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Constantino de Grecia: su duro y largo exilio y una vida triste hasta volver a su país

Constantino de Grecia ha vivido una larga vida. Exilio, desencanto y problemas de salud han caracterizado su reinado.

Constantino de Grecia ha vivido una larga vida. Exilio, desencanto y problemas de salud han caracterizado su reinado.
Constantino de Grecia, su hermana sofía y su cuñado Juan Carlos. | Gtres

La vida para Constantino de Grecia, el último rey de los helenos, fue durísima desde que fue depuesto de su regio cargo el 29 de junio de 1973, tras "el golpe de Estado de los coroneles" como se denominó la causa de la caída de la Monarquía. Diversas vicisitudes que harían largo este escrito sucedieron a una crisis a la que el monarca con buena voluntad pero escasa visión hubo de hacer frente. Instalado el gobierno de Georgios Papadópoulos al frente de la nación griega, la Familia Real hubo de abandonar su país con la mayor premura si quería salvaguardar sus vidas. Su primera escala para vivir su primera noche de exilio fue Roma. Tuvieron que alojarse todos sus miembros y una mínima parte de sus más fieles servidores de momento en un hotel de la capital italiana. Viajaban "con lo puesto", como suele decirse en un inesperado desplazamiento como aquel. Tanto es así que cuando nuestro rey don Juan Carlos estableció comunicación telefónica con su cuñado éste le pidió que le enviara algunos trajes para estar de la manera más digna posible. Imaginamos que los demás familiares, su madre, su esposa, los hijos, encontraron la fórmula más rápida y adecuada para conseguir también un vestuario de urgencia. No parecía sensato en tales circunstancias pasearse al día siguiente por las tiendas más lujosas de Roma, de compras como si fueran unos turistas millonarios despreocupados.

Tardaron en ir acostumbrándose a residir en un país como Italia, cercano al suyo, Grecia, en la creencia de que les iba a costar mucho tiempo regresar. La madre de Constantino, Federica, mujer de fuerte carácter, recriminó a su hijo no haber estado a la altura requerida para imponerse a aquellos levantiscos suboficiales, ni a conseguir un pacto con los republicanos para no perder el trono, como así ocurrió, y ofrecerles una solución que no pasara por la caída monárquica. Sofía, su hija, hermana de Constantino, esposa consorte del Rey de España, trataba de decirles desde el palacio de la Zarzuela, que contaran con su apoyo y el de Juanito (que es como en familia llamaban a don Juan Carlos). En cuanto a la otra hermana, Irene, que vivía entre la India, entregada a sus rezos y lecturas, y Madrid, al lado de Sofía, pendiente de sus fundaciones benéficas, no se hacía notar públicamente acerca del drama de los suyos.

Constantino de Grecia estaba casado con Ana María de Dinamarca, quien muy jovencita, apenas con dieciocho años, cambió de estado civil a pesar de que sus padres recelaban de aquella boda. No porque estuvieran en contra del novio, sino por la extrema juventud de la novia, inexperta todavía, creían, para ese paso definitivo. Los contrayentes, que eran primos, se conocieron cuando Ana María contaba sólo trece años, durante una visita de la Familia Real griega a Dinamarca. La boda tuvo lugar el 18 de septiembre de 1964 en la catedral de Atenas. Cuatro días de fiesta transcurrieron por tal evento nupcial, al que acudieron invitados representantes de todas las monarquías europeas, también representantes políticos, personajes como los armadores Niarchos y Onassis. Entre aquellos regios asistentes se contaban Gustavo Adolfo de Suecia, Carlos de Inglaterra, Harald de Noruega, Juan Carlos y Sofía… Tras las ceremonias que se sucedieron con el enlace, Ana María de Dinamarca se convertía en Reina consorte de Grecia. En marzo de ese mismo año había muerto el Rey Pablo y Constantino, su único hijo varón, pasaba a ocupar el trono de los helenos, el de una de las monarquías más viejas de Europa.

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Con Ana María de Grecia | Archivo

Los recién casados ocuparon el palacio de Tatoi. Allí nacieron sus dos primeros hijos, Alexia y Pablo, éste sería el príncipe heredero. La figura de Constantino era para sus compatriotas un rey moderno, muy deportista, que con su equipo de vela se había traído hasta Atenas la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Roma, el año 1960. Era asimismo cinturón negro de kárate. De carácter bondadoso, nacido el 2 de junio de 1940, fue proclamado monarca cuando se le consideraba aún bisoño para la alta carga que se echaba sobre sus hombros. Un rey, por otra parte, que quiso entrometerse a veces en política más de la cuenta, y no con acierto. Se insistía en que durante su corto reinado, de apenas seis meses, estuvo bajo una especie de tutela de la Reina madre, Federica, quien le influía a la hora de tomar decisiones.

Cuando los tanques rodearon la residencia de los reyes, el palacio de Tatoi, ya era tarde para que Constantino II pusiera orden en el soliviantado país, con miles de griegos descontentos del rumbo que había tomado el gobierno heleno. Ya en su exilio romano, el rey depuesto le daba vueltas a su cabeza sobre cuál sería su futuro, no precisamente el de estar viviendo en un hotel ni tampoco en una casa alquilada, por muy aceptable que fuera, en la histórica Vía Apia, donde residió por espacio de seis años. De acuerdo con su madre y su esposa dejaron Roma; allí había nacido su tercer retoño, Nicolás, y se fueron a Londres, donde ya residieron hasta el año 2013, en una confortable mansión. Dos hijos más nacidos en la capital británica aumentaron su prole: Teodora y Felipe.

Constantino tuvo que plantearse su "modus vivendi". Y buscó la forma de ganar dinero, de modo discreto. Con la ayuda de algunos compatriotas empresarios y creemos que también, en la distancia, la de su cuñado, Juan Carlos de Borbón emprendió varios negocios. También Constantino pidió algún otro favor al Rey de España. ¿Recuerdan aquella entrevista en los jardines de la Zarzuela, que le hizo a don Juan Carlos una atractiva periodista inglesa, rubia, sentada en una potente moto? Pues fue una petición de Constantino, muy amigo de aquella colega nuestra que exhibía una llamativa minifalda y un desparpajo inusual en cualquier informadora ante un rey.

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Con el rey Juan Carlos | Archivo

Constantino frecuentaba el hotel Savoy londinense, donde le sorprendí una mañana en la que yo iba a entrevistar a Carmen Cervera y a su entonces novio, el barón alemán, Heinri Thyssen. No muy alto, vestía un discreto pero elegante terno, peinaba sus cabellos con una raya lateral. Aquel hotel le servía para sus encuentros de negocios. Lo que le supuso llevar las riendas de su hogar con tranquilidad respecto a su solvencia económica era también saberse cercano a la reina Isabel II, con quien le unía un parentesco de segundo o tercer grado. Su trato con el príncipe Carlos fue siempre afectuoso. Además, había sido padrino del príncipe Guillermo. Junto a Ana María, su esposa, iban a menudo a Buckingham Palace y a otras fiestas relacionadas con la nobleza británica. De ese modo, su situación de rey exiliado le resultaba menos penosa, más soportable. Pero desde luego sentía añoranza todos los días de su país. Le acercaba en sus pensamientos los encuentros que mantenía con algunos compatriotas. Y la lectura diaria de periódicos griegos

Si no nos equivocamos, la primera vez que con parte de su familia regresó a Grecia fue en 1981. Repentinamente había muerto en el palacio de la Zarzuela su madre, la Reina Federica, a consecuencia de una operación en principio de poca importancia, de carácter estético: sus párpados que le producían molestias. Falleció víctima de un ataque cardíaco. Los Reyes se encontraban de viaje en Baqueira-Beret. Seis días permaneció el cadáver en una habitación de La Zarzuela a la espera de que autorizaran las autoridades griegas que fuera enterrada en Tatoi, el palacio griego donde tantos años habitó la Familia Real. Probablemente por gestión de don Juan Carlos al fin pudieron desplazarse hasta Atenas, pero con una condición: su estancia sólo podría durar desde las doce de la mañana hasta las cinco de la tarde del mismo día, "hasta la puesta del sol", rezaba la orden. Cumplieron lo acordado.

En 1992 Constantino tuvo otro acuerdo con los responsables del gobierno griego de Constantinos Mitsotakis: a cambio de no pagar los impuestos que debía a la Hacienda griega podría recuperar el palacio de Tatoi y algunos tesoros de otros palacios reales. Más larga fue la estancia de los reyes exiliados y sus hijos al año siguiente. Para los griegos, Constantino era un simple ciudadano. En 1994 nacionalizaron otras posesiones de la Familia Real. Le denegaron a él un pasaporte griego y tuvo que viajar con otro que poseía de Dinamarca, el país de su esposa. Percibió tras múltiples gestiones cuatro millones de euros del gobierno, aunque había pedido quinientos como indemnización. Pudo por fin ser reconocido como Constantino de Grecia, comprometiéndose a reconocer a la República griega y a no utilizar nunca más el título de rey de los helenos. Ya en el año 2000 pudo recuperar otras posesiones, compró unas tierras al sur de Atenas cerca de la costa y mandó construir una residencia en Porto Heli, (le costó cinco millones de euros) que ha sido desde 2013 el definitivo hogar de Constantino, Ana María y alguno de sus hijos que no estuviera ya independizado.

La salud de Constantino II de Grecia comenzó a resentirse en 2009 al ser operado del corazón: le implantaron una válvula aórtica. En 2016 sufrió una embolia pulmonar. Sus piernas comenzaron a no obedecerle y hubo de dotarlo de una silla de ruedas. Ello le supuso alejarse de las recepciones a las que el matrimonio era invitado. También la pandemia le obligó a quedarse en casa. Su hermana Sofia, que a menudo tiempo atrás lo visitaba dos o tres veces al mes en Londres, fue luego espaciando sus visitas en Grecia, para no crear problemas con el gobierno. Hacía un año que no se veían, hasta reencontrarse con ocasión de la boda de su hijo Felipe con la millonaria suiza Nina Flohr. Respecto a Juan Carlos, su cuñado, Constantino comenzó a distanciarse de él hacía varios años, desde que pudo comprobar la deteriorada relación en su matrimonio, acentuándose ese malestar al conocer los detalles de sus encuentros con Bárbara Rey y después con la desvergonzada Corinna. Constantino y Juan Carlos eran,aparte del lazo familiar, muy amigos, casi hermanos, se intercambiaban favores. Y en verano era frecuente ver a Constantino, Ana María y algunos de sus hijos disfrutando de unas vacaciones en el palacio mallorquín de Marivent. Todo eso quedó para el olvido.

Los últimos meses del año 2021 fueron letales para Constantino. Se agudizaron sus problemas al sufrir una isquemia, infarto cerebral. Y aunque pudo poco a poco recobrando parte de su deteriorada salud, ahora en este comienzo de 2023 le ha llegado su final. La Reina doña Sofía pudo despedirse de él recientemente. Su tristeza se había algo aminorado en los últimos tiempos, al estar ya viviendo en suelo griego. Mas nunca del todo pudo olvidar cuantas desgracias hubo de soportar en la lejanía de Atenas, en buena parte por su impericia como monarca.

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