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Museos de Nueva York o razones para visitar la Gran Manzana (II, el MOMA)

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El MOMA, Museum of Modern Arts, es probablemente el museo de arte moderno más famoso del mundo y es uno de los grandes reclamos culturales de Nueva York. Cuando visité la ciudad llevaba poco tiempo abierto tras una intensiva renovación su sede en la calle 53 de Manhattan. El nuevo edificio es en sí mismo una muy interesante pieza de arquitectura diseñada por Yoshio Taniguchi que les recomendaría visitar aun cuando no tuviese en su interior una colección fantástica de obras de arte.

Fruto de esta remodelación es un jardín interior que es, sin duda, uno de los lugares con más encanto de Nueva York: un espacio tranquilo y relajante en el que uno puede sentarse o pasear entre obras de Rodin, Picasso, Calder... Era un lugar ideal en el que descansar un poco tras una visita que por su extensión e interés acaba resultando agotadora.

Además de este jardín el museo tiene las salas en las que puede verse una de las mejores colecciones de arte moderno del mundo, entendiendo por moderno el creado desde finales del siglo XIX y durante el XX. La exposición no es excesivamente extensa (aunque sí lo suficiente cómo para considerar al MOMA un gran museo también por su tamaño) pero creo que todas las piezas son de una calidad o un interés incuestionable.

Tiene representación de prácticamente todos los movimientos artísticos que se han ido sucediendo desde el impresionismo de Cezanne, Monet o Van Gogh, hasta lo mejor del cubismo de Picasso, pasando por el expresionismo abstracto de Pollock y Rothko o por estilos que me gustan menos (pero que también tienen su hueco en la historia del arte) como el pop o el surrealismo sin olvidar a otros nombres clave como Duchamp o Hopper.

Tres obras, tres autores, tres periodos

Mis recuerdos de las visitas que realicé al MOMA están dominados por tres grandes obras que me impresionaron de una forma muy especial. La primera de ellas (la colección se puede visitar siguiendo un orden más o menos cronológico) fue la Noche estrellada de Van Gogh.


Creo que el holandés más que un pintor es una fuerza de la naturaleza y un artista mucho más profundo que un simple creador de bellos paisajes. Su técnica es hasta tal punto prodigiosa que llega a hacer de un fondo monocolor una maravilla de detalle, como en el hermosísimo retrato de una Arlesiana.

Tanto esa técnica como su peculiar visión de la naturaleza llegan a un punto inigualable en esta famosa Noche estrellada, sin duda uno de los cuadros más bellos que
jamás se han pintado y que, contemplado de cerca, supone un placer difícil de igualar.

La segunda gran obra que me impactó fue Las señoritas de Avignon, un viejo conocido sobre el que ya había leído bastante y que debo haber contemplado mil veces en otras tantas reproducciones diferentes.

El placer que nos proporcionan las señoritas de Picasso es menos sentimental que el del cuadro de Van Gogh, más intelectual, por así decirlo, pero estando frente a ese lienzo tiene uno la sensación de estar presenciando un salto brutal en la historia del arte, de asistir en ese mismo momento a la creación de algo nuevo, pero con la ventaja de que sabemos la vital importancia que tuvo.

Además, aunque mucha gente no encuentra un goce estético en Picasso, a mí sí que me parece que este es un cuadro singularmente bello, más allá de la revolución artística y la genialidad intelectual que encierra.

Por último, no puedo olvidar las impresionantes obras de Pollock que ocupaban una gran sala en la que estuve un buen rato.
Creo que Pollock y Rothko son la abstracción más pura y más interesante del S XX. Ante cuadros como los suyos la gente suele preguntarse por un significado que sería imposible discernir y que, desde mi modesto punto de vista, no tiene ninguna importancia, ya que son obras más pensadas para transmitir sensaciones que conceptos.

Por otra parte, también suelen ser criticados porque, aparentemente, no tienen la complejidad técnica de una obra figurativa, pero se olvida la dificultad de crear un lenguaje tan personal como el de estos pintores y explorarlo con tanto acierto.

Si alguno de ustedes quiere acercarse a ellos sin prejuicios y entrar en su mundo, los grandes cuadros de Pollock en el MOMA serán una excelente oportunidad, siéntese frente al One: Number 31, mírelo y espere a ver que pasa.



MÁS INFORMACIÓN

Página web del MOMA
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El MOMA en la wikipedia en español y en inglés.
En este mismo blog: Museos de Nueva York o razones para visitar la Gran Manzana (I, el Metropolitan).
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