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Lugo: una ciudad sorprendente en la que el pasado y el futuro se miran cara a cara

Uno de los tramos más impresionantes de la muralla romana de Lugo.
Un paseo por la sorprendente Lugo

Resulta Lugo una ciudad cuyo carácter, más allá de la afabilidad que comparte con otras capitales de provincia, no es fácil de descubrir. Por un lado, está esa naturaleza de urbe modesta en cuanto tamaño, con no pocas tradiciones y usos que todo el mundo conoce y la mayoría respeta; por el otro, es también un lugar joven en el que el arte toma las paredes con una fuerza que transciende a casi toda Galicia.

Y por encima de todo, marcando una cara y otra, Lugo es sobre todo el lugar en el que se encuentra una maravilla, un milagro irrepetible de la historia, algo insólito y único, pues si difícil es conservar completamente una muralla medieval y hay tan pocas que hayan sobrevivido, imaginen una que sea mil años más antigua. Y esa es, por supuesto, la Muralla Romana de Lugo.

La Muralla Romana

Así que no nos queda más remedio que ir al tópico y a lo más conocido, que en esta ocasión es abrumador: la Muralla Romana que todavía rodea el centro histórico de Lugo. Los que me conozcan saben que nunca incluyo muchos datos en mis artículos y menos aún medidas físicas, pero creo que en esta ocasión debo romper mi propia norma: más de 2,1 kilómetros de longitud, entre 4,20 y 7 metros de anchura, 46 torres que se conservan además de restos de otras 39 y, antiguas o modernas, 10 puertas.

Los números impresionan, pero aún hay dos cosas que llaman más la atención cuando conoces la Muralla de Lugo y la primera de ellas es que se puede recorrer por completo su adarve y, de hecho, se ha convertido en el lugar preferido por los lucenses para pasear o hacer deporte mientras disfrutan de las mejores vistas de la ciudad. Es comprensible: ¿por qué otro sitio querrías caminar o correr en un día suave de primavera como el que nosotros tenemos la suerte de disfrutar en Lugo?

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Paseando por la Muralla de Lugo | C.Jordá

La costumbre está tan arraigada que, según nos cuentan, la gente incluso tiene interiorizado el recorrido de forma que se utiliza como unidad de medida: "Está a muralla y media" o "está a dos murallas" son frases con las que los indígenas señalan lo lejos o lo cerca que se encuentra un lugar al que se quiere ir.

La segunda es lo que podríamos denominar un estilo único que, para mi gusto, resulta tremendamente atractivo visualmente y, por supuesto, fotogénico: esa acumulación aparentemente casual de pequeñas piedras oscuras, casi negras a veces, rojizas cuando la luz del sol tiene la gentileza de acariciarlas… Miles, millones de piedras pequeñas que se amontonan con una habilidad sorprendente y que no dan esa impresión de resistencia que transmiten otras murallas… a las que la lucense supera en mil años de aguante.

Otros Lugos

La abrumadora presencia de la Muralla ha hecho que el resto de la ciudad pase algo desapercibida. Incluso la encantadora zona dentro del recinto amurallado es tan poco conocida como amable y llena de esa afabilidad provinciana de la que les hablaba y que resulta casi un bálsamo espiritual a los que llegamos de las ajetreadas capitales.

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La catedral de Lugo | C.Jordá

En esta zona está por supuesto la catedral, con una bonita fachada neoclásica que esconde en su interior una mezcolanza de estilos razonablemente armónica. Me gusta aún más la perspectiva desde la preciosa plaza de Santa María, una de las más bonitas de la ciudad.

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Mural elegido como el mejor del mundo en 2021 | C.Jordá

Pero también hay un Lugo distinto, que a la sombra de la Muralla sabe ser moderno y diferente y que puede presumir, por ejemplo, de una imponente colección arte callejero y de algunos murales espectaculares, entre ellos uno que fue elegido nada más y nada menos como el mejor del mundo y que ha logrado convertir la anodina pared de un aparcamiento en un notable reclamo turístico, además de en una obra de arte.

O el peculiarísimo Lugo del Barrio del Carmen, una especie de avanzada de la naturaleza en el centro de la ciudad en el que caminos de tierra recorren el espacio entre pequeños huertos en los que cualquier tarde todavía se puede ver a algunos lucenses trabajando la misma tierra que probablemente trabajaron sus abuelos.

Entre huertos y muros medievales de piedra y enredadera, también se cuela algún que otro mural que llena de colorido rincones que tienen un encanto especial, a medio camino de lo urbano y lo rural.

Como un gran símbolo de esta nueva Lugo que también es la de siempre, el enorme mural elegido como el mejor del mundo representa a un majestuoso Julio Cesar que mira la ciudad por encima de la muralla que hicieron construir sus sucesores al frente de Roma. No veo que se pueda explicar mejor la vocación de una urbe por reinventarse sin olvidar su pasado. Me dirán ustedes que quién querría olvidar un pasado así y es cierto, pero tampoco me negarán que hemos visto algunas cosas terribles y que lo más habitual, por desgracia, es no recordar ni asumir lo que se ha sido como una parte fundamental de lo que se es.

Un lugar en el que quedarse

A sólo cinco minutos de la Muralla el Hotel Mercure Lugo Centro es una excelente opción para conocer la ciudad. Inaugurado en plena pandemia, es un establecimiento muy cuidado en todos los sentidos y precios verdaderamente interesantes, ofrece habitaciones amplias y muy cómodas, zonas comunes agradables y elegantes e incluso detalles como un patio con un proyecto paisajístico extraordinario que parece transportarnos fuera de la ciudad.

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Habitación del Mercure Lugo Centro | C.Jordá

El conjunto se completa con el excelente restaurante Brasas Brancas en el que se puede disfrutar de una excelente gastronomía gallega –brillante tanto en la carne como en los mariscos– y, probablemente todavía más difícil de encontrar hoy en día, de un servicio de calidad excepcional.

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