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Juliette Binoche, los hombres que amó, sin casarse nunca, sólo le duraron cuatro años

La diva francesa, multipremiada y directora novel, cultivó amores intensos que, salvo excepciones, no superaron el lustro. Un enigma personal.

Gtres

La actriz francesa Juliette Binoche desfiló por el reciente Festival de Cine de San Sebastián, donde ya estuvo en 2022 para recibir el premio Donostia, ahora para presentar su ópera prima como realizadora, "In-I In motion". Confesó que Robert Redford la animó a dar ese paso. Considerada como la mejor pagada del cine galo, es la única que ostenta entre sus colegas francesas los tres premios como mejor actriz en los festivales de Cannes, Venecia y Berlín. Si bien su talento no lo discute nadie del Séptimo Arte y hace un año fue elegida Presidenta de la Academia del Cine Europeo, su vida personal transcurre entre cierto misterio que ella alienta, pues no habla acerca de su intimidad. No obstante, contamos quiénes han sido sus parejas, a las que parece fue ella quien abandonó cada cuatro años. Hay en el fondo de sus recuerdos la amarga historia de cuando fue agredida sexualmente en tres ocasiones antes de cumplir veintiún años: "Aquello fortaleció mi carácter", diría en una de las escasas entrevistas donde salió a colación ese durísimo episodio.

Desciende Juliette de una familia compuesta por un padre mimo y escultor y una madre actriz polaco-francesa, quien la animó siempre cuando era una niña y ya quería seguir los pasos de su progenitora. En la adolescencia albergaba dudas sobre si ser actriz o pintora, pues era muy aficionada al dibujo. Una amiga de su madre, pintora, le dijo: "Haz las dos cosas". Con el paso del tiempo, triunfó primeramente en la pantalla y en la escena, pero asimismo logró buenas críticas en sus exposiciones pictóricas, creó carteles y pósters de algunas de sus propias películas, además hizo sus pinitos como bailarina, cantante y dio a conocer su otra faceta, la de escritora.

A punto de morir ahogada en el Sena

Nacida en París hace sesenta y un años, hemos de recordarla por su notable filmografía de más de setenta títulos, con uno de ellos que le reportó un Óscar "a la mejor actriz de reparto", por su papel en "El paciente inglés", de 1996, junto al magnífico Ralph Fiennes, donde incorporó el personaje de Hana, enfermera franco-canadiense que cuidaba del conde László Almásy. La lista con otras excelentes interpretaciones comenzó con "Rendez-vous", en 1985, dirigida por André Téchiné, punto de origen de su inmediata escalera hacia el éxito, corroborado luego con la nueva versión de "Cumbres borrascosas" y las secuelas de "Tres colores: Azul", que se prolongaron con los colores Rojo y Blanco. Pero también se luciría en otro filme donde, por cierto, estuvo a punto de morir durante el rodaje de "Los amantes del Pont-Neuf", que dirigió quien era precisamente entonces su amante, Leos Carax, con el que convivió desde 1986-1991.

Fue en una de las secuencias de esa película cuando Juliette, nadando bajo el citado puente en las aguas del Sena, tuvo que ser auxiliada porque le faltó muy poco para perecer ahogada. Algo, por supuesto, que no figuraba en el guion. No lo hubiera consentido su realizador, siendo su pareja. A poco de romper con él, se liaría con quien hizo de buzo en esa película, André Halle, con el que tuvo un varón, Raphaël.

Por entonces, año 1993, Spielberg contactó con Juliette Binoche brindándole un papel en "Jurassic Park", el de la doctora Sattler, pero no quiso aceptarlo y prefirió firmar otro contrato en Francia, desestimando la oferta hollywoodiense.

Transcurría el año siguiente, 1994, cuando apareció en su vida un galán del cine francés, descendiente de españoles, Olivier Martínez, del que se enamoró manteniéndose juntos hasta cuatro años después. Sería la tónica en ella de las siguientes parejas, salvo que la anterior, con Leos Carax, duró cinco. El actor Benoît Magimel sería su posterior compañero, padre de la hija que tuvieron, Hana. Recuérdese que el personaje de Juliette Binoche en "El paciente inglés" correspondía precisamente a ese apelativo.

"La vida es amar", su lema

Juliette Binoche y Vincent Lindon

No es fácil saber quién en una unión sentimental es el causante de la ruptura. Suele decirse que ambos, pero en el caso de Juliette Binoche parece ser que fue ella quien tomó la iniciativa llegado el final de su convivencia. Cuatro años, repetimos, volvió a ser el tiempo que duró su amor con Benoît Magimel, hasta 2003, y otros tantos los compartidos desde 2005 con el guionista y director argentino Santiago Amigorena. El último hombre de su vida, si nos guiamos por cuanto hemos investigado sobre la muy oculta biografía sentimental de la gran actriz. A la que creemos le espanta la soledad y si ha tenido, probablemente, más amores, los ha ocultado a la prensa. Hubo otro, el actor norteamericano Patrick Muldoon, pero quizás de poca relevancia, pues apenas se le cita en algunas biografías de la actriz.

De ella es la frase "La vida es amar". Coincidía en esa afirmación con lo que también pensaba su admirada Jeanne Moreau.

A Juliette Binoche no nos consta que haya tenido muchos períodos de inactividad profesional pues, de no rodar películas o series de televisión, destacó por sus apariciones teatrales, por ejemplo en un espectáculo sobre la cantante Bárbara (aquella existencialista intérprete, toda vestida de negro, que nos impresionó un par de veces como espectadores, muy amiga de Jacques Brel, otro maldito). O bien cuando se introdujo en la piel de Camille Claudel, escultora, amante de Rodin, que estuvo trabajando como enfermera treinta años en un hospital psiquiátrico.

Procuró siempre Juliette Binoche interpretar papeles de muy diversa condición, prefiriendo quizás los dramáticos, caso de la película "Nadie quiere la noche", de nuestra brillante e inteligente directora Isabel Coixet; aunque no haya desdeñado otros en el género de la comedia. En general, siempre se ha mantenido en el cine europeo como una actriz de gran talento. En su existencia particular, fiel a su costumbre de guardarla para sí, no se condujo ni por escándalos ni por chismes. En sus declaraciones en el último certamen de San Sebastián, lamentó cuanto sigue: "Vivimos en un mundo loco, de enfermos mentales, egos crueles, desmesurados y horribles". Lo suscribimos.

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