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Irene Rosales destapa la cara más cruel de Kiko Rivera tras su ruptura: "Regresé a casa llorando"

La sevillana confiesa en Telecinco el calvario vivido por las adicciones de su ex y el actual distanciamiento que afecta a sus hijas Ana y Carlota.

La sevillana confiesa en Telecinco el calvario vivido por las adicciones de su ex y el actual distanciamiento que afecta a sus hijas Ana y Carlota.
Irene Rosales. | Telecinco

La noche de este pasado 6 de marzo, Irene Rosales se convirtió en la protagonista indiscutible de la crónica social tras conceder una de sus entrevistas más íntimas y desgarradoras en el programa de Telecinco, ¡De Viernes! En una grabación de más de tres horas junto a Santi Acosta, la sevillana no solo desgranó los motivos reales que llevaron al fin de su matrimonio con Kiko Rivera, sino que abordó con una crudeza inédita las infidelidades, las adicciones del dj y su compleja relación con Isabel Pantoja.

Aunque en un principio la separación parecía darse en términos de absoluta cordialidad, Rosales ha revelado que la situación actual es radicalmente distinta. La modelo confesó que, tras un periodo de calma, la relación con el padre de sus hijas se ha vuelto "mínima" y estrictamente necesaria.

"Por mi parte no hay motivos; por la suya parece ser que ha habido algo por lo que lo ha decidido. Después de Navidad es cuando noto que está más distante y se limita a contestar lo necesario", explicó visiblemente afectada.

Irene relató un episodio reciente que marcó un punto de inflexión: al ir a recoger a sus hijas, Kiko la recibió con frialdad, sin mirarla a la cara. "Regresé a casa llorando. Mis hijas son conscientes; han visto cómo sus padres tenían buena relación y ahora ven que eso para nada es así", lamentó. Para ella, el error de base fue estructural: "Teníamos un concepto de matrimonio muy equivocado".

Las sombras del matrimonio

Uno de los momentos más tensos de la entrevista llegó cuando Rosales abordó el peso de las deslealtades de Kiko Rivera. La sevillana admitió que el escrutinio público fue una losa difícil de cargar: "Me han escrito infinidad de veces que soy una cornuda". Sin embargo, reveló que el golpe más duro no fue la infidelidad en sí, sino el momento en que se produjo, coincidiendo con la enfermedad y el posterior fallecimiento de su madre.

Respecto a las adicciones del hijo de la tonadillera, Irene situó el inicio de sus sospechas durante el embarazo de su hija Carlota: "Empecé a notar cambios de humor que me despertaron todas las alarmas. Fueron los peores momentos de Kiko, lo vivimos muy mal".

Sorprendentemente, Irene dedicó palabras de afecto hacia Isabel Pantoja, a quien llegó a llamar cariñosamente mamasuegra. Recordó con nostalgia la etapa en la que la artista cumplía condena en la cárcel de Alcalá de Guadaíra, destacando su faceta más familiar pese a la adversidad.

"Isabel nos contaba su día a día en la cárcel. A mi hija le hacía muchos baberos y ropita. Venía con la ilusión de las cosas que nos hacía superpersonalizadas", rememoró con una sonrisa.

Aun así, no ocultó la complejidad de formar parte de ese clan. Sobre su boda, admitió que entendió el papel de la tonadillera en el negocio mediático: "Sabía que era un momento especial para ella y que quería ser protagonista. Entiendo que estábamos en las revistas por ella".

Un nuevo capítulo con Guillermo

Pese al dolor acumulado, Irene Rosales dejó claro que ha logrado pasar página en el plano sentimental. Actualmente mantiene una relación con un joven llamado Guillermo, con quien asegura sentirse "plenamente feliz e ilusionada", aunque prefiere ir con pies de plomo. "Si estar enamorada es sentirme feliz, lo estoy, pero no me veo ampliando la familia", zanjó, subrayando que su prioridad absoluta sigue siendo el bienestar y la estabilidad emocional de sus hijas, Ana y Carlota.

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