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Tres horas de éxtasis, ovación ensordecedora y fuegos artificiales: el fenómeno Taylor Swift, desde dentro

La estrella norteamericana repite hoy su recital ante más de 65.000 personas en el Santiago Bernabéu.

La estrella norteamericana repite hoy su recital ante más de 65.000 personas en el Santiago Bernabéu.
Taylor Swift, este miércoles en Madrid | EFE

Confirmado: Taylor Swift es la estrella más grande del mundo. Más de 65.000 personas vibraron el miércoles con la primera parada de la artista y su The Eras Tour en el renovado Santiago Bernabéu, las mismas que repetirán este jueves con el cartel de sold out colgado desde hace un año. Con un solo concierto ha roto el récord de asistencia de un artista internacional en España, superando a aquellos con los que algunos todavía no pueden evitar compararla.

Tres horas y media de recital en las que, como ella mismo recordó poco después arrancar, repasó 18 años en una industria que la ha visto crecer y en la que sus fans la han llevado a lo más alto. Porque aunque hay quien todavía no entiende el fenómeno, es hora de darse cuenta de que la estadounidense ha alcanzado el estatus de leyendas como Madonna o The Rolling Stones.

En los aledaños del Bernabéu ya se presagiaba que algo grande estaba a punto de suceder. Una nube de brillo, pulseras de la amistad e ilusión envolvía el recinto desde el Paseo de la Castellana hasta Concha Espina. Tras la actuación del telonero Paramore, un enorme reloj proyectó la cuenta atrás y pocos minutos después de las 20 llegó un éxtasis que se alargó hasta bien pasadas las 23.00 horas. Solo un "hola" al empezar su repaso del disco Lover fue suficiente para desatar un torbellino de gritos que recorrió el estadio y se repitió cuando Swift prometió no dejar pasar tanto tiempo hasta volver a España, porque han pasado 13 desde que aquella artista recién llegada actuó en el Palacio de los Deportes.

La producción todavía deja bocas abiertas: un enorme escenario que tapaba el fondo sur y se alargaba en una pasarela casi hasta el final de la pista con varias trampillas utilizadas para los cambios de vestuario y cuyas luces seguían los movimientos de la artista y sus bailarines. En el centro, el rombo conocido como diamante del que salían plataformas para darle más espectacularidad al show. Y aunque la última luz del día deslució el color, las pulseras LED le añadieron magia.

En el repaso a su carrera no faltaron canciones de su disco de pop country "Fearless", un álbum que rompió varios récords y superó a algunas de las grandes estrellas del pop de la época. De la era "Red" destacó la versión original de All Too Well, con una duración de 10 minutos que los fans reprodujeron palabra por palabra sin contener la respiración, además de regalar su sombrero a una de sus fans más jóvenes durante la interpretación de 22. Ni el calor abrasador de Madrid pudo silenciar a un público completamente entregado y extasiado con el repaso Reputation y su espectacular puesta en escena. A pesar de la buena acústica del recinto, en ocasiones resultaba difícil oírla cantar.

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La espectacularidad del Bernabéu durante la interpretación de "August"

Tras dos horas llegaría la tregua gracias a las baladas de "Folklore" y "Evermore" pero no se engañen, el estadio no dejó de rugir ni un minuto. Fue precisamente aquí donde se produjo uno de los momentos más emocionantes de la noche: tras tocar al piano Champagne Problems, comenzó una ensordecedora ovación de casi tres minutos de duración con la que el estadio se vino abajo. Circulan imágenes del momento, pero ninguna hace justicia al estruendo que provocó en directo el ruido de un público entregado y que solo terminó cuando la protagonista cogió el micrófono para dar las gracias emocionada.

Tras el piano y la guitarra llegó el momento de volver a bailar sin fin con sus temas más comerciales hasta la fecha: "Style", "Shake It Off" o el momento de "Bad Blood" con varias espirales de fuego que emanaban del escenario y cuyo calor llegó hasta el cuarto anfiteatro. Un momento de completa fiesta que en algunas ciudades como Inglewood (California) o Lisboa ha llegado a provocar actividad sísmica. Cuando se habla de ella como terremoto no se exagera.

La fiesta estaba a punto de llegar a su fin con la interpretación de canciones sorpresa como "Sparks Fly" o los nuevos temas del álbum The Tortured Poets Department, que ya ha batido todos los récords de reproducción en plataformas. Pocos segundos duró la única decepción de la noche: mientras cantaba "Snow On The Beach", una trampilla se abrió tras el piano mientras los fans gritaban enloquecidos esperando la presencia de Lana del Rey, coautora de la canción. Consciente de lo que estaba sucediendo, Taylor disipó todas las dudas: "Lo siento, chicos. Sólo estoy yo".

Su puesta en escena de "I Can Do It With a Broken Heart" entre baile y plumas al más puro estilo Brodway confirmó que su versatilidad es lo que la ha llevado a la cima.

Cerca de la medianoche, como si no estuviera planeado (aunque nada en el trabajo de Taylor Swift es casualidad) puso el punto final con la era "Midnights", un derroche de sensualidad y baile que culminó en una nube de confeti y el brillo de los fuegos artificiales.

Tres horas y media de puro espectáculo con la artista más versátil, trabajadora y entregada que se recuerda en años. Cuatro álbumes en cuatro años más tres regrabaciones, 146 fechas en los cinco continentes y una media de 60.000 fans por concierto certifican el fenómeno. Canta y baila, no se la pierdan.

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