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La costumbre de Miguel Ángel Silvestre de plantar a sus productoras

El actor ha abandonado la exitosa 'Velvet' de forma temporal y prepara nueva serie en Estados Unidos.

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Ya hace unas semanas Chic se hizo eco de la marcha de Miguel Ángel Silvestre de la serie Velvet. Ahora hemos conocido más detalles de esta espantada. Resulta que, meses atrás, estuvo rodando en Estados Unidos una serie titulada Sense8, de gran éxito, producida por los hermanos Wachowski (los de Matrix).

Nuestro compatriota quiere poner una pica en Hollywood y su presencia en Sense8 puede ser su trampolín para ese sueño, en su comprensible deseo de emular a Antonio Banderas y a Javier Bardem. No le ha importado rodar unas escenas de alto voltaje erótico. Su personaje se llama Lito y es un actor latino que oculta su homosexualidad. Hasta que "sale del armario" y acude a una reunión gay donde se muestra muy activo, completamente en bolas y practicando sexo sin inhibición alguna.

Entre tanto lo echaban de menos en Velvet cuya productora confía en la reincorporación del actor levantino, quien ha dicho a sus directivos que su marcha es temporal, un viaje de ida y vuelta. Mientras vuelve a Madrid a seguir rodando más capítulos, su enamorada del alma, Ana Rivera, muy bien encarnada por Paula Echevarría, ¿va a guardarle la ausencia? Los guionistas de este romántico culebrón ya han recurrido a un rival de Alberto Márquez, el mayor accionista de los almacenes Velvet que dan título a la serie, un antiguo novio de Ana, alto, rubio, de ojos azules, piloto de una compañía aérea, que vuelve a "tirarle los tejos", al saberse que había perecido Alberto en un siniestro aéreo. Pero en el capítulo de la pasada semana nos enteramos que no había tomado ese trágico vuelo y permanecía en una playa debatiéndose entre dudas y recuerdos de su pasado.

La pregunta que nos hacemos, como imaginamos lo harán los tres millones y medio que siguen Velvet la noche de los jueves es ésta: ¿Cuándo volverá Miguel Ángel Silvestre? O lo que es lo mismo, ¿seguirá a su retorno martirizándose entre su fracasado matrimonio y su obsesivo amor por su amiga de la infancia? ¿Se casará por fin con Ana o ésta, harta de esperarlo, se liará la manta a la cabeza con su guapetón piloto?

Apuesto a que la historia tendrá un final dichoso aunque en las próximas entregas esos guionistas recurran al tópico de "marear la perdiz". Y puede que la aparición del "resucitado" Alberto Márquez la dejen para la próxima temporada. Morbo habemus. Por cierto: cada capítulo de Velvet cuesta medio millón de euros. No es la primera vez que Miguel Ángel Silvestre deja plantada a una productora: ya lo hizo en Motivos personales y en Sin tetas no hay paraíso. En esta última se quitó de en medio, abandonando el rol que lo había catapultado a la popularidad, El Duque.

En la primera de las citadas series se "ligó" a su compañera de reparto, Belén López, su novia desde 2005 a 2010. Menos tiempo le duró Blanca Suárez, a quien conoció rodando la película The Pelayos, desde 2011 a 2014, hasta que ella lo reemplazó con el cantante Dani Martín. Entre sus andanzas sentimentales, tuvo otras enamoradas: Tania, Noelia López, hasta caer rendido a los pies de la modelo y diseñadora canaria Miriam Pérez, que es la última de sus chicas, que sepamos. Porque seguir el libro de conquistas de Miguel Ángel Silvestre no es fácil. Se lo rifan.

Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre.

Nacido en Castellón de la Plana hace treinta y tres años, iba para fisioterapeuta, la profesión paterna, pero decidió ser tenista. Una inoportuna lesión nos privó de verlo ahora emular a Nadal. Hizo después sus pinitos como modelo y de ahí saltó al teatro de aficionados. Se entusiasmó y en pocos años se convertiría en uno de los galanes más admirados de la televisión, aunque haya probado suerte también en el cine y en el teatro.

Nos enteramos de que antes de ser conocido se iba los veranos a Ibiza donde "tieso como la mojama" se ganaba la vida vendiendo refrescos por el día y por la noche oficiando de taxista. O sea, que posee recursos para cuando no tiene liquidez. Cuida su físico. Tanto que malas lenguas nos aseguran que se ha sometido ya a afeites y arreglos en un taller de reparación, léase clínica de cirugía estética para un bótox de labios, frente y patas de gallo.

Goza de buen apetito, es un experto cocinero, sobre todo en paellas. Viéndolo así, con su buen "saque", el actor Juan Diego le puso de mote "El Zampa". Hace deporte para compensar algún exceso culinario. Porque no es tonto y sabe que si concita la atención del elemento femenino no es gracias a sus limitadas virtudes actorales, aunque también le acompaña su buena voz, sino a que es un "cachas" de muy buen ver. Para comérselo. Lo dicen ellas, ¿eh?

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