
Cuando Martín Javier fue evacuado en enero de Wuhan y tuvo que regresar a España por la expansión de la covid, no se imaginaba que, meses después, el epicentro del coronavirus se convertiría en uno de los lugares más seguros para afrontar la pandemia. Pero ello implica condiciones: todo ciudadano en China debe instalarse en el teléfono móvil WeChat de forma obligatoria. La aplicación controla la ubicación y los contactos sociales de más de mil cuatrocientos millones de habitantes y determina a través de un semáforo de tres colores si cada usuario puede o no acudir a un evento, a un local o salir de casa.
Actualmente, el país se mantiene sellado al exterior. El gobierno no emite visados turísticos y, para pisar su territorio, es preciso pagar y pasar una cuarentena estricta de dos semanas en un hotel, además de realizarse diferentes pruebas PCR en aeropuertos, distritos y en su domicilio final. El ubetense Martín Javier atravesó este proceso en septiembre para regresar a Wuhan, donde trabaja como entrenador de fútbol. Para Martín, el uso de mascarillas es la principal prevención contra el virus "La vida aquí está totalmente normalizada" asegura, pero el control de la pandemia va mucho más allá en el gigante asiático. Su opacidad en muchos aspectos es una cuestión clave.
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