
En una de sus entrevistas más crudas y reveladoras hasta la fecha, Fernando Tejero ha protagonizado el regreso del programa Lo de Évole este domingo 12 de abril. A sus 60 años, el actor cordobés asegura encontrarse en la plenitud de su vida, afirmando con serenidad que, por primera vez, está "encantado de conocerse" y se siente mejor que nunca. Sin embargo, para llegar a este estado de paz, el intérprete ha tenido que desgranar una biografía marcada por el abandono, la incomprensión familiar y los claroscuros del éxito masivo.
La trayectoria de Tejero está intrínsecamente ligada a hitos de la cultura popular española como la película Días de fútbol, que le valió el Goya al mejor actor revelación, y su icónico papel de Emilio Delgado en Aquí no hay quien viva. No obstante, el actor ha confesado a Jordi Évole que no estaba preparado para el "bofetón" de popularidad que supuso la serie de Antena 3. Su salto a la fama fue tan radical que alteró la percepción de su entorno: "La fama me llegó a cambiar el carácter por mi círculo de gente. La gente piensa que cambias tú, pero cambian ellos. A mi familia les tuve que sentar y decir 'sigo siendo yo', porque empezaron a mirarme de otra manera". Aquella explosión mediática fue tal que incluso la competencia intentó seducirlo con ofertas astronómicas. Según ha desvelado por primera vez, Telecinco le ofreció un cheque en blanco para abandonar su cadena original, revelando que el personaje que finalmente encumbró a Paco León en Aída estaba pensado inicialmente para él. Tejero rechazó la oferta por lealtad y por el miedo a enemistarse con la industria en sus comienzos.
El origen de la vulnerabilidad del actor se remonta a una infancia atípica. Con apenas nueve meses, sus padres lo dejaron al cuidado de sus tíos abuelos mientras su madre se recuperaba de una cirugía; lo que iba a ser una estancia temporal se prolongó durante catorce años. Tejero relata que este episodio, analizado años después en terapia, le dejó una huella indeleble: "Haciendo terapia me enteré de que a los nueve meses, aunque no te enteres de nada, sufres un abandono que te deja huella. Mis padres lo hicieron con la mejor intención, pero a mí me afectó". El trauma se agravó cuando, tras enfermar su tía de cáncer, tuvo que regresar a un hogar donde sus padres y hermanos eran, en la práctica, desconocidos para él, describiendo aquel retorno como un "hostión brutal".
La relación con su progenitor fue otro de los grandes lastres de su juventud. Trabajando en una de las pescaderías familiares, Tejero sufría el rigor de un padre con el que no existía comunicación alguna: "Con mi padre no había relación. Tenía cero comunicación. Si salía algo mal en la pescadería, el culpable era yo. Si tenía un mal día, lo pagaba conmigo. Me decía 'has hecho esto mal' o 'no sirves para nada'". Esta presión emocional retrasó su sueño de ser actor hasta los 30 años, cuando finalmente decidió soltar esa "mochila de piedras" y marcharse a Madrid a estudiar Arte Dramático.
A este complejo trasfondo familiar se sumó una juventud marcada por la represión de su identidad y el acoso. Tejero recuerda haber sufrido burlas y agresiones físicas por su orientación sexual, llegando incluso a forzar su voz para que sonara más grave y así evitar el "dedo acusador". El momento más traumático de su relato fue la confesión de una agresión sexual sufrida en la Sierra de Córdoba a manos del hermano mayor de un amigo. Bajo la amenaza de ser abandonado en el monte si no accedía a sus peticiones, el actor cedió por terror: "Me aterrorizó porque yo no sabía volver y si llegaba a mi casa diciendo que había hecho esto, a lo mejor me pegaban. Llorando, le masturbé".
Sobre su vida sentimental y su salida del armario, Fernando Tejero se ha mostrado tajante. Ha denunciado la hipocresía de ciertos compañeros de profesión que le señalaron por sus relaciones con hombres más jóvenes, defendiendo que se trataba de vínculos consensuados. Asimismo, reveló las presiones económicas que sufrió para hacer pública su homosexualidad: "En su día me ofrecieron mucha pasta por salir del armario públicamente. Yo no quería hacer negocio con eso. Lo máximo que me ofrecieron fueron 150.000 euros".
Tejero recordó haber rechazado a colaboradores de programas de crónica social sugiriendo irónicamente que fueran otros presentadores quienes dieran el paso primero. Finalmente, decidió compartir su realidad con la periodista Pepa Bueno por pura sintonía personal, describiendo el momento como una auténtica liberación. Hoy, lejos de las imposiciones externas, el actor concluye que, aunque compartir la vida es hermoso, "el aprendizaje de disfrutarse a uno mismo es algo que no tiene precio".

