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El "no nacionalista" y la abuela sevillana del PSC

Évole se llevó a Oriol Junqueras a hacer pedagogía separatista a Sevilla.

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Évole se llevó a Oriol Junqueras a hacer pedagogía separatista a Sevilla.
Junqueras con la familia sevillana | Imagen TV

Jordi Évole cumplió ayer con su deber como referente progresista "de este país", porque hasta que el Follonero no trata el asunto que esté de actualidad en cada momento muchos no saben qué tienen que opinar. En general, Salvados confirma las sospechas de la audiencia y las hipótesis de los creadores de opinión (progre), no en vano Jordi Évole es también un gran progresista, pero el enfoque original del programa aporta a sus argumentos la frescura necesaria para aguantar varios días, hasta que finalmente se marchitan a fuerza de repetirlos en las tertulias de esa cadena (o de la otra, que tanto da). Este domingo tocó resolver la cuestión catalana, para lo cual el programa se llevó a Oriol Junqueras a hacer pedagogía independentista a Sevilla, que es algo mucho más interesante que una entrevista-ladrillo con el mediocre de Artur Mas como han hecho otros programas en un arrebato de originalidad.

La familia sevillana seleccionada para que el bueno de Junqueras convenciera a su miembros de lo buena que va a ser la independencia de Cataluña para los andaluces no pudo estar mejor elegida. El secreto del éxito de los programas que cuentan con personajes anónimos es llevar a cabo una buena selección de aspirantes, y eso en Salvados se hace siempre muy bien. La anfitriona y matriarca del clan elegido es una lectora de Machado que está por la negociación sin límites con los nacionalistas catalanes, considera al PP una máquina de hacer independentistas y, por supuesto, está a favor del "derecho a decidir". Total, una septuagenaria andaluza partidaria del PSC, que igual no es un caso demasiado extrapolable en el sur de España pero para lo que pretendía el programa cumplió perfectamente su papel. Los hijos y la familia política de la buena señora daban otro perfil más común, el de la gente que eso de la destrucción de España no acaba de verlo del todo bien. Hasta había un yerno clavadito a Javier Arenas (¡incluso en la forma de hablar!), para cubrir la cuota de señoritismo sevillano pepero y que todas las corrientes de opinión del pueblo andaluz estuvieran adecuadamente representadas, otra prueba del cuidado que Évole pone en sus procesos de selección.

Sin embargo, el pretendido objetivo de aclararnos por qué la independencia de Cataluña va a ser un negocio cojonudo para todos no quedó suficientemente cubierto. En realidad la impresión fue exactamente la contraria, porque si algo quedó claro anoche en Salvados es que los separatistas catalanes ni saben por qué quieren la independencia ni tienen la menor idea de lo que quieren hacer con Cataluña en caso de que alguna vez se cumplan sus deseos.

Al principio del programa el argumento era que España no quiere a Cataluña, el clásico desparrame sentimental del nacionalismo cuando se pone victimista, a la vuelta del corte publicitario era una cuestión de interés mutuo y en el tramo final la justificación era puro egoísmo financiero, dando por sentado que una Cataluña independiente tendrá mucho más dinero para gestionar la felicidad de todos sus ciudadanos.

Pero el nivel de confusión llegó a su límite cuando Junqueras explicó que él no es nacionalista sino independentista, que es algo bien distinto. Ahí fue cuando la abuela sevillana del PSC y yo nos dimos cuenta de que no habíamos entendido absolutamente nada. A ver si a lo largo de la semana nos lo explican mejor la gran Marta Rovira o el insuperable Quico Homs.

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