, entre otros ligues de poca monta dio en enrollarse con una mujer de carácter, algo leona, que dio mucho que hablar en los ruedos y en la defensa ante los jueces para que dejara de prohibirse a la mujer en los ruedos. Y lo consiguió, se hizo novillera y luego apoderada. Se llamaba María de los Ángeles Gómez, y en los carteles, Ángela. Era muy amiga de El Cordobés" padre. Y con Bernardo tuvo su "roneo", aunque la cosa no llegó por lo visto a más. Luego, Bernardo Pantoja conoció a una bailaora japonesa, Junco. Se enamoraron hasta las cachas, y miren que Bernardo lo era físicamente. Unos dicen que la boda fue en 2018, otros que un año más tarde. Pero desde entonces vivieron estrechamente unidos. Ella ganaba dinero en los tablaos, tenía ahorros, los abandonó para dedicarse a diseñar trajes de flamenca, que exportaba a Japón, su país. Por ese lado, Bernardo estaba cubierto. Una mañana lo encontré en una agencia de modelos, entreabrió una puerta, me vio, y la cerró en seguida, ignorádome, muy ladino. Debió temer algo.

Podía tener sus razones. Las de su pasado inmediato. Y es que en 1991 fue detenido por un supuesto robo de documentos bancarios, acusado de estafa, lo que le supuso ser encarcelado. En 1996 lo detuvieron al considerarlo agresor sexual de una adolescente de catorce años en una calle sevillana. Y esa nueva presencia ante la policía y el juez, presuntamente, le supuso otro desagradable contratiempo ( ¡el hermano de la famosa Isabel Pantoja!); no acabó ahí su presencia en las páginas de sucesos de la prensa sevillana, dado que en 2006 le dieron un par de puñaladas a la salida de un "pub" de la capital de la Giralda. Sentimos desconocer de quién fue la culpa, pero seguro que él salió malparado en todos los sentidos.

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Bernardo y Junco

Y el caso es que era simpático, agradable. La salud le fue amargando ese carácter. En 2018 le amputaron un pie. No hemos podido confirmar si luego también una pierna, aunque consultando Abc en su edición sevillana, se asegura que esto último sí aconteció. La realidad en todo caso es que ya Bernardo Pantoja dependía más que nunca de Junco, su mujer, que no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Pero Isabel Pantoja nada quería saber de su cuñada. Ni tampoco Agustín. No habían ido a la boda de Bernardo con la japonesa. Tendrían sus razones para esa inquina.

Cuando doña Ana Martín, la madre, estaba muy enferma, Bernardo quiso ir a visitarla a "Cantora". Pero ni Isabel ni Agustín le franquearon la puerta. Y esa tirantez se ha mantenido hasta hace pocas semanas, cuando los médicos que trataban a Bernardo en un hospital de Sevilla le daban poco tiempo de vida. Entonces fue cuando Isabel fue a abrazar al enfermo. Se dice (no sabemos si cierto o no) que pese a no hablarse, ella atendió más de una factura de las asistencias médicas a su hermano. Agustín, renuente a verlo, acabó por bajarse del burro y acudir a darle su último adiós. Lo mismo haría su sobrino Kiko, que ha dicho que quería mucho al "tito". Y Anabel, distanciada de su padre, aduciendo entre otras cosas que vivía en Canarias tiempo atrás, al enterarse de su estado, dejó su compromiso en el televisivo programa Mediafest Nigh Fever, se despidió llena de dolor de su novio, Yulen Pereira (con quien hizo tan buenas migas en Supervivientes), que la consoló como pudo, para despedirse en el hospital del autor de sus días. A Bernardo Pantoja Martín lo llevaron a Alcalá de Guadaíra para ser enterrado.

Se da la circunstancia que, dos días antes del fallecimiento de su hermano, Isabel Pantoja tuvo que acudir a un hospital por una dolencia de espaldas que padece desde tiempo atrás. Ha pasado por un año complicado: el ictus de su hijo, los problemas familiares y económicos, la incertidumbre de si al final la autorizarán a concederle el pasaporte para viajar a los Estados Unidos y cumplir con sus contratos pendientes... Todo un culebrón que no acaba nunca en este clan de los Pantoja.

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