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Las grandes ínfulas del impresentable Víctor Manuel de Saboya: escándalos, cárcel y solitaria muerte

La vida de Víctor Manuel de Saboya, que gustaba de ser llamado Alteza, fue larga y abundante.

La vida de Víctor Manuel de Saboya, que gustaba de ser llamado Alteza, fue larga y abundante.
Víctor Manuel y Marina Doria. | Gtres

Este pasado sábado, 3 de febrero, moría a los ochenta y seis años, el príncipe tanto tiempo heredero de la corona italiana Víctor Manuel de Saboya. Desde su juventud no hizo nada más que protagonizar numerosos escándalos, que lo llevaron varias veces a la cárcel. Calificado como atolondrado, fue un reconocido "play-boy", al que no importó relacionarse sexualmente con mujeres de baja estofa. Hasta que encontró a la bellísima Marina Doria con quien se casó en dos ceremonias, como contaremos, siendo padres de un único hijo. Ni siquiera cuando fundó ese hogar en Ginebra el príncipe dejó su turbia existencia y sus enfrentamientos con la justicia. De carácter violento, fue acusado de matar a un inocente joven alemán, como también de armar una pelea durante la cena privada que los príncipes Felipe y Letizia ofrecieron a un reducido grupo de invitados reales y aristócratas, entre ellos Víctor Manuel de Saboya, que propinó un puñetazo a su primo Amadeo de Aosta, ante la indignación general, sobre todo la de don Juan Carlos de Borbón, que le dirigió una mirada llena de incontenible ira.

Víctor Manuel de Saboya nació el 12 de febrero de 1937, en Nápoles, a punto por tanto de haber cumplido ahora los ochenta y siete años. Hijo del rey Humberto de Saboya y la reina María José de Bélgica. Al respecto, fuentes acreditadas sostenían que su verdadero progenitor no fue aquel citado monarca, confesión que cierto día, ya siendo mayor de edad Víctor Manuel, le hizo su propia madre. Humberto era bisexual, como era público y notorio. Su matrimonio con María José fue más bien una especie de vodevil, pues a pesar de los cuatro hijos habidos en su unión, con la antes citada circunstancia, llevaron vidas separadas durante mucho tiempo. La reina se fue a vivir a Suiza y allí llevó una total independencia, y aunque se llevó consigo a su único hijo varón, apenas le hacía caso, dedicada a sus escarceos sentimentales, a la música y al estudio de la casa de Saboya, cuya historia monárquica se remontaba a 1861 hasta acabar en 1946. Para entonces, muerto el rey Víctor Manuel II, ( cuyos últimos tiempos sentado en el trono italiano mientras mandaba era Benito Mussolini), le había sucedido el príncipe Humberto. Por poco tiempo. Porque en el año citado hubo un referendo para que los ciudadanos votaran qué régimen deseaban: monarquía o república. Ganaron cuantos se declararon partidarios de la última opción. Por no demasiados votos de diferencia, dos millones. Consecuencia de ello fue que la familia Saboya hubo que exiliarse a Portugal, fijando su residencia en Cascais, donde coincidieron con los Borbón: don Juan pretendiente al trono de España cuando el poder lo ostentaba Franco.

Víctor Manuel de Saboya tuvo estudios en Ginebra de Derecho y Ciencias Económicas y aunque pasó algunas privaciones, se fue ganando la vida como pudo, en entidades bancarias sobre todo y en un par de sociedades inmobiliarias y aeronáuticas. Viajaba primero con un pasaporte belga, posibilitado al ser su madre de esa nacionalidad, y después con otro pasaporte diplomático que le facilitó el Presidente francés Giscar d´Estaing.Víctor Manuel tenía, en la distancia con su padre, frecuentes desavenencias. Y llegó un momento en el que cansado de la conducta de su hijo, Humberto de Saboya lo desheredó e hizo todo lo posible para que si la monarquía volviese a Italia su elegido sería Amadeo de Aosta, primo de Víctor Manuel, al que odió siempre a muerte.

Víctor Manuel era un joven mujeriego, de elevada estatura física, aunque su rostro no fuera precisamente de un guapo galán, al punto que le endilgaron el mote de Buda. Ello no le afligió para sostener relaciones con varias amantes, entre ellas Dominique Claudel, nieta del gran poeta francés Paul Claudel, Nicole Le Vien y una conocida reina de los cabarés donde se ejercitaba como artista de "strip-tease", Bárbara Plen. Esa vida disoluta acabó para el príncipe (que nunca iba a reinar en su país, al que no pudo volver hasta seis décadas después de su exilio familiar, y gracias a la mediación del papa Juan Pablo II), al casarse con Marina Ricolfi Doria, dos años más joven que él, hija de un fabricante de galletas genovés. Humberto de Saboya se enfureció al conocer esa relación, no asistió al enlace y fue cuando determinó desheredarlo. Sostenía que la novia no tenía sangre real.

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Víctor Manuel y Marina | Gtres

La primera ceremonia nupcial entre Víctor Manuel y Marina tuvo lugar en 1970 en Las Vegas, de carácter civil, y al año siguiente otra religiosa en Teherán. Manuel Filiberto fue el fruto de aquella unión. El hogar en el que residieron mucho tiempo lo establecieron en Vesenar, cerca de Ginebra.

El capítulo de frecuentes incidentes de quien gustaba ser llamado Alteza Real, fue, condensándolo, el siguiente: coleccionista de armas, la emprendió con una de ellas encontrándose en un yate en la isla de Cavallo. Disparó contra un joven alemán de diecinueve años, Dirk Hammer, quien fallecería a causa de las heridas unos meses después del verano de 1978. Tardó en celebrarse el juicio y Víctor Manuel de Saboya pasó sólo siete semanas en la cárcel de Ajaccio; bien parado, porque la justicia no pudo atestiguar que hubiera cometido asesinato u homicidio. No fue la única vez que acabó con sus huesos en una celda, pues fue en otra ocasión encausado por tráfico de drogas. En 2006 también pisaba otro establecimiento penitenciario, esta vez al saberse que pertenecía a una red de prostitución.

Y obviando otros incidentes de este personaje de grandes ínfulas regias, les ampliamos cuando le sucedió en mayo de 2004, durante la celebración en el palacio de la Zarzuela de una cena con reducidos invitados con motivo de la boda principesca entre don Felipe y doña Letizia. En un momento de la velada, Víctor Manuel de Saboya se levantó de su asiento y fuese a la mesa que ocupaba su odiadísimo primo Amadeo de Aosta (el elegido por su tío Humberto, ya saben, para ser heredero de la corona italiana, de improbable retorno). Y ya frente a él Víctor Manuel le dirigió un potente puñetazo en medio de la alucinada reacción de los invitados de alta cuna, que entre murmuraciones daban la sensación de estar en un palacio de deportes contemplando una velada pugilística. Don Juan Carlos de Borbón, que conocía desde la niñez de ambos al agresivo príncipe italiano, no pudo resistirse y en voz alta le dirigió a éste la siguiente advertencia: "¡Nunca más!" Desde entonces no hubo ya relación alguna entre las dos dinastías, la de los Borbones y los Saboya.

Sin crédito alguno, la existencia de Víctor Manuel Saboya continuó en Ginebra, cada vez más triste, consciente de que nunca podría reinar en Italia, ni tampoco su hijo y descendientes de éste. Fue transcurriendo el tiempo, difuminándose su figura como la de su distinguida esposa, otrora personajes de las revistas del corazón y ya olvidados. Hasta que este último sábado, sí que todos los más importantes medios de comunicación europeos han dado la noticia del fallecimiento del impresentable príncipe sin corona.

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