
A pocos días de que su nuevo libro, Alzar el duelo: Cómo seguir viviendo para superar la ausencia y recuperar la calma, vea la luz, Paz Padilla se ha convertido en la protagonista del último coloquio celebrado en el Club Siglo XXI. Una charla con el público en la que la humorista abrió su corazón y, además de sincerarse sobre la muerte de su marido Antonio, confesó lo mal que lo pasó tras su separación de Albert Ferrer, padre de su hija Anna Ferrer, un tema sobre el que pocas veces se había pronunciado hasta ahora.
Aquella separación fue su primer gran duelo, como rememoró con su característico sentido del humor: «Yo pensé: "Este va a volver", y hacía como que no pasaba nada. Dijo: "Tendrás una crisis de identidad. Enseguida volverás, ya verás". Hasta que un día me llega mi hermana Sol y me dice: "No va a volver". Dije: "¿Cómo que no? ¿Y tú cómo lo sabes?". Dice: porque se ha ido a vivir con una que trabaja en el IKEA», desveló. «Imaginaros lo que a mí me entró por la cabeza, ¿eh? Dije: "¿Qué? ¿Me ha dejado a mí por una de IKEA?". A ver, pobrecita, que no tiene nada de culpa. Pero, claro, yo decía: "Por favor, que yo soy Paz Padilla, que yo tengo nombre". Y mi hermana: "Sí, pues tú serás más Paz Padilla, pero ella seguro que monta las estanterías de Strumber mejor que tú". Sí. Y fui consciente de que ya las cosas habían cambiado», confesó con su característico sentido del humor.
«En esta sociedad nos enseñan a coger y no queremos soltar. Tú puedes conseguirlo, tú puedes hacerlo, es un gran empresario, tú puedes ganar dinero, tú puedes, tú eres joven eternamente... Mira, lo que le cuesta a la gente es soltar, y tenemos que aprender. Porque la vida es muchas vidas», expresó, revelando cómo fue la primera vez que volvió a su casa tras la muerte de su marido Antonio. «Cuando abro la puerta, estoy sola. Una casa con piscina, un jardín, maravillosa, placas solares... pero yo estaba sola. Yo cerré mi puerta y me metí en mi cama sola, que antes tenía mi marido. Entonces entendí que una vida es mucha vida y que tengo que aprender a vivir y a recibir la que viene».
Y, como destacó: «Cuando estamos viviendo en pareja hay dos opciones: o que te separas y cada uno coge un rumbo en la vida o uno vive la muerte del otro. O te separa el destino o te separa la vida. Entonces tenemos que empezar a querernos para nosotros un poquito más porque la vida es un regalo, porque es una magia, porque no somos conscientes de que hay mucha gente que ya no la tiene, que ya no tiene esa salud». «La felicidad está en tener un equilibrio contigo mismo y entender la fase de la vida y entender que esto es así. Y estar a gusto con uno mismo. Y yo soy feliz porque he aprendido a ayudar a los demás. Porque cuando tú ayudas y te pones al servicio, da una paz increíble», concluyó.
Tras el coloquio, Paz explicó: «Pienso que mi terapia ha sido ayudar a otros en los desiertos que he atravesado yo, todo lo que ha pasado. Dicen que manos llenas nunca se quedan vacías, o sea, yo comparto mi vivencia y mi experiencia con los demás. Entonces alivio un poco el sufrimiento ajeno, y eso me reconforta, porque le da sentido a lo que yo he vivido. Aunque la gente espere a la Paz Padilla humorista, graciosa, que lo soy y que utiliza el humor para hablar de cosas serias».
También habló de la boda de su hija Anna con Mario Cristóbal, en la que, como reconoció con una sonrisa, está completamente volcada. Además, le encantaría que después de darse el «sí, quiero», su hija la convierta en abuela. «Yo tengo tanto amor para dar y yo me volqué tanto en el trabajo que hubo muchos momentos que me perdí de mi hija. Porque a mí me han dicho las abuelas que se quiere como un hijo, que no hay diferencia, solo que la parió tu hija. Las células de mis nietos estarán en las de mi hija, pero es que ya mi hija, cuando yo la tuve, estaban en mí. (...) Es así, por eso se dice que la unión de las mujeres y de las madres es muy fuerte», comentó.

