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Mansiones y castillos de Irlanda: de Juego de Tronos a la vida de un lord, pasando por Led Zeppelin

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Irlanda del Norte, uno de los pequeños rincones más conocidos del mundo, ¿quién no ha oído hablar de Irlanda del Norte? ¿Pero de verdad es una región conocida? Yo creo que no: incluso apostaría que algunas cosas que hayan llegado a nuestros oídos –la Calzada del Gigante, por poner un ejemplo- tampoco las ubicamos en esta pequeña franja al noroeste de la república de Irlanda.

Una pena, porque quizá nunca la incluyamos en nuestros proyectos viajeros, pero también tiene su parte buena: aquel que se pase por allí se llevará una sorpresa mayúscula al descubrir una tierra bellísima, llena de gente encantadora –a pesar de su endiablado acento- y de lugares que vale la pena conocer además de la Calzada del Gigante que, sí, está en Irlanda del Norte.

Y algunos de sus atractivos son verdaderamente insospechados: en mi viaje a esta hermosa tierra tuve la suerte de conocer una preciosa colección de mansiones y castillos que me hicieron sumergirme en un ambiente de lujo y nobleza digno del más estiloso lord inglés, entre otras cosas.

Castillos legendarios

Empezaremos por recorrer un par de castillos de leyenda: lo es Carrickfergus Castle, en las cercanías de Belfast, que es además uno de los edificios medievales mejor conservados de Irlanda.

Carrickfergus está, como muchos castillos irlandeses, al borde del mar, protegido por las olas y las rocas que lo hacen prácticamente inexpugnable a un ataque terrestre que, de hecho, tiempo atrás era prácticamente imposible pues estaba casi completamente rodeado por el agua. Contra sus murallas se estrellaron, siglo tras siglo, diferentes clanes normandos y ejércitos escoceses, irlandeses, ingleses, franceses… tras una historia militar que duró más de siete siglos y acabó ya bien entrado el S XX.

Hoy es mucho más pacífico y en su sorprendentemente cuidado interior se puede ver una interesante exposición sobre su propia historia y sobre cómo era la vida de un castillo medieval, exhibición de armas incluida.

Dunluce Castle es otra cosa: su estado de conservación es deliciosamente ruinoso, pero una de esas ruinas que sería el deleite de un romántico. Está ubicado en el borde de un acantilado, en la que quizá es la zona más turística de Irlanda del Norte –cerca de la Calzada del Gigante, por ejemplo- y realmente resulta impactante.

Se puede recorrer su interior, o lo que queda de él, tranquilamente, con algunos puntos de información que nos dicen todo lo que es interesante leer pero que obvian –no es tan fácil seguir la pista de la modernidad- un detalle que encantará a muchos de sus visitantes actuales: en Dunluce se han inspirado los creadores de Juego de Tronos para lo que en la serie es el castillo de los Greyjoy, en las Islas de Hierro.

Otra curiosidad para mitómanos: la cercana Calzada del Gigante y el propio Dunluce Castle fueron usados para ilustrar la portada y el interior del disco Houses of the Holy de Led Zeppelin.

Mansiones: la casa del Lord

Nuestro periplo nos llevó también por una serie de mansiones que te permiten asomarte, entre otras muchas cosas, a lo que era –y en algunos casos sigue siendo- la vida de un auténtico lord. Una de ellas también está relacionada con Juego de Tronos: en Castle Ward se rodaron las primeras escenas que recreaban Invernalia –otra de las localizaciones de la serie, disculpen ustedes si no son espectadores- y una torre de la propiedad les recordará la entrada de lo que era la fortaleza de los Stark.

Pero si quieren ver un trono de verdad el sitio al que han de ir es Hillsborough Castle, la residencia oficial de la Familia Real británica en Irlanda del Norte. Como corresponde a su cometido la mansión está siempre preparada para la visita de un royal, podrán ver la mesa puesta, los recuerdos de la reina y fotografías de las muchísimas personalidades que la han visitado.

Además, si visitan Hillsborough estarán en uno de esos lugares en los que se escribe la historia: allí se desarrollaron muchos de los encuentros que desembocarían en los acuerdos de paz para Irlanda del Norte.

Las que más me gustan son, sin embargo, las mansiones en las que todavía vive una familia: es el caso de Glenarm Castle, construida en el S XVII precisamente por los nobles que abandonaron Dunluce Castle y que es todavía residencia de vacaciones y fines de semana de los vizcondes de Dunluce.

O el de Ballywalter Park, a cuyas puertas nos recibían Lord y Lady Dunleath, con quienes compartíamos mesa hablando de viajes y de algunas de las propiedades más famosas que tenía la familia –"como todos, teníamos un cuerno de rinoceronte"- nos dice con toda la naturalidad del mundo.

Son mansiones bellísimas, decoradas siglos atrás y mantenidas con un gusto exquisito, llenas de obras de arte y de objetos históricos como las sillas del Congreso de Viena que guarda otra de ellas, Mount Stewart. Son palacetes y jardines de otra época, que nos trasladan a un tiempo en el que los faisanes pasean tranquilamente por el gigantesco jardín inglés de Ballywalter.

Como ven, en Irlanda del Norte unos pocos kilómetros nos trasladan del presente a un pasado de ficción y a otro pasado que a nosotros, pobres que nunca fuimos lords, también nos resulta difícil de creer pero que no sólo es cierto sino que ha logrado, a su modo, llegar a nuestros días.

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