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Así fue la primera juerga de 'Gandía Shore'

Existen los chonis, y luego están los de Gandía Shore. En plena resaca de su doble capítulo inicial, les contamos cómo fue todo.

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Existen los chonis, y luego están los de Gandía Shore. En plena resaca de su doble capítulo inicial, les contamos cómo fue todo.
Los chicos de Gandía Shore

Gandía Shore se estrenó el domingo en loor de multitudes con un doble capítulo que, sin duda, debió satisfacer a los fans de este tipo de formatos. El reality ideado por MTV sigue a pies juntillas su equivalente norteamericano, Jersey Shore, y como fiel derivado de aquella, ofreció todo un festival de culos, abdominales, piercings, pestañas postizas y entretenimiento cafre y descerebrado que, eso sí, no engaña a nadie (o a casi nadie). Y no, no nos olvidamos de los coches hortera.

"Me gustan las tías con buen culo"; "soy un espíritu rebelde", "me gustan chulitos"; "un café intenso y con cuerpo, como yo"; "cuando me muera quiero que esparzan mis cenizas en Fabrik"... son algunos de los lemas esgrimidos por sus protas, una cuadrilla de pasados de vueltas dotados de jacuzzi, un ego como un portaaviones y licencia para hacer el tarado durante un verano entero.

Tras las largas presentaciones -sin duda lo mejor del show- y la primera jornada de trabajo (como camareros, tampoco era plan de convertirlos en los campesinos de Millet) hubo que esperar al segundo capítulo para ver lo que verdaderamente importa, a sus protagonistas dándolo todo en la tarima. La primera gran juerga, sin embargo, pudo acabar mal por la reyerta -no simulada- de Cristina Core (llamada así porque le gusta el "hardcore") con un grupo de desconocidos que la insultó al salir de la discoteca, y en la que la moza no dudó en tratar de apuñalar con un tacón y lanzarse a la cara del sujeto, uñas postizas por delante. Un suceso que obligó a la cadena a pedir disculpas al Ayuntamiento y llevó a la joven a plantearse abandonar el show, posibilidad abortada tras una conversación con sus padres.

Sin duda, todo un torrente de conflictos dignos de la Poética de Aristóteles que, sin embargo, no ahogaron las juergas horteras y el entretenimiento gañán. Labrador -el sobrado- ejerciendo de maestro al delicado Abraham, éste sintiendo envidia ante los músculos de Esteban, Clavelito corriendo el riesgo de ser pisado por todos, Arantxa bebiéndose hasta el agua de los floreros, y la primera dosis de tensión sexual no resuelta: Ylenia y Labrador, cuya relación va perfilándose como una balada crepuscular épica de pastis y buenri... que sin embargo se vio rápidamente superada por el jacarandoso encuentro de Esteban, cachas oficial de la edición, y una lozana desconocida, resuelta por el afable armario empotrado en 45 minutos de diligente sexo macarra. Más detalles del encuentro, por cierto, la próxima semana, pero les anticipamos que el mozo tiene en la cadera dos bombas hidráulicas.

En fin, Gandía Shore es un reality abiertamente grotesco y disparatado, tan pasado de rosca que uno no puede tomárselo en serio... por mucho que el macarra común, precisamente inhabilitado para captar esa ironía, tenga toda la intención de hacerlo. Una cualidad de lo que no puede presumir, salvando las distancias, otro reality estrenado este fin de semana, esa Audiencia Abierta diseñada para lavar la imagen de la Casa Real que pudo verse el sábado por la mañana en la 1. ¿Creían que era imposible juntar ambos programas en un mismo párrafo? Ahí lo dejamos.

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