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Chernóbil después de 'Chernobyl': un destino turístico improbable, pero en auge

"Escalofriante, pero altamente recomendable", así es Chernóbil, un destino turístico en alza que ya se beneficia del éxito de la serie de TV.

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Chernóbil después de 'Chernobyl': un destino turístico improbable, pero en auge
Cartel de bienvenida a la entrada de Chernóbil. | Clay Gilliland

Como quizá nunca lo había sido el cine, o como mucho en contadas ocasiones, las series de televisión se han convertido en grandes promotores o incluso creadores de destinos turísticos. Varias zonas de España lo han vivido con Juego de Tronos: San Juan de Gaztelugache —Rocadragón— o Cáceres —Desembarco del Rey— pueden dar buena cuenta de cómo se han llenado de fans deseosos de conocer el escenario real de los paisajes o las ciudades vistas en la pantalla.

Y por supuesto el fenómeno no se limita a nuestro país: la propia Juego de Tronos o Vikingos son ahora reclamos de primera en distintos lugares de Irlanda; Croacia también ha sido destino de los fans de la serie basada en los libros de George R. Martin e incluso ciudades como Birmingham han creado tours alrededor de otra exitosa serie, en este caso Peaky Blinders, por poner sólo unos ejemplos.

Sin embargo, lo que sí podría pensarse que es un reto imposible es llevar viajeros al epicentro de una catástrofe de proporciones gigantescas, en una zona en la que no se puede habitar de forma estable y gracias a una serie a mitad de camino entre el docudrama, el género histórico y político y el terror.

"Un 150% más de reservas"

Y eso es lo que parece que ha conseguido, junto con otras muchas cosas, Chernobyl, la miniserie de HBO que ha sido una de las sensaciones del año y que ,según varias empresas con las que ha contactado Libertad Digital, están detectando una subida notable en las cifras de viajeros a Chernóbil en las últimas semanas o meses: "Estamos notado gran incremento, en cuanto a nivel de llamadas y reservas", nos dice Sonia Triviño, Directora de Marketing de Politours. Un dato que nos confirma Ivanka García, directora del Departamento de Guías de Civitatis, que nos comenta que sus excursiones a Chernóbil "ya se vendían antes, pero ahora están funcionando mucho más".

Contactamos también con, Michal Krajcír, de Chernobyl Welcome, una empresa especializada en tours en la zona de exclusión alrededor de la central que asegura que "poco a poco España se está convirtiendo en uno de nuestros mayores mercados en Europa". Desde su empresa cifran el crecimiento en reservas para las próximas semanas o meses en un 150%, desde países tan distantes como Gran Bretaña, Alemania, Eslovaquia, Francia, Estados Unidos, Canadá y, por supuesto, España.

Lo más habitual son viajes de uno o dos días, normalmente desde Kiev —donde los viajeros pasan entre tres y cinco— o como parte de circuitos que recorren Ucrania. En ocasiones la estancia en la capital del país se combina con otras visitas o actividades relacionadas de un modo u otro con la extinta Unión Soviética: se puede visitar el subsuelo de la ciudad, disparar un kalashnikov —el famoso AK 47—, montar en un tanque o incluso ver un silo de misiles nucleares en desuso.

¿Es peligroso visitar Chernóbil?

Hagan la prueba con su familia o en su trabajo: anuncien que van a hacer un viaje a Chernóbil y comprueben la alarma que se genera con sólo mencionarlo. Pero, ¿está justificado ese miedo? Lo cierto es que no: tal y como nos dice Sonia Triviño la verdad es que "la radiación recibida no es mayor a la que se puede recibir en un vuelo de 2h y media y en realidad no hay peligro grave para la salud en una visita de unas horas". Michal Krajcír nos explica por qué es posible visitar la zona, aunque aún no lo sea vivir allí permanentemente: "Durante la época soviética se pensaba que la gente iba a volver a ambas ciudades, por eso tanto Chernóbil como Prípiat fueron descontaminadas".

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La radioactividad es más alta frente al antiguo reactor | Roman Harak/Wikipedia

Por supuesto, "hay zonas en las que la radiación es más alta", pero los tours las evitan y también hay una serie de normas en las que todos coinciden: no tocar nada con las manos y, por supuesto, no llevarse ningún objeto, usar camisas de manga larga y pantalones también largos para que parte de la radiación se quede en la ropa en lugar de en la piel… Y además todos los viajeros llevan un contador Geiger para medir la radiación que en realidad es también parte del encanto de la experiencia.

¿Por qué viajar a Chernóbil?

Más allá del magnetismo que, a su extraño modo, pueda ejercer la serie de HBO, ¿qué impulsa a los viajeros a visitar un lugar que ni destaca por su belleza natural ni por sus monumentos? Nuestros interlocutores a varias razones: "Allí se puede palpar la historia —dice Sonia Treviño—, estar en el epicentro de una catástrofe que todos hemos conocido en mayor o menor medida".

Para Michal Krajcír "buscan aventura, un viaje no tradicional en el que se experimentan cosas muy poco convencionales", aunque también habla, por supuesto, de la posibilidad de "aprender más sobre lo que ocurrió hace 33 años y entender mejor toda la historia".

Sin embargo, Ivanka García pone el énfasis en algo que va más allá de la historia: "Hay una parte estética", nos comenta hablando de la fotogénica mezcla de lugar abandonado y estética soviética que se encuentra en las dos ciudades, además de que ella cree que a muchos les atrae algo tan aparentemente peligroso como "estar en una zona con radioactividad".

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Juguetes abandonados | Clay Gilliland/Wikipedia

Una vez allí todos coinciden en que, por regla general, el comportamiento de la gente que visita Chernóbil es correcto y respetuoso, por lo que parece que las excepciones de gente posando como si aquello fuese una pasarela son sólo eso: excepciones.

Finalmente, ¿qué piensan los viajeros al volver? La respuesta es unánime: "Las críticas son muy buenas" nos dicen, incluso hay "mucha gente que repite porque quiere explorar más, conocer más", nos explica Michal, "muchos lo recomiendan al volver a sus países", asegura.

Y es que si se puede que resulte sorprendente y a muchos les generará miedo o rechazo, pero esa mezcla de sensaciones y de intereses que proporciona Chernóbil sí parece un menú que resulta atractivo para más y más gente, especialmente en un mundo en el que cada día resulta más difícil encontrar destinos originales y nuevos. Al fin y al cabo, de muy pocos lugares se puede decir que "es escalofriante, pero altamente recomendable", como nos dice Sonia Treviño en una inmejorable definición de un lugar que parecía destinado a que nadie pudiese volver a entrar, que quizá fuese la más improbable de las visitas turísticas, pero que se ha convertido en un destino en auge y, tras el éxito televisivo, parece que aún lo va a ser más.

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