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Eurovisión 2021: Rociíto asustó, el rock ganó y Blas... Blas cantó

Las dos canciones del documental de Rociíto ocuparon dos de los primeros puestos. Italia ganó Eurovisión 2021.

Eurovisión 2021: Rociíto asustó, el rock ganó y Blas... Blas cantó
Blas Canto cantó decimotercero el tema | EFE

Una contradicción como un muro de granito se apodera de Eurovisión todos los años. Acomodado como un espectáculo de nicho que funciona por una inercia de décadas, año tras año resurge, inasequible al desaliento y con renovada energía, congraciando veteranos nostálgicos con alguna tribu moderna y sumando intrusos indeseados como el inevitable tuitero de tecla afilada para la ironía. Una combinación tan injusta como la dichosa geopolítica que decide la tabla de ganadores pero que, de alguna manera, mantiene vivo el zombi televisivo que el sábado pasó por Rotterdam. Pero tras un año a la funerala había ganas de desconfinar viejas costumbres, y eso debería ser suficiente.

Las casas de apuestas daban podium por la zaga a Blas Cantó, que ya había recibido crueles burlas por su desafortunada biografía y lo mustio de la canción, "Voy a quedarme", que dedicó a su abuela fallecida. Pese a lo bonito de sus intenciones, lo cierto es que el resultado fue igualmente aciago, sin sorpresas, aunque incita a un cierto rubor (Italia y Francia, vecinos, desempeñaron bien) maquillado solo por lo perecedero del show. España sabe lo que es morder el polvo en Eurovisión, con puntuales sustos como el décimo puesto de Pastora Soler (esa vez moló) pero el asunto empieza a tornarse humillante. Seis puntos (cero del público) y antepenúltimos de la lista, vigésimo cuartos.

Los españoles siempre asociaremos el relamido gritito del "Tout l’universe" y el "Voilà" de Francia al pegajoso documental de Rociíto que Telecinco lleva exprimiendo dos meses. Pero eso es nuestro problema y ahí están los resultados, segundo y tercer lugar para las dos canciones que han ilustrado aquello de "para seguir viva". Eurovisión 2021 fue un vis a vis entre ambos países hasta que una increíble cantidad de votos del público hizo arrasar a los italianos, que se hicieron con su tercer triunfo eurovisivo con "Zitti e buoni", de Måneskin.

El español salió décimotercero (mala suerte) y entonó emocionado una canción complicada, con arriesgados falsetes y una escenografía más bien minimalista que sube de nivel demasiado tarde para exaltar al espectador. No lo hizo mal, pero no era la mejor opción en un festival que llegaba con un año de retraso por el coronavirus, dispuesto a divertir y hacer olvidar dramas. Unas ganas de fiesta que supieron comprender muy bien Chipre, con un competente tema discotequero, o Italia, con un pegadizo tema rockero. The Black Mamba de Portugal, cantando en inglés y cambiando el formato a blanco y negro, y Bulgaria estuvieron más acertado en ese registro que trató de ocupar Cantó.

Entre canciones buenistas y bromas pintorescas transcurrió Eurovisión, en la que un digno Blas Cantó se unió a la ya larga lista de cantantes españoles (Edurne, Pastora Soler, Daniel DIges, Barei, Amaia y Alfred, Ruth Lorenzo…) que lo hacen bien pero sucumben a apuestas más acertadas y carismáticas. Al menos, no se unió a la poco extraordinaria liga de Manel Navarro, Miki Núñez o El sueño de Morfeo.

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