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Los fogones de Chicote no tienen rival

Atentos, cocinillas, chefs caseros incomprendidos y aficionados al buen yantar: esta nueva edición de Top Chef puede ser espectacular.

Pablo Molina
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Alberto Chicote | Archivo

La segunda temporada del concurso culinario de Antena 3, que dio inicio ayer en dura competencia con los estrenos del resto de canales generalistas, tuvo un arranque más que estimable, con un elenco de concursantes que promete grandes noches de entretenimiento al espectador y de audiencia a la cadena. El programa cero de Top Chef tuvo como escenario un viejo almacén desvencijado, del tipo que los archimandritas de turno convierten en espacio de cultura creativa al calor del presupuesto público. La estética okupa de esta primera entrega fue sin embargo muy apropiada para la maratón de pruebas eliminatorias, tras la cual se seleccionó a los doce cocineros que finalmente okuparán la cocina oficial del programa. De esta manera, los cuatro aspirantes eliminados se fueron a casa con el consuelo de abandonar un espacio vanguardista que algunos, en su ignorancia, podrían llegar a considerar incluso deprimente.

Comparado con Masterchef, el concurso gastronómico de Antena 3 es mucho más solvente en lo que respecta a la selección de participantes. Mientras que la segunda edición del programa de TVE acabó convertida en una especie de Gran Hermano entre cazuelas donde lo de menos era saber cocinar, Top Chef ha demostrado nuevamente que el talento culinario prima sobre cualquier otra consideración. Dos hermanos gemelos que se odian meticulosamente y acuden al programa a hacerse mutuamente la vida imposible, unas verdaderas joyas para jugar la carta del morbo entre la audiencia, fueron eliminados ayer porque ninguno estaba a la altura exigida, otra prueba de que las prioridades de TVE y Antena 3 en este terreno son bien distintas. De Masterchef a la portada de Interviú y de Top Chef a los suplementos de gastronomía de los principales diarios. Esa es la principal diferencia entre dos espacios cuyo objetivo, en cambio, no podría ser más parecido.

Esta temporada hay varios jefes de cocina galardonados por las guías Repsol y Michelín, otra muestra de respeto hacia el espectador amante de la gastronomía, que es en última instancia al que va dirigido el programa. El apartado del espectáculo televisivo correrá a cargo de Carlos, el concursante más extravagante que hemos visto hasta la fecha en un concurso de estas características, que ha venido desde Singapur a romper los esquemas del jurado y hacer que los demás concursantes especulen seriamente con la posibilidad de cortarlo en rodajas para hacer con él un carpaccio. El plato con el que se ganó su presencia en el concurso estaba elaborado exclusivamente con tomate a pesar de lo cual lo llamó "huevo fresco en mal estado". A Chicote le encantó.

El jurado de Top Chef ha variado esta temporada, aunque el cambio sea imperceptible. Ángel León no pintaba nada en el concurso y Yayo Daporta, su sustituto, tampoco parece que vaya a ser determinante en la presente edición. Ahí el que manda es Alberto Chicote y los demás están para evitar empates en la votación. El resultado es que los concursantes respetan a Chicote y Antena 3 a sus espectadores potenciales, a diferencia de otros espacios empeñados en tomar el pelo a unos y otros dándoles gato por liebre aprovechando que la cosa va de perolas.

Atentos, cocinillas, chefs caseros incomprendidos, cuñados entrometidos, defensores de la alta cocina y aficionados al buen yantar: esta nueva edición de Top Chef puede ser espectacular.

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