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Casa Botín, el restaurante madrileño que unió a americanos y soviéticos en plena Guerra Fría

Es el restaurante más antiguo del mundo por el Libro Guinness de los Récords. Sus paredes rebosan historia y anécdotas.

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Su fachada de ladrillo, sus puertas y ventanas de madera ya son historia viva de Madrid y de España. El restaurante Casa Botín no está entre los más vanguardistas del mundo, uno de esos locales donde el concepto de la gastronomía molecular es lo más buscado, ni tampoco en su cocina de 1725 se guisa con nitrógeno líquido. Ni falta que hace. Su esencia inamovible se fundamenta en su estilo tradicional, conservado con mimo y cariño durante siglos y que atrae a castizos y no tanto, turistas o curiosos por miles. Y es este empeño lo que ha hecho que Botín de a conocer España, más en concreto la gastronomía castellana y Madrid, por todo el mundo.

Su historia

Es en 1725, en plena calle Cuchilleros, en el Madrid de los Austrias donde estableció su negocio (una primitiva fonda española), un cocinero francés llamado Jean Botín, que llegó a Madrid junto con su esposa, de origen asturiano.Tras la muerte de los Botín, el negocio pasó a un sobrino de la esposa, Cándido Remis, que abrió una pequeña posada en lo que sería el actual restaurante Sobrino de Botín.

Ya en el siglo XX, el restaurante Botín llega a manos de sus actuales propietarios: la familia González. En ese momento, sólo la entrada y el primer piso estaban dedicados al restaurante; la bodega era utilizada como almacén y el segundo y tercer piso eran la vivienda particular de la familia. Actualmente, el negocio está regentado por la tercera generación González: Antonio, José y Carlos. Como dato curioso, el negocio ostenta el título de restaurante más antiguo del mundo, abierto de forma ininterrumpida, otorgado por el libro Guinness de los Récords.

Carlos González, director económico de Botín es el encargado de ser el guía particular para conocer las tripas de este genuino restaurante y sus anécdotas más sonadas.

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Carlos González, director económico de Botín.

En el interior del restaurante

La primera impresión al entrar en Botín es curiosa. Para los aficionados a las series de televisión, traspasar su estrecha puerta es como trasladarse a otra época, como si de una de las puertas del Ministerio del tiempo se tratara. La decoración, el ambiente y sobre todo el olor dirigen la mirada hacia su cocina donde se mantienen los medios antiguos: el horno de leña de encina, alma de la casa y la cocina de carbón del siglo XIX.

La última reforma del restaurante se realizó en el siglo XIX. "Antiguamente no había un concepto diferenciado de restaurante, era pastelería, comedor y también se podría considerar un precursor del concepto ‘take away’, es decir, comida cocinada para llevar". En Botín también se ofrecía alojamiento, una especie de posada con varios servicios que daba de comer y de beber.

Esta leyenda viva de la gastronomía mundial puede presumir de tener una verdadera parroquia de fieles que perdura de generación en generación, "tenemos una serie de familias fijas que vienen desde hace mucho tiempo a Casa Botín y es algo muy bonito porque esas familias tienen vinculada su historia personal, sus celebraciones, a la del restaurante".

La etapa de la Guerra Fría, no tan fría

Bajando por la centenaria escalera que lleva a la antigua bodega, actualmente reconvertida a salón comedor, Carlos suelta otra pincelada de historia, esta vez sobre la Guerra Fría, ya que durante este periodo en el restaurante se congregaban tanto americanos, como soviéticos. Era un rincón donde "la hospitalidad unía". "Para mi padre lo importante era la hospitalidad y tratar con el mismo cariño a todos". Se podría decir que el cochinillo y la gastronomía castellana derretía el hielo, al menos por unas horas, que separaba a los americanos y soviéticos.

A partir de 1975 comenzaron a llegar diplomáticos rusos a la casa. El primero fue Sergei Vogomolov, primer embajador soviético que visitó el restaurante, según cuenta nuestro guía. En aquella época confraternizaban ambos bandos en las mesas del restaurante olvidándose por unas horas, con ayuda posiblemente de un buen Rioja, de sus diferencias.

La larga lista de celebridades, famosos y personalidades

El restaurante Botín siempre atrajo a muchas celebridades del mundo del cine o las letras. Las memorables menciones en los escritos de Ernest Hemingway, (quien tuvo un especial vínculo con Botín y sus propietarios), sobre todo en su libro Fiesta, otorgaron a Botín la categoría de referente de la comida y la fiesta española, "continuamente estamos recibiendo famosos para comer o cenar" comenta Carlos intentando recordar la larga lista, aunque no quiere decir nombres, sí afirma que son muchos los que disfrutan actualmente de la gastronomía castellana su casa

Es célebre la historia de la actriz Ava Gardner y su fervor por el restaurante madrileño, durante el rodaje de La Condesa Descalza, y algunas de las fiestas a las que asistía en el restaurante, "bailando sobre las mesas" como colofón final. Pero también pasaron por sus salones famosos nacionales e internacionales como Charlton Heston, la duquesa de Alba, Neil Amstrong, Tony Curtis, Tom Jones, Chuck Norris, Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones o Jacqueline Kennedy.

"De tarde en tarde venían los Reyes Eméritos y se colocaba una mesa redonda para ellos y sus acompañantes en uno de nuestros salones". A pesar de la sorpresa que podría producir en el resto de comensales, el restaurante no cerraba la sala ya que "les gustaba estar mezclados con la gente".

Grandes de la literatura rendidos a Botín

Muchos escritores no han podido resistirse a los encantos de este mítico restaurante y sus manjares. Americanos como Truman Capote o Ernest Hemingway se sentaron a comer sobre sus manteles, con tan buena experiencia, que este último terminó su obra Fiesta en uno de sus salones. Casa Botín también ha conseguido perdurar por siempre en maravillosos párrafos de las obras de Graham Greene, Indalecio Prieto, Frederick Forsyth o Benito Pérez Galdós, entre otros.

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