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El "playboy" y piloto marqués de Portago, cuya muerte se recuerda en 'Ferrari'

El estreno de la película Ferrari saca a colación la figura del marqués de Portago.

El estreno de la película Ferrari saca a colación la figura del marqués de Portago.
Alfonso de Portago. | Cordon Press

El estreno estos días del filme Ferrari nos ha recordado la apasionante figura del marqués de Portago, que fue uno de los primeros "playboys" españoles, conquistador de bellas mujeres, aventurero constante y excepcional piloto de "Fórmula 1" que encontró su trágica muerte en el circuito italiano de las Mil Millas a la temprana edad de veintiocho años.

Que nuestro compatriota aparezca en la mencionada película, interpretado por el actor brasileño Gabriel Leone, obedece al argumento central de la cinta en cuestión, donde se cuenta la crisis que padece el ex piloto Enzo Ferrari, creador de una factoría mítica automovilista, quien amén de una tragedia matrimonial quiere remontar sus acuciantes negocios al frente de la organización de las Mil Millas, con la participación de loe mejores conductores de coches de carreras, entre los que destacaba el marqués de Portago. ¿Quién era éste, que gozó de una incuestionable notoriedad en la década de los 50, y hoy sin duda olvidado, aunque figure en los anales de ese arriesgado deporte que le costaría la vida?

El marquesado de Portago se remonta a 1744 cuando el rey Felipe V se lo otorgó a uno de sus correligionarios que ayudó al monarca a inaugurar su dinastía en España. El XI marqués de dicho título lo ostentaría nuestro personaje quien fue bautizado con estos nombres, conforme la tradición aristocrática: Alfonso Antonio Vicente Eduardo Ángel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton, manera de contentar a los allegados de su familia. Era primo hermano, por cierto, de Vicente Sartorius (padre de Isabel), marqués de Mariño, y del asimismo marqués, el escritor José Luis de Vilallonga. Y descendiente del conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Su abuelo fue alcalde de Madrid y su padre presidente de la sociedad Puerta de Hierro.

Alfonso Portago, al que familiarmente denominaron "Fon", nació en Londres el 11 de octubre de 1928, hijo del X marqués de Portago y de una acaudalada norteamericana, al que apadrinó el rey Alfonso XIII. La fortuna de sus progenitores le permitió mantener un ritmo de vida distendida, sin problemas económicos: nunca trabajó en oficio alguno. Pronto se aficionó al deporte, en sus diversas modalidades, participando entre ellas en la práctica del bobsleigh, logrando una buena clasificación en 1956 en los Juegos Olímpicos de Cortina d´Ampezzo. Pero se dedicó más a la hípica, destacando como jugador de polo. En 1953 había engordado trece kilos, lo que le inhabilitó para continuar compitiendo en los hipódromos europeos. Fue entonces cuando se dedicó intensamente al automovilismo, siendo el primer piloto español de Fórmula 1.

Hablaba cuatro idiomas, era alto, atractivo, disponía como decíamos de una elevada renta. Todo ello, unido a su notoriedad deportiva, lo situó entre los más admirados personajes de su tiempo, aquellos que brillaban en fiestas de "glamour" y aparecía en las revistas ilustradas, como se denominaban entonces. Sus romances se contaban en ellas con todo detalle.

Entre sus más sonadas conquistas femeninas estaba la modelo Dorian Leigh, que estaba considerada entonces la número 1 en su profesión, en quien se inspiró Truman Capote para su novela Desayuno en Tiffany´s, luego llevada a la pantalla y en España dada a conocer como Desayuno con diamantes, que personificó la deliciosa Audrey Hepburn con el nombre de Holly Golightly. Pero antes de ese tan publicitado romance, muy jovencito, Alfonso de Portago había matrimoniado con la también modelo Carroll McDaniel, que era unos años mayor que él, con la que tuvo dos hijos. Fue un enlace fallido, pues cuando se casaron apenas se conocían. Digamos que la boda se celebró por un rapto de pasión del novio. Por la vida que llevaba el marqués, engañando a su esposa, era fácil de colegir que aquella pareja duraría poco tiempo. Se sabe que Alfonso estaba en proceso de divorcio en los días que antecedieron a su inesperada muerte, con el fin de legitimar un matrimonio ilegal que había perpetrado en México con la antes mentada Dorian Leigh. Ella, manteniendo amores con el aristócrata español, tuvo un aborto en 1954 y luego un hijo, Kim. Blas. También esta modelo le llevaba al marqués once años de diferencia. Se ve que a Portago le gustaba relacionarse con damas mayores que él, cual si mantuviera un síndrome edípico. Ese Kim se vio muy afectado desde jovencito por el pasado de su madre, sin conocer a su padre (esto es, el marqués). Y con veinte años se arrojó por una ventana, muriendo en el acto. Decisión que tuvo que ver leyendo la columna de la chismosa de Hollywood Louella Parsons quien obtuvo de la hermana de Dorian Leigh la confesión del secreto de esa maternidad, que la madre del desdichado muchacho guardaba para sí, sin revelar a sus familiares el nombre de quien lo había engendrado.

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El marqués de Portago | Archivo

Las aventuras del marqués de Portago, dejando a un lado las sentimentales, eran constantes. Por una apuesta de quinientos dólares, que ganó, cruzó en avioneta pilotada por él, naturalmente, el puente de la Torre de Londres, la Tower Bridge, cuando sólo contaba diecisiete años, sobrevolando el Támesis.

Tiempo más tarde, no curado de sus arriesgadas hazañas, quiso con su avioneta pasar bajo el túnel del ferrocarril de Palm Beach, en California, y las autoridades competentes le quitaron la licencia de piloto. También sus aventuras eran conocidas en los Estados Unidos, He visto una fotografía suya durante una estancia en la isla de Cuba junto a Gary Cooper. Y es que el marqués de Portago, allí donde fuera, se rodeaba de las mayores celebridades.

Como piloto, fundamentalmente, mantenía su fama, compitiendo con sus grandes rivales, Sterling Moss y Juan Manuel Fangio, entre otros ases del volante. Con la escudería Ferrari tomó parte en los principales circuitos europeos en el año 1956, en pruebas de raigambre como las XXIV Horas de Le Mans. Hasta que llegó aquel fatídico día, 12 de mayo de 1957, compitiendo en la carrera de las Mil Millas cuando su "Ferrari" 335 S se estrelló con una piedra del recorrido, en principio a causa del reventón de uno de los neumáticos. El marqués de Portago falleció en el acto, así como su copiloto, pero también varios espectadores (unas fuentes acreditaron nueve, de ellos cinco niños, y otras elevando la cifra a once espectadores).

Ocurrió algo anecdótico, si se quiere novelesco. Y es que, minutos antes de empezar la carrera, en los boxes, se encontraba la última amante de Alfonso de Portago: la actriz cinematográfica Linda Christian (madre de Romina y Taryn Power), con la que mantenía un encendido romance. Los fotógrafos captaron el beso que se entrecruzaron ambos. Minutos después, el bólido del marqués sufría el trágico accidente. Los periódicos titularon aquella escena romántica así: "El beso de la muerte". ¿Acaso Portago superó la velocidad adecuada? Parece ser que conducía a la entonces más común, de 180 kilómetros por hora, a pesar de que también barajóse la cifra de 240, pero menos probable.

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Alfonso de Portago | Archivo

Una hija del fallecido marqués, que investigó el accidente, diría años más tarde que se había producido por un fallo mecánico, de fabricación, al desviarse ¡un milímetro! uno de los ejes del automóvil. Y se especulaba que en la escudería Ferrari sabían de ese contratiempo pero permitieron que Portago tomara la salida del circuito, cercano a la localidad italiana de Mantua, porque la casa Ferrari quería que sus pupilos, y muy en concreto el marqués, se alzara con el triunfo, y así remontar la crisis económica y deportiva que atravesaba la marca. Por lo que respecta a las ganancias de Alfonso, eran elevadas; sin ir más lejos una marca de gasolina le pagaba dos millones de francos antiguos por una carrera importante. Al patrimonio que había reunido por herencias familiares, había que añadir sus inversiones inmobiliarias: disponía de casas en París, Biarritz, Saint-Moritz, Nueva York (apartamento en la mismísima 5ª avenida) y un palacio en Madrid, en el número 9 de la calle de Serrano, hoy ocupado por la sede del Colegio de Abogados de la capital.

En los bolsillos de la cazadora de Portago encontraron su pasaporte diplomático español. Era un Grande de España. Y una medalla de la Virgen. También un mensaje escrito a mano: "Soy católico. En caso de incidente (sic) llamar a un sacerdote".

Conocido el suceso por el Gobierno italiano, las Mil Millas dejaron de organizarse en lo sucesivo, hasta el año 1977. En cuanto a los restos del infortunado Portago fueron trasladados a la Sacramental madrileña de San Isidro. En España y tal vez en otros países se le asignó entonces a Portago el sobrenombre del "James Dean español". Como se recordará, el galán de Al este del Edén encontró la muerte en un arriesgado accidente de coche.

Dejó Portago viuda (Carroll McDaniel, su esposa legal, aunque viviera separada de ella) y los dos hijos que tuvo ese matrimonio: Andrea, de seis años y Antonio, de tres, que heredó el marquesado, pareja en su día de Bianca Jagger. Andrea se convirtió en fotógrafa de la revista "Interview", de Andy Warhol, en cuanto a su hermano, era corredor de bolsa.

Cuando en 1967 se inauguró el madrileño circuito del Jarama sus responsables dieron en llamar "la curva de Portago" a una de las allí existentes, manera de perpetuar de alguna manera el nombre de quien, sin duda alguna, fue el más grande de los pilotos españoles.

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