
La visita de Macarena Gómez a El Hormiguero este martes no solo sirvió para presentar su último proyecto cinematográfico, ¿Cómo hemos llegado a esto?, sino para dar visibilidad a la misofonía, una afección neurológica que la sumerge en estados de profunda ansiedad ante sonidos que para el resto de la población resultan imperceptibles o, como mucho, irrelevantes. La intérprete de La que se avecina fue rotunda al definir su situación: "Sí, eso es duro, duro... me molestan los sonidos".
La conversación arrancó cuando Pablo Motos, con su habitual tono directo, introdujo el tema: "Tienes otra tara y es que tienes misofonía". Lejos de tomárselo a mal, Gómez aprovechó para explicar la dimensión psicológica de este rechazo selectivo. "Los sonidos cotidianos que cualquier otra persona ni percibiría, no les molestan, a mí realmente me provocan mucha ansiedad y mucho malestar", confesó la actriz, detallando que no se trata de una simple manía, sino de una reacción emocional incontrolable que puede derivar en ira o una incomodidad extrema.
A medida que avanzaba la entrevista, Macarena Gómez fue desgranando el catálogo de ruidos que actúan como detonantes de su malestar. Cuando el presentador le preguntó por gestos repetitivos como el golpeteo rítmico de un pie contra el suelo, la actriz reaccionó de inmediato: "¡Uf, no, no puedo, la patita no!". Sin embargo, la lista de estímulos insoportables es mucho más extensa y tecnológica de lo que parece. "Ni cuando teclean el móvil con el WhatsApp, el teclado del ordenador... todo eso me pone nerviosa", admitió, señalando que el chasquido constante de las teclas es una fuente de tortura silenciosa en entornos de trabajo o transporte público.
En otros momentos de la charla, y ante las preguntas de las hormigas sobre sonidos corporales, la actriz matizó sus fobias. "Eso no me molesta tanto, pero cuando comes patatas en el tren...", dejó caer, evidenciando que el crujido de los alimentos y el roce de los envoltorios son disparadores clásicos de su misofonía. De hecho, Macarena Gómez relató una anécdota especialmente ilustrativa sobre lo que sucede cuando su paciencia llega al límite en un vagón de tren.
La actriz recordó a un pasajero que vestía un abrigo de un material sintético especialmente ruidoso: "Hubo una vez que, en un tren, uno iba con un abrigo de este material que hace mucho ruido, como de plástico. Se iba moviendo y hubo un momento en el que le dije: 'Perdone caballero, ¿puede dejar de moverse que el ruido me molesta?'. Y me miró con una cara...". La situación no terminó ahí, ya que el pasajero, ajeno al tormento sensorial de Macarena Gómez, buscó otra distracción que resultó ser igual de dañina para sus oídos. "¡Y después empezó a pasar las páginas del periódico! El ruidito me molestaba, se lo dije y también me miró de una forma...", sentenció la actriz, reconociendo que es consciente de lo extraño que puede resultar su comportamiento para los demás, pero que la intensidad del malestar físico que siente la obliga a intervenir.
Además de los ruidos ambientales, Macarena Gómez profundizó en cómo esta hipersensibilidad afecta a su entorno más cercano y a su capacidad de concentración. "Es un rechazo o intolerancia a sonidos específicos", explicó, reiterando que la misofonía no tiene que ver con el volumen del sonido —no es que escuche "más fuerte"— sino con la interpretación que su cerebro hace de ciertas frecuencias o ritmos. Esta particularidad convierte actos tan sencillos como compartir un despacho o viajar en transporte público en un desafío de resistencia emocional para la actriz, quien expuso su realidad con absoluta naturalidad ante la audiencia.



