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La influencer rusa que planta cara a Putin: "El pueblo te tiene miedo y no debería"

La influencer carga contra el entorno del Kremlin, denuncia censura digital y señala el miedo social en un vídeo viral.

La influencer carga contra el entorno del Kremlin, denuncia censura digital y señala el miedo social en un vídeo viral.
La influencer Victoria Bonya. | Instagram @victoriabonya

La influencer de moda que le dice la verdad a Putin ha puesto patas arriba el ecosistema mediático ruso. Victoria Bonya, conocida por su pasado televisivo en Dom-2 y por su vida de lujo lejos de Rusia, ha dado un giro inesperado con un mensaje dirigido directamente al presidente Vladimir Putin que ha corrido como la pólvora en redes.

El vídeo, de unos 20 minutos, acumula ya más de 30 millones de visualizaciones en Instagram, pese a tratarse de una plataforma oficialmente vetada en el país. En él, Bonya abandona su tono habitual para lanzar una advertencia sin rodeos: "El pueblo te tiene miedo… y no debería". No se queda ahí. En otro momento insiste: "Hay muchas cosas que usted no sabe". A continuación, dibuja una imagen de creciente desesperación social: "La gente está gritando a todo pulmón ahora. Les han robado todo lo que tienen, y les siguen robando. Los negocios se están muriendo".

Discurso que rompe el guion

La propia influencer admite que nadie le ha pedido intervenir, pero aun así decide hablar "en nombre del pueblo". Su diagnóstico dibuja una sociedad contenida, donde pocos se atreven a decir lo que piensan, ni en público ni en privado. Según su relato, ese silencio no solo afecta a los ciudadanos, sino también a quienes forman parte de la estructura del Estado.

Con todo, Bonya esquiva el choque directo con el presidente. Su argumento pivota sobre una idea: Putin no estaría recibiendo una imagen fiel de lo que ocurre en el país. La responsabilidad, sugiere, recae en quienes le rodean, a quienes acusa de filtrar la información y suavizar la realidad.

En su intervención repasa varios focos de malestar: desde la gestión de las inundaciones en zonas como Daguestán hasta el sacrificio masivo de ganado en Siberia que ha provocado protestas, pasando por el ahogo de pequeños negocios, la tensa situación económica y las restricciones crecientes en internet. Resulta significativo que no mencione la guerra en Ucrania, el gran eje político del país en los últimos años.

Lecturas del mensaje

La reacción oficial no tardó en llegar. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, se limitó a señalar que el Gobierno trabaja "intensamente" en esos problemas. Al mismo tiempo, cabeceras como The Guardian han apuntado a una posible lectura alternativa: que este tipo de mensajes acaben reforzando la imagen de un Putin ajeno a los errores de gestión y dispuesto a escuchar.

El fenómeno, en cualquier caso, no se limita a Bonya. En las últimas semanas han aparecido otros influencers lanzando mensajes en la misma dirección, algunos de los cuales han desaparecido poco después de publicarse. Un síntoma, según el analista Mark Galeotti, de que el Kremlin se enfrenta a un desgaste progresivo: "Cada vez hay que dedicar más esfuerzos a mantener el statu quo".

Dentro del país, las reacciones reflejan esa misma tensión. Mientras figuras como Katya Gordon han amplificado el mensaje e incluso han dejado caer la idea de una posible movilización, voces alineadas con el poder han optado por el ataque frontal. El presentador Vladimir Soloviev cuestionó públicamente por qué Bonya no ha sido incluida en la lista de "agentes extranjeros".

Grietas en el control digital

El hecho de que todo esto haya ocurrido en una red social prohibida añade otra capa al asunto. Para observadores como Mikhail Nefedov, evidencia que el control informativo no es tan hermético como pretende el Kremlin. Más aún en un contexto de endurecimiento de las restricciones digitales, con limitaciones a aplicaciones como Telegram y cortes intermitentes de conexión.

El episodio llega en un momento delicado, con el país tensionado por la situación económica derivada del contexto de guerra y con las elecciones parlamentarias en el horizonte. En ese escenario, el mensaje de Bonya se mueve en un terreno incómodo: introduce una crítica reconocible, pero evita señalar directamente al presidente.

Ahí reside, precisamente, la clave del fenómeno. No es una ruptura abierta, pero tampoco encaja en el discurso habitual. Una ambigüedad calculada —o no— que ha logrado algo poco común en la Rusia actual: abrir una conversación pública que, al menos durante unos días, ha escapado del guion oficial.

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