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Donald Trump y Melania llevan vidas separadas y sólo aparecen juntos en actos públicos

La revista People revela que el matrimonio no comparte ni dormitorio. La primera dama se siente atrapada y planea mudarse pronto a Nueva York.

La revista People revela que el matrimonio no comparte ni dormitorio. La primera dama se siente atrapada y planea mudarse pronto a Nueva York.
Cordon Press

Hay asuntos muy serios, que afectan a la felicidad de un matrimonio, cuando mediante fake news, se difunden mentiras. Mas en este caso hemos de fiarnos de la muy prestigiosa revista norteamericana People, que ha publicado la noticia: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su esposa, Melania, no duermen en la misma cama, ni siquiera en otra de la misma habitación. Sus vidas están separadas. Pero recurren al paripé, simulando en eventos públicos, oficiales, que están muy unidos, se cogen de la mano y ella sonríe; una sonrisa fría, como ensayada ante el espejo, para lo cual tiene experiencia de sus tiempos de modelo. Una esfinge de hermético rostro.

Con Donald Trump todo es posible. Una de las pocas cosas en las que coincide con Sánchez, es que ambos mienten con absoluto descaro, hoy dicen una cosa y mañana la contraria. Para el mandatario estadounidense, fingir que sigue enamorado de Melania es un puro trámite. El documental biográfico sobre ella, con pasajes por supuesto de la pareja, ha complacido a ambos. Melania se ha proyectado en muchos países; en España hace pocas semanas. Y no creemos que, si eso corresponde al año próximo, los votantes de los premios Óscar de Hollywood lo tengan muy en cuenta. Pero Melania, para que su marido siga dando el pego de que la ama de todo corazón, ha aumentado su ego por ese regalo cinematográfico financiado en secreto por su marido.

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¿Cómo han recibido la noticia de su vida íntima en habitaciones distintas, difundida por People en este pasado mes de enero en sus muy leídas páginas? En silencio. Si la hubieran desmentido, habría sido peor. En Washington, todo se sabe. No es Nueva York. Digamos que casi todo el mundo se conoce. Nos referimos a los congresistas, políticos, diplomáticos que allí residen. Y el run-run de que la primera dama presidencial es sólo una figura decorativa al lado del controvertido Trump hace ya tiempo que circula por la capital. Si éste se divorciara durante la presente legislatura, que no le es muy favorable, su descenso de popularidad y desaprobación de sus votantes republicanos no tardarían en aparecer.

El hogar de la Casa Blanca no es de la predilección de Melania, que se ve encerrada allí, sin la libertad que le gustaría tener para desplazarse a cualquier sitio. Lo que no hace porque su marido la controla. Estudia, no obstante, la posibilidad de mudarse, dejar Washington para asentarse en Nueva York, en la lujosísima vivienda donde residía con Trump antes de ser presidente en dos ocasiones.

Donald Trump es neoyorquino. Descendiente como es sabido de una familia de emigrantes. Así los trata él ahora, a punta de pistola si se tercia para expulsar del país a los indocumentados, o no, con nacionalidad latina. Se crio en el barrio de Jamaica Estates, en Queens, para afincarse en Manhattan, donde desde temprana edad mantuvo una total cercanía con los negocios de su padre, que aumentó hasta convertirse en multimillonario. Lo que le fue insuficiente el día que soñó con ser presidente de la nación más grande de la Tierra. El poder, es lo que más adora. Y querer, puede que a nadie: sólo a sí mismo.

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Mujeriego, se ha casado tres veces. Con Ivana (1977-1992): con Marla Maples (1993-1999) y con Melania, desde 2005. Ha sido padre de cinco hijos.

Melania no interviene para nada en la política norteamericana. Y se aburre en Washington. La Casa Blanca es para ella como algo coyuntural. En cambio, Trump viviría allí eternamente, si no lo impidieran las cláusulas de sólo dos mandatos para cada huésped en el Despacho Oval.

Los fines de semana, se trasladan allí su marido o sólo ella, a la residencia veraniega de Mar-a-Lago que Trump compró en Palm Beach, y que constituye para Melania un destino tranquilo. Un resort donde no está encorsetada y puede disfrutar de placeres que no comparte en la Casa Blanca. Pero si tuviera que preferir un solo sitio donde vivir, siempre sería la Gran Manzana pues mantiene el deseo de lanzar pronto una marca de fragancias, cuidados para la piel y artículos de lujo para el hogar. La política, no es para ella. Se la deja por entero a su marido.

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