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Los invitados de Broncano, cansados del sexo y el dinero: "Es muy poco elegante"

Los actores se plantan ante las preguntas de sexo y dinero en el programa de La 1 durante la promoción de su última película.

Los actores se plantan ante las preguntas de sexo y dinero en el programa de La 1 durante la promoción de su última película.
David Broncano. | RTVE

El paso de Maxi Iglesias y Margarida Corceiro por el plató de La Revuelta, presentado por David Broncano, ha dejado al descubierto las costuras de un formato que, a pesar de su reciente renovación por dos temporadas en la televisión pública, empieza a dar síntomas de un evidente agotamiento en sus contenidos. Los actores acudieron al espacio para promocionar la película Todo lo que nunca fuimos, la esperada adaptación cinematográfica de la novela superventas de Alice Kellen. Sin embargo, la promoción de la cinta quedó relegada a un segundo plano ante el empeño del presentador por estirar un espectáculo previsible y repetitivo.

La intérprete portuguesa de veintitrés años, que acoge aquí el primer papel protagonista de su carrera tras una década como modelo y actriz en su país natal, acudió acompañada de su compañero en la película. Aunque la noche empezó evidenciando la buena sintonía con el presentador, la frescura y naturalidad de la pareja de invitados se topó frontalmente con el inamovible guion de las llamadas preguntas clásicas: '¿Cuánto dinero tienes en el banco?' y '¿Cuántas veces has practicado sexo en los últimos 30 días?'.

Iglesias eludió con elegancia dar detalles sobre sus relaciones sexuales en el último mes, argumentando que prefería quedar de soso antes que "de flipado", especialmente en un momento profesional en el que la industria empieza a tomarlo en serio como galán —y para evitar alimentar los rumores de su relación con Aitana Sánchez-Gijón—. Su compañera de reparto no dudó en apoyar este planteamiento y lanzó un sutil reproche directo al conductor del espacio al calificar de "muy poco elegante" el hecho de preguntar esas intimidades en la televisión pública.

Lejos de la frescura de sus inicios en la televisión de pago, el espacio de La 1 se ha asentado en una cómoda posición de segundón frente a El Hormiguero de Antena 3, mientras su propuesta de entretenimiento sufre una visible desintegración de contenidos. Las entrevistas actuales se limitan a un intercambio inconexo de bromas, la colocación superficial de la carátula de la película de estreno y el obligado peaje de indagar en el patrimonio bancario o la frecuencia sexual de quienes se sientan en el sofá.

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Los invitados se plantan

La rebelión de figuras como Maxi Iglesias y Magui Corceiro se suma a una lista cada vez más larga de desplantes que empieza a preocupar seriamente al equipo de producción. Para maquillar este rechazo y disimular la decadencia de sus secciones estrella, los guionistas se han visto obligados a introducir una baraja de cartas con preguntas alternativas, un parche que no consigue ocultar que la fórmula original está agotada.

La reciente visita de los protagonistas de la película Todo lo que nunca fuimos ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre los límites de la edición y el verdadero control editorial en los programas de la corporación pública. Durante la entrevista a Maxi Iglesias y Margarida Corceiro, quedó patente que la negativa de los artistas a responder a las preguntas sobre dinero y sexo no es un hecho aislado, sino una tendencia al alza que ha obligado al presentador a admitir prácticas de postproducción controvertidas.

Ante la firme postura de los actores, se recordó que el equipo no duda en editar la grabación y eliminar las respuestas de aquellos invitados que se plantan o cuyas contestaciones no encajan con las expectativas del show. El propio conductor del espacio ha justificado estos cortes asegurando que lo hacen casi todos los días cuando la gente responde "cosas que no van a ningún sitio". Esta política de edición contrasta con la rigidez con la que se intenta someter a todo tipo de perfiles a las mismas cuestiones incomprensibles o incómodas, un patrón que ya provocó momentos de alta tensión en el pasado con figuras como Mariló Montero, quien aprovechó su intervención para criticar abiertamente el sesgo de la cadena antes de que el presentador intentara desviar la atención hacia los temas sexuales y económicos de siempre.

La lista de profesionales que han plantado cara a estas dinámicas demuestra que el descontento con el tono del programa afecta a creadores de muy diversa índole. Actores como Amaia Salamanca y Eduardo Noriega cortaron en seco las preguntas clásicas durante la promoción de La ahorcada; mientras ella respondió de forma escueta y seria, Noriega confesó abiertamente el apuro que le suponía abordar esos asuntos íntimos en un espacio que ven menores de edad de su entorno cercano.

En una línea similar se posicionó Michelle Jenner, quien defendió la necesidad de conservar el misterio sobre su vida privada, dejando al presentador sin el titular buscado. Incluso perfiles más conocidos de la comunicación como Jordi Hurtado o el ilusionista conocido como el Mago Pop se han negado a desvelar su patrimonio o su actividad íntima.

Mientras los invitados ya no dudan en plantarse, el formato se resiste a abandonar unas preguntas que hoy generan más bochorno que sorpresa.

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