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Patones y Buitrago del Lozoya, dos pueblos del norte de Madrid para olvidarse de Madrid por un día

Dos pueblos tranquilos, escondidos entre bosques y montañas, ideales para escapar del estrés y el ajetreo de la gran ciudad.

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Dos pueblos tranquilos, escondidos entre bosques y montañas, ideales para escapar del estrés y el ajetreo de la gran ciudad.
Qué ver en Patones y Buitrago del Lozoya, dos pueblos únicos del norte de Madrid

El norte de la Comunidad de Madrid esconde verdaderas joyas rurales que bien merecen una visita para huir, por unas, horas del mundanal ruido de la capital del Reino de España. Patones y Buitrago del Lozoya son dos ejemplos de este tipo de pueblos con encanto que hay que visitar, desde Madrid, o desde cualquier punto de la geografía española.

Patones es un escondido municipio español situado al nordeste de la Comunidad de Madrid, a 40 minutos por la carretera de Burgos. Su población se reparte de forma desigual entre las localidades de Patones de Arriba, anclado en otra época manteniendo su arquitectura tradicional, y Patones de Abajo, enclavado en una planicie y en el que se desarrolla casi toda la vida comercial y social. Patones de Arriba es uno de los más representativos ejemplos de la arquitectura negra que se desarrolla en la Sierra de Ayllón. Debido a su patrimonio en buen estado de conservación fue declarado Bien de Interés Cultural y es uno de los centros de turismo rural más importantes de la Comunidad de Madrid. Patones de Abajo está situado cerca de otro pueblo con buena presencia y mucho más poblado, Torrelaguna, donde encontrar un buen ambiente para quienes quieran comer o cenar algo.

Patones de Arriba

Al llegar a la entrada del pueblo nos recibe la vista de un enorme tubo por donde discurre el agua del Canal de Isabel II, una estructura fea y aparentemente abandonada que desentona con lo que veremos pocos metros más arriba, al entrar en el que para muchos es un pueblo de cuento de hadas. El acceso con vehículos está prohibido, excepto para residentes, y en el pequeño aparcamiento que queda a la izquierda, en dirección al pueblo se puede aparcar el coche sin problema.

Dada la fama que tiene Patones entre los madrileños y las provincias colindantes a la Comunidad de Madrid, a la hora de plantearse una escapada a este bello municipio es importante saber que en fin de semana es un hervidero de turistas y un trasiego de coches que van llegando después de recorrer la escarpada carretera regional que se encuentra, con algo de dificultad, después de atravesar Patones de Abajo.

Lo ideal es llegar al pueblo a primera hora de la mañana para poder aparcar sin problemas, aunque el viejo y desgastado camino que sube hacia lo alto del cerro es utilizado, en ocasiones, como aparcamiento los días de más afluencia de público. Los fines de semana suele ser regulado su acceso en coche. Para quienes no quieran madrugar tendrán la opción de aparcar en Patones de Abajo y subir andando (son apenas treinta minutos, eso sí, en cuesta).

Al acercarnos a la entrada del pueblo nos damos cuenta de su arquitectura de otro tiempo donde la pizarra negra lo domina todo. Un cartel informativo indica a la entrada que hubo reyes del pueblo, título que era hereditario, hasta que en 1750 se pidió que empezara a haber alcalde. Ese mismo panel explicativo informa de un itinerario, que de seguirlo por completo nos ocupará no más de una hora, con muchas paradas para hacer fotos de sus rincones más bucólicos. Después de visitar la antigua iglesia de San José, que alberga el Centro de Iniciativas Turísticas, es el momento de empezar el recorrido que nos trasladará a un cuento medieval.

En Patones se puede contemplar las viviendas y construcciones tradicionales de la llamada arquitectura negra, de hecho, este pueblo escondido en lo alto de una montaña es uno de sus mayores exponentes. Este emplazamiento pudo tener su origen en un antiguo poblado ganadero levantado en el siglo XVI. En aquellos primeros años de vida de este pueblo las viviendas eran de una sola planta y no fue hasta varios siglos después que estas viviendas crecieron hasta tener dos plantas, muy similares a las que hoy se pueden ver al pasear por sus estrechas callejuelas.

Pero el verdadero artífice de la robusta y compacta belleza de sus casas apiladas entre sí ha sido el frío. De esa necesidad de protección ante las adversidades naturales se pone de manifiesto la estructura de estas edificaciones tradicionales, con pequeñas aberturas al exterior, puertas no muy grandes, tejados a dos aguas y unos grandes muros. Gracias a la incomparable belleza rural de estas casas centenarias en las que la pizarra y la madera son protagonistas, el casco urbano de Patones fue declarado en 1999 Bien de Interés Turístico Cultural, título que lo llevó a la fama hasta nuestros días.

Buitrago de Lozoya

Pocos kilómetros más al norte y a 75 kilómetros de Madrid capital, se encuentra Buitrago del Lozoya. Su privilegiada situación geográfica eleva a este pueblo a la categoría de uno de los más bonitos de la Comunidad, rodeado por el río Lozoya, en plena sierra. Las primeras referencias históricas de Buitrago se remontan a finales del siglo XI cuando la comarca fue reconquistada por las tropas de Alfonso XI. Durante la Edad Media y muchos siglos después la localidad mantuvo su importancia como enclave defensivo, hecho que propició el fortalecimiento de su defensa natural, el río, con una muralla que se ha conservado hasta nuestros días. Su conjunto histórico y monumental fue reconocido en 1993 y declarado Bien de Interés Cultural el casco antiguo de la Villa de Buitrago del Lozoya. Se sospecha que el muro original fue construido por los musulmanes o en los primeros tiempos de la conquista cristiana, entre los siglos XI y XII.

El lado sur de la muralla sólo es posible visitarlo en horario restringido y el acceso se localiza junto a la iglesia de Santa María del Castillo, templo que posee una torre campanario a la que se puede acceder por un módico precio de un euro por persona y las vistas del pueblo harán que merezca la pena subir su dificultosa escalera de espiral. La parte baja de la muralla puede ser recorrida libremente desde el Jardín Medieval o desde la Plaza del Castillo. En Buitrago del Lozoya también es destacable su casco histórico que se mezcla a la perfección con otras zonas de la ciudad más modernas desde la calle principal, llamada calle de la Tahona, que llevará al Museo Picasso, en la plaza del mismo nombre y situado en los bajos del Ayuntamiento. Este museo fue creado gracias a la donación de las obras que había atesorado Eugenio Arias, peluquero, gran amigo del genio de la pintura y cuya historia vital merecería un largo texto.

Otros puntos de interés de este maravilloso o pueblo madrileño son la Torre del Reloj medieval, localizada en la Plaza de la Constitución, con 16 metros de altura y planta pentagonal.

Es muy destacable el Castillo de los Mendoza, situado en el extremo sur del pueblo, actualmente está en proceso de rehabilitación por lo que la visita a su interior no es posible. De arquitectura mudéjar y forma casi cuadrada, fue la residencia del Marqués de Santillana y su familia y en él residió Juana de Portugal y su hija Juana la Beltraneja.

Buitrago y Patones forman parte de un conjunto de pueblos situados en la zona norte de la Comunidad de Madrid, en la ladera del Sistema Central, localización que se agradece por su buena temperatura en verano y sus espectaculares paisajes el resto del año. Ambas localidades pueden ser visitadas de forma individual, en un mismo día, o como un recorrido por la zona, plan al que se podría añadir Montejo de la Sierra como otro de esos pueblos tranquilos escondidos entre bosques y montañas que tanto nos gustan para escapar del estrés y el ajetreo de la gran ciudad.

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