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Una ciudad diferente, llena de encanto y que deberías poner en tu radar turístico: Vilna

La 'frontera' entre el barrio de Uzupis -autoproclamado república independiente- y el resto de la ciudad.
Vilna, un paseo por la encantadora capital de Lituania

Cuando por fin logro salir de su interior un tanto laberíntico, el aeropuerto de Vilna desde fuera me parece más una estación de tren que el aeródromo de una capital europea. Aún no lo sé, pero de alguna forma esa fachada modesta y hasta anticuada me está preludiando lo que luego me encontraré en la ciudad: una cierta sobriedad y una ausencia de grandeza que le dan también su carácter a la principal urbe de Lituania.

Pero no me malinterpreten: todo lo que no tiene Vilna de espectacular, grandiosa o epatante lo tiene de encantadora y acogedora, cualidades que la hacen, junto con algunas cosas más que voy a contarles, un destino más que recomendable.

La Ciudad Vieja, que es bastante vieja…

La Ciudad Vieja, que es la parte más antigua, no es demasiado grande, pero está extremadamente bien conservada y muy cuidada. Son calles de edificios elegantes que suelen esconder unos patios sencillos no tan elegantes como adorables, a pesar de que muchos de ellos son ahora el garaje de los vecinos.

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Plaza de Vilna | C.Jordá

Aquí se concentran la mayor parte de los monumentos significativos de la ciudad, sobre todo una colección más que notable de iglesias barrocas fruto, como en realidad casi todo ese centro histórico, de la destrucción de la ciudad durante la Guerra de los 30 Años: en la que fue prácticamente arrasada de forma que hubo que construirlo todo de nuevo, también los templos y más en un país que era muy religioso y, por cierto, lo sigue siendo: en mi paseo la mañana del domingo entré en varias en las que se estaba celebrando la misa y estaban abarrotadas como ya no se ve en España.

Prácticamente el único monumento relevante anterior a esa época barroca es la bellísima iglesia de Santa Ana, gótica pero hecha de ladrillo, como es típico del Báltico, pero de un estilo mucho más audaz que sus primas del norte de Alemania. Muy original, no se la pueden perder.

La Catedral también les llamará la atención, aunque es algo más anodina: de un neoclasicismo severo lo que más me gusto fue su campanario exento y muy alto, pintado de blanco como el propio templo con el que forma un conjunto curioso y en el fondo no muy armonioso.

En esta área, que por cierto es Patrimonio Mundial según la UNESCO, está tambiénel antiguo barrio judío del que todavía quedan algunos recuerdos: una sinagoga que no tuve tiempo de visitar, casas que se supone que eran de familias de la floreciente minoría hebrea lituana y una memoria que trata de recuperarse en los últimos años y hasta se hace con reconstrucciones virtuales de edificios.

… Y la ciudad nueva, que no es muy nueva

La segunda zona más antigua de Vilna es la llamada Ciudad Nueva, pegada a la Ciudad Vieja y un poco más descuidada, pero de una forma en la que no resulta un área degrada sino más bien un conjunto elegantemente decadente.

Creada cuando la ciudad y el país eran parte del imperio ruso, tiene alguna de las calles más conocidas y paseables de la ciudad como la avenida de Gediminas, que sale de la plaza de la ciudad y está llena de edificios elegantes, cafés modernos y tiendas de ropa de marcas conocidas.

Vivir junto al río Vilnia

"Todo el mundo tiene derecho a vivir junto al río Vilnia", reza el primer artículo de la concisa Constitución de Uzupis, un barrio separado por este poco más que arroyo del centro de la ciudad y en el que a finales del siglo pasado se declaró una república independiente de broma, por decirlo de alguna forma: un espacio bohemio que quiso ser un Montmartre lituano y por un tiempo se llenó de artistas y bohemos.

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Un rincón de la 'República de Uzupis' | C.Jordá

Hoy conserva parte de ese encanto e interés pero le ha pasado lo que, supongo, le ha ocurrido también a muchos de sus habitantes originales: ahora es más bien un entorno de clase media-alta o directamente alta, con precios muy caros para la vivienda y locales más pijos que canallas. Aun así, merece una visita, un paseo, una foto frente al muro en el que la constitución uzupiense está escrita en varios idiomas en placas de metal y, por qué no, un café o un cóctel en uno de sus bares.

Historia entre rejas

Me dejo para el final una de las visitas más llamativas y originales que se pueden hacer en Vilna: la de la prisión de Lukiskes, un complejo carcelario creado en la época de los zares y que con el crecimiento de la ciudad quedó como una cicatriz en el centro de la trama urbana.

La cárcel es hoy una especie de centro cultural en el que se dejan espacios para artistas plásticos se organizan conciertos y pases cinematográficos y también se hace una interesante y por momentos escalofriante visita turística, con zonas que no se pueden fotografiar por razones de seguridad que podrían afectar a otros centros penitenciarios del país.

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La prisión de Lukiskes | C.Jordá

Lukiskes estuvo funcionando como cárcel hasta 2019 y entonces se decidió dejarlo todo tal y como estaba. Una entusiástica guía nos llevó de módulo en módulo mostrándonos el calamitoso y deprimente estado de las celdas de los menores –que eran las más duras– y la forma en que los sentenciados a cadena perpetua o penas muy largas trataban de humanizar los espacios que compartían de dos en dos.

Todavía se puede ver los dibujos y los posters en algunas paredes o las cortinas en las entradas de otras celdas, la sensación por momentos es la de estar en un sitio que sigue funcionando.

Desde luego, Lukiskes no es la visita asociada a la belleza que solemos hacer como turistas, pero nos ofrece historia, arquitectura y una experiencia enriquecedora. Quizá tampoco Vilna es lo que en nuestras mentes viajeras asociamos a una capital europea, pero puede que en eso esté parte del enorme encanto que la hace merecedora de un viaje para descubrirla.

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