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'La Veneno' desvela en sus memorias sus relaciones con políticos y futbolistas

De vivir de la caridad a cobrar 16.000 euros por actuación: Cristina Ortiz publica su esperadísima autobiografía, Ni puta ni santa.

J. B. L
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La Veneno y la portada de su libro | Cordon Press/Portada del libro

"Yo soy más culta por ver los vídeos de la Veneno que la que va al Museo del Prado todos los días, porque eso es la vida". La frase es de la estrella fugaz Nova y sintetiza lo que sienten muchos ante la hipnótica Cristina, cuyas ocurrentes y procaces frases están siempre cargadas de una extraña y ancestral verdad. La suya es –y ha sido– otra España, la de la incomprensión rural, los cuerpos desterrados y las hormonas sin prescripción, los puteros –que diría Carmena– que lo mismo suministran palizas que diamantes.

Uno puede ponerse poético a la hora de hablar de la Veneno, por qué no. Echen un vistazo al fenomenal prólogo de Paco Bezerra (Premio Nacional de Literatura Dramática) de Ni puta ni santa. Las memorias de la Veneno, donde la compara con Helena de Troya, con Salomé, con Jezabel: "Las encarna a la perfección, las ha traído a la vida para amar a los hombres y vengarse de ellos".

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Portada del libro de La Veneno

La esperada autobiografía de la transexual más famosa de nuestro país (junto con Bibiana Fernández) es tan ramplona y visceral como anticipa su título, y no escatima en episodios de enorme crudeza. Nacida en Adra ("donde la que no es puta, ladra", ha sentenciado en muchas ocasiones, quizá con rencor infantil), un pueblo de Almería, en 1964, fue un niño incomprendido y perseguido, con su madre como principal verdugo: "Pensé en ahorcarme por el desprecio de mis padres, por ese sinvivir y por sentirme incomprendida". Tras años de maltratos, se marchó con su hermana a San Pedro de Alcántara, donde las acogió una familia. Ya adolescente, cuenta cómo volvía locas a todas las chicas por su gran atractivo: llegó a ser coronado como Míster Andalucía en 1989. Por participar en el programa ¡Vivan los novios! ganó un viaje a Tailandia, lugar que le impresionó por "las transexuales más guapas que he visto nunca". La animadversión que la rodeaba la obligó a trasladarse a Madrid. Trabajando como pinche de cocina en el Hospital 12 de Octubre tuvo un encuentro revelador con una mujer espectacular en la calle:

-¿Tú qué eres?
-Yo soy travesti.
-Pues quiero ser como tú.

Fama, música y futbolistas

A partir de ese momento, supo en lo que quería convertirse, y el único camino por el que podía optar: la prostitución. La Veneno lo describe como un mundo lleno de picaresca, competitividad y con sus propias normas: primero se dedicó a vender cervezas y bocadillos, hasta que labró sus primeras amistades. En su primer día como travesti ("con una cinta enroscada en la cabeza, como la cantante de Mecano") un cliente se enamoró de sus piernas y le dio 2.000 pesetas. Pudo empezar a llamarse Cristina cuando falleció otra prostituta que ya usaba ese nombre, y lo de Veneno le fue adjudicado por su cara de malas pulgas. Ya entonces la comparaban con "Raquel Welch, la guapa de Thelma y Louise", y la Fanny de Almería, para picarla, con Lola Gaos. En esos años hubo peleas, grandes amigas, muchas ya ausentes por el sida, y un éxito descomunal: los clientes hacían largas colas en el Parque del Oeste para disfrutar de sus servicios. Algunos con peticiones sorprendentes: "Niñatos guapísimos me decían que querían ser mi esclavo. Me los llevaba a casa, les daba el Cristasol y me limpiaban hasta el baño y la cocina". Y lo más esperado por el lector, los clientes famosos, de los que por desgracia –y por seguridad– solo da las iniciales. Hay mención a dos políticos, un futbolista rubio, un cantante latino… "Podría ir tirando de la manta para decir de algunos toreros y presentadores de televisión, pero esos no me han dejado huella".

Una afortunada noche la encontraron los reporteros de Esta noche cruzamos el Mississippi y, tras emitir sus primeras imágenes, ante el éxito logrado por su desparpajo y desvergonzada simpatía, la buscaron durante dos meses por la noche madrileña hasta que dieron con ella y la convencieron para incorporarse al programa. Se convirtió en la colaboradora más cáustica y exuberante de la televisión. Eso sí, tuvo que abandonar la prostitución. "Todos tenían guión, menos yo. Pepe Navarro me chinchaba mucho, me hacía la puñeta para que yo saltara". A partir de ahí, una popularidad inabarcable en el mundo de la farándula: bolos por toda España (por los que cobraba 2.800.000 pesetas), el single "Veneno pa’ tu piel", dos películas pornográficas por las que le pagaron 18 millones, galas con Cicciolina y la serie En plena forma, en la que compartió reparto con Alfredo Landa.

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Todo se truncó tras su detención e ingreso en prisión por un delito de estafa (su piso del barrio de Tetuán se había incendiado después de que su pareja, presunta autora del suceso, contratara cuatro seguros con compañías diferentes). Permaneció tres años en la cárcel de Aranjuez, lugar en el que, según afirma, fue atiborrada a tranquilizantes y sometida a diversas vejaciones (declaraciones que le costaron en su día una denuncia de Prisiones por injurias). Tras años luchando por recuperar su antigua figura y su fama perdida reapareció esta semana en una sala madrileña para presentar el libro, cuya coautora es Valeria Vegas. La afluencia de público –y una primera edición agotada– demostró que todavía quedan fanáticos del legado de la Veneno, por inclasificable que este sea.

Cristina Ortiz & Valeria Vegas. ¡Digo! Ni puta ni santa. Las memorias de la Veneno. 2016. 159 páginas. 20€. ISBN: 978-84-608-8356-2

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