Menú

La teoría más extraña de la huida de Juan Ortega: la misteriosa amenaza que podría haberlo provocado

El caso Juan Ortega se complica con nuevos datos.

El caso Juan Ortega se complica con nuevos datos.
Juan Ortega | Instagram

Colea el que llamaremos "caso de Juan Ortega", el matador de toros sevillano que un par de horas antes de celebrar su anunciada boda con una cardióloga, Carmen Otte Alba, con quien llevaba diez años de convivencia, suspendió la ceremonia, dando "la espantá" como en términos taurinos se relacionaba hace casi un siglo con Rafael Gómez "El Gallo", cuando se inhibía en la plaza, muerto de miedo.

He recopilado cuanto por ahora se sabe; ingredientes de lo que podría llamarse un vodevil teatral bufo. Y entre todas las conjeturas difundidas, toma ahora supuestamente relevancia la posibilidad de que un de momento desconocido personaje del mundo taurino amenazara a Juan Ortega con presentarse en la iglesia de Jerez donde iba a celebrarse el enlace y públicamente dar a conocer un asunto del pasado del novio. Si ello hubiera sucedido así, podría explicarse por qué Juan Ortega "salió de naja" en coche rumbo a Sevilla, a refugiarse en la vivienda donde residía con su novia, y dejar a los cuatrocientos invitados a la puerta del templo sin saber qué hacer, intrigados ante la inesperada suspensión de la boda y preguntándose ese colectivo así: "Y ahora ¿qué hacemos? ¿Dónde vamos con estas pintas a las seis de la tarde, vestidos de gala?

Entre los invitados, se ha sabido que se encontraban Curro Romero, Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey, famosos diestros, y también el periodista y tertuliano de El Hormiguero Juan del Val. Resulta que éste es muy amigo de Juan Ortega, lo sigue a las corridas que puede, al punto que, entusiasmado tras el triunfo del torero en la última feria septembrina de Jaén, lo sacó a hombros, como si fuera un "capitalista", que es como antiguamente llamaban a los que portaban a diestros triunfadores por la puerta grande. De lo que nos hemos enterados es que el muy desenvuelto ante las cámaras Juan fue en tiempos crítico taurino. ¿Percibiría una propina de su ídolo, como es preceptivo en esos casos, ya en el hotel, por llevarlo a cuestas, lo que debió pesarle lo suyo, digamos que setenta kilos encima?

Hay un aparte: el papel del cura amigo de Juan Ortega, que le aconsejó, según se ha divulgado, que no se casara, por cuantas dudas le hizo saber el novio. Este sacerdote, del que no se contaba su identidad, se llama Josep María Quintana que, como se desprende, es catalán, muy relacionado con redes y círculos sociales, al punto que aconsejó a Tamara, la vivaz marquesa de Griñón cuando le planteó sus cuitas con el entonces su prometido Íñigo Onieva, que la llevó a romper por unas semanas el compromiso de boda tras aquellas imágenes tonteando con una joven. Puede que este mosén la ayudara a aclarar sus ideas, felices luego tras la espectacular boda de los mentados.

Seguimos con el relato. El convite, por todo lo alto, fue contratado por el propio novio en las bodegas González Byass, de Jerez. Dado que ningún invitado hizo acto de presencia en sus salones (¡eso hubiera estado gracioso!) las exquisitas viandas a punto de servirse, para que no se desperdiciaran, fueron a parar todas, o en gran parte, a un grupo gaditano que en las mismas bodegas, solo que en otro compartimento, celebraban las próximas Navidades con la tradicional "zambombá", reunión de amigos que las festejan en sus vísperas entre villancicos y sones de panderetas. Y zambombas, claro. Muy felices en esta ocasión por ponerse morados con los platos que les fueron sirviendo "de gañote", sin saber a qué venía semejante invitación. Una "jartá" de comida, al decir andaluz. Da gusto ponerse como "el Quico" si es de gorra y no aparece ni por asomo un camarero con la siempre desagradable, inoportuna factura.

Sépase que ese "lunch" nupcial estaba convenido entre la empresa hostelera y el novio torero en ¡ochenta mil euros! Que tendrá que abonar Juan Ortega. ¿Cuántas corridas le supondrán lidiar para hacer frente a semejante gasto? Más de una, seguro.

Dejemos de lado al que iba ser el suegro de Juan Ortega, quien según éste no hacía nada más que azuzarle para que tras diez años viviendo con su hija se casara de una vez por todas. ¡Diez años, sin dar ese paso! Y eso que los íntimos del novio cuentan que es un hombre respetable, piadoso, que ha llevado siempre una vida recta sin ningún lío con mujer alguna. Carmen Otte, ha sido siempre su fiel compañera. Dos años ella menor, con treinta y uno.

Juan Ortega Pardo desciende de una familia de ganaderos, y nada extraña que ya de chico quisiera ser torero. Con nueve años se puso ante una becerra en una tienta celebrada en la finca de Román Sorando, prestigioso ganadero, que lo ayudó mucho en sus comienzos. Ya más adelante, Enrique Ponce lo tuvo como ahijado, proporcionándole atinados consejos y ánimos. De ahí que fuera el padrino de su alternativa, con José María Manzanares (hijo) de testigo el 28 de septiembre en la plaza de Pozoblanco.

Importa resaltar que Juan Ortega hizo lo posible por practicar su afición taurina en tanto estudiaba la carrera de Ingeniero Agrónomo, cursada sin problemas de tipo económico, pues su familia es acomodada. El padre, funcionario, tuvo que trasladarse a vivir fuera de Andalucía, destinado a Guadalajara. En Checa, pueblo alcarreño, ha pasado muchos veranos Juan Ortega y por ello cuando torea lo siguen aficionados de esa región. También tiene buen cartel en Córdoba porque allí ha transcurrido su vida taurina varias temporadas. Aunque es Sevilla su plaza fetiche. Cuando pisó por vez primera el ruedo de la Maestranza, se dijo: "Esto es como estar en un templo". No olvida que en dos festejos tocó la muy estricta banda de música mientras toreaba de capote. En ese tercio, Juan Ortega está considerado un artista de escuela sevillana. No lo rechazan los críticos cuando toma la muleta. En cambio, se le echa en cara su poca destreza con la espada y en ocasiones, falto de técnica ante reses complicadas. Pero en las últimas temporadas ha hecho el paseíllo en plazas importantes y viene a ser con el tiempo un posible rival de Morante de la Puebla que, en su estilo, nadie le arrebata por ahora su sitio.

Puntualizamos algo importante: antes de que ocurriera su sonada huída nupcial, a Juan Ortega lo conocíamos los aficionados a la fiesta, pero era ignorado por quiénes no lo son. En una palabra: no era mediático, que se dice en estos tiempos, no aparecía en las páginas de las revistas rosas. Apuesto a que en adelante, al menos por un tiempo, será uno de los asiduos en ellas, aunque soportando su situación sentimental, sea la que sea. Hay dos versiones: una que quiere reconciliarse pronto con su novia y pareja; y otra, que ésta lo ha denunciado o va a hacerlo, para que él sufrague los gastos que ella ha afrontado con el vestido de novia y sus complementos, lo que siempre se llamó el ajuar. En ese caso la ley la proteje.

Como no termina aquí el misterioso relato, a falta de saberse claves importantes, prometemos estar muy atentos a cuanto les suceda a los implicados en la boda que no fue y está dando de qué hablar. Y de escribir, por lo que nos toca.

En Chic

    0
    comentarios