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Jane Fonda, del "me queda ya poca vida" a una prometedora recuperación

Jane Fonda, musa del ejercicio, sigue apostando por mantener esta costumbre pese a su enfermedad.

Jane Fonda, musa del ejercicio, sigue apostando por mantener esta costumbre pese a su enfermedad.
Jane Fonda | Archivo

Quedan ya en activo pocas leyendas del cine mundial, una de ellas la norteamericana Jane Fonda, que cumple el 25 de diciembre ochenta y cinco años. En el último verano le diagnosticaron, como enferma de cáncer, un linfoma no Hodgking, del que está tratándose con unas duras sesiones de quimioterapia. Los médicos que la atienden le han notificado que, un ochenta por ciento de casos como el suyo, pueden curarse. Valiente, resiste el tratamiento. Fue en septiembre pasado cuando se supo esa dolencia: lo anunció ella misma a través de una entrevista en el programa Entertainment Tonight, de gran audiencia en un canal televisivo de los Estados Unidos. Desde entonces, su día a día ha cambiado, como puede suponerse, entre continuas visitas a un hospital, cansancio habitual, viajes de vez en cuando… En uno de ellos, en octubre, asistió como ponente a un Congreso de Mujeres, en Pensilvania, involucrada como siempre en causas sociales. Por otra parte, la familia es para ella su mejor asidero. El amor, ya quedó atrás con sus matrimonios fallidos y otras relaciones que sólo le aportaron estabilidad durante no muy largos periodos.

"He tenido una gran vida. No tengo miedo a morir", pronunció en la mentada entrevista. Su sincera confesión, impresionó a los telespectadores de ese espacio.

Protagonista de películas importantes, entre las que recordamos Klute y El regreso, que le reportaron dos Óscar por su interpretación; En el estanque dorado, rodada junto a su padre, el gran Henry Fonda, y Katherine Hepburn; La jauría humana, Barbarella… Una mujer de extraordinaria vitalidad, culta, escritora, editora de libros y siempre observando una diaria preocupación física, practicando ejercicios allá donde se encuentre cuando se desplaza fuera de su residencia habitual. Se dedicó a difundir el aerobic, con un libro donde comentaba imágenes de ella misma mientras iba realizando diferentes pruebas, que tuvo amplia difusión en múltiples países.

Desde luego, también al margen del cine y el deporte, Jane Fonda ha sido constante protagonista de actividades políticas, participando en programas audiovisuales o liderando marchas en pro de los derechos civiles, de población marginada o en defensa del medio ambiente, porque el cambio climático continúa siendo para ella asunto de suma importancia. Al mantenerse siempre en primera fila cuando las fuerzas policiales no han tenido más remedio que intervenir para frenar avalanchas ciudadanas, ha recibido más de un golpe, amén de tres detenciones, la última el 11 de octubre de 2019; arrestos que ella ha soportado con civismo. Su familia, ya estaba acostumbrada a esas situaciones, que la llevaron a estar privada unas horas de libertad y prestar declaración ante los jueces.

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Jane Fonda | Archivo

De sus relaciones íntimas, citaremos las esenciales. En 1965, encontrándose en Francia para rodar un filme de ciencia-ficción, Barbarella, se enamoró del director Roger Vadim, mujeriego impenitente del que se recuerda su matrimonio con Brigitte Bardot, propiciándole la celebridad internacional. También se casó aquel año con Jane, tuvieron una hija, Vanessa, separándose en 1973. De regreso a Estados Unidos, en esas fechas de su divorcio contrajo un segundo matrimonio, esta vez con un político, Tom Hayden, al que le unían sus mismas preocupaciones sociales. Fue el más largo y acaso también feliz periodo sentimental para ella, cuando fue nuevamente madre de un varón, Troy Garity. Un poco antes de reincidir en otro divorcio en 1990, mantenía relaciones con un tal Lorenzo Cazzialanga, como ella misma me confirmó durante la entrevista que sostuve con la actriz, a la que me referiré en seguida. Ese amante circunstancial daría paso al productor y magnate de televisión Ted Turner, con el que cerró su ciclo de maridos entre 91 y 2001. La profesión de este último facilitó que Jane Fonda intensificara sus apariciones tanto en cine como sobre todo en la pequeña pantalla. Y ya en su madurez culminaría su biografía sentimental al lado de Richard Perry, en el periodo comprendido entre 2009 y 2017. En su hogar, junto a sus dos hijos citados, tuvo también a una niña adoptada, Maryv Williams.

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Jane Fonda y el periodista Manuel Román | Archivo

Fue una mañana del otoño de 1989 cuando tuve la satisfacción de mantener una entrevista exclusiva con la estrella, durante un poco más de media hora, que se me hizo cortísima. De mediana estatura, vistiendo elegantemente ropa deportiva de cuero, con sus cabellos rubios algo oscuros, sostuve una conversación, que versó acerca del motivo que la trajo a Madrid (la promoción de su entonces última película, Gringo viejo, sobre una novela de Carlos Fuentes, que ella coprotagonizó junto a Gregory Peck, y también produjo); también acerca de su constante actividad política y algún que otro asunto. Entre otras respuestas suyas recojo éstas, una de ellas acerca de si no la habían vetado alguna vez los magnates de Hollywood por significarse tanto en sus reivindicaciones político-sociales: "Usted recordará, sin duda, que en los años 50, en la época del senador McCarthy, se estableció la llamada "caza de brujas" y los artistas que tomaron parte en ciertos intereses norteamericanos vieron perjudicadas muy seriamente sus carreras. Eso ha dejado de existir. Al principio de los 70 cierta derecha que gobernaba mi país quiso boicotear mis películas, pero no tuvieron éxito en esas campañas".

Me contó que estaba en contacto con la productora de Pedro Almodóvar para producir una versión de Mujeres al borde de un ataque de nervios, adaptando el argumento a la mentalidad norteamericana; proyecto que no llegaría a buen puerto. Y entre otras confesiones, coincidió con lo que yo le insinué: que con las ganancias de sus negocios sobre el aerobic, pudo financiar algunas de sus películas. Me resultó una mujer muy interesante desde todos los ángulos que se quieran. Encantadora. De semblante serio, que alteraba durante la conversación con algunas sonrisas, exhibiendo su dentadura. Su rostro, inequívocamente, nos recordaba a su progenitor: "Hablaba muy poco, incluso conmigo", me contó antes de despedirnos.

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Con el magnate Ted Turner | Archivo

Serena, elegante, realista, Jane Fonda declara estos días que "La mejor terapia consiste en moverse, en hacer ejercicio diariamente". También teniendo la mente despierta. Y realizando actividades, en su caso la de intervenir en series de televisión, como la duradera en temporadas Grace & Frankie, para la multinacional Netflix, o dos películas que van a estrenarse este próximo año: Book Club 2: The Next Chapter, junto a Diane Keaton, Candice Bergen y Andy García, más la titulada 80 for Brady, en reparto compartido con Lily Tomlin, Rita Moreno y Sally Field.

Presume de canas en su caballera. Y no se deja vencer ni por los ochenta y cinco años que cumple, ni por su enfermedad, que no la aterra ni preocupa al menos como ella misma confiesa. Ahora acaba de anunciar que el cáncer se encuentra en remisión. Un ejemplo más de la fortaleza de una mujer que es toda una leyenda, en el cine y en la vida.

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