
La trayectoria de los personajes que alcanzan la popularidad de forma fulminante en la televisión española suele ser tan intensa como, en ocasiones, efímera. El fenómeno de la fama, especialmente el vinculado a las crónicas del corazón y a los platós de cadenas como Telecinco, ha demostrado a lo largo de los años ser un arma de doble filo. Figuras públicas que durante una época dorada disfrutaron del éxito, el reconocimiento social y una boyante situación económica, a menudo se ven obligadas a transitar por un doloroso declive cuando los focos se apagan. Con el paso del tiempo, la escasez de ofertas laborales y la drástica disminución de ingresos se entrelazan con problemas de salud y crisis personales, precipitando a estas personas hacia situaciones de vulnerabilidad extrema y ruina económica de manera casi imperceptible pero fulminante.
Este crudo contraste entre el brillo del pasado y la dureza del presente define a la perfección la realidad actual de Paqui la Coles. Quien fuera un rostro habitual e imprescindible en las tardes de Mediaset y colaboradora del extinto programa Sálvame, tras saltar a la palestra pública como la supuesta amante del torero Víctor Janeiro, ha reaparecido públicamente para desvelar que se encuentra en una situación límite. Alejada de los platós que una vez le dieron sustento, ha concedido una desgarradora entrevista al programa Fiesta en la que expone sin tapujos el drama que padece, marcado por una severa crisis de salud, la carencia absoluta de recursos financieros y la ausencia de una vivienda.
El punto de inflexión que la llevó a tomar medidas desesperadas se produjo tras verse completamente sobrepasada por las circunstancias mientras residía fuera de Ubrique. Ante el colapso de su entorno, tomó la determinación de regresar a su pueblo natal en busca de un refugio que no ha terminado de encontrar. Incapaz de ocultar la gravedad de su crisis personal y física, justificó su retorno describiendo la insostenible realidad de su día a día: "La relación con la familia era insostenible y necesito que me ayuden porque yo no puedo valerme por mí misma. He tenido un brote de fibromialgia muy fuerte y utilizo andador". Esta enfermedad crónica, caracterizada por un dolor musculoesquelético generalizado, ha minado por completo su autonomía, transformando su rutina en una lucha constante contra la invalidez.

El impacto de la dolencia en su salud ha sido tan devastador que la excolaboradora no ha dudado en detallar el grado de debilidad en el que se ha encontrado recientemente, arremetiendo además contra la falta de respuestas institucionales a una vulnerabilidad que arrastra desde su juventud: "He estado un mes y pico sedada, no podía ni siquiera moverme del sofá (...) Yo he pedido ayuda a mi pareja, él lo quiere llevar como si fuera fácil, pero desde los 22 años nadie se ha preocupado de darme una vivienda de protección oficial. Yo tengo una discapacidad por fibromialgia". A este menoscabo físico se suma la desesperada reclamación de apoyo habitacional, un derecho que considera que se le ha denegado sistemáticamente a lo largo de su vida.
La precariedad en la que se halla inmersa la ha conducido a una situación de desamparo legal y residencial extrema. Sin alternativas viables ni ingresos que le permitan acceder al mercado de alquiler, tomó la decisión de ocupar un inmueble deshabitado de titularidad pública, explicando la forma en la que terminó instalándose en el lugar: "Yo ahora estoy viviendo en un piso que no es de nadie, no lo tiene ninguna familia, es de la Junta de Andalucía. Como estoy desesperada, me metí dentro y aquí sigo. Me he estado informando y esta casa era de un señor que se murió hace tres meses y que antes de morir se dejó todas las puertas de la casa abiertas".
Ante esta tesitura de "absoluta desprotección", Paqui la Coles ha querido utilizar el altavoz mediático para lanzar un llamamiento desesperado a las administraciones locales y autonómicas, manifestando su profunda indignación al comparar su parálisis burocrática con la ayuda que sí reciben otros ciudadanos: "He hablado con el alcalde del pueblo, he presentado todos los documentos médicos que se me han pedido y no he recibido ningún tipo de ayuda. Pero después me he enterado de que a otros sí que les han dado viviendas de protección oficial".
El cierre de su intervención en el espacio televisivo reflejó el profundo desgaste psicológico y emocional que arrastra tras meses de abandono y sufrimiento crónico. Totalmente desbordada por la enfermedad y la falta de perspectivas de futuro, concluyó su relato con una desgarradora confesión que evidencia su rendición anímica: Solo tengo ganas de morirme. Estoy exhausta y lo que necesito es paz, necesito vivir lo poquito que me queda tranquila. Estas palabras sintetizan el trágico ocaso de un personaje que pasó de la máxima exposición y la opulencia televisiva a la más estricta marginación social, desnudando las carencias del sistema de protección y el olvido al que se enfrentan los juguetes rotos de la industria del entretenimiento.



