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Valle de los Neandertales: cuando bisontes, rinocerontes, hienas y neanderales convivían en Madrid

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El Valle del Lozoya es una de las partes más conocidas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y es un buen ejemplo de lo que es ese privilegiado y protegido espacio en el que se mezclan con mucha armonía una naturaleza impresionante, la intervención humana e incluso un patrimonio cultural también excepcional como es el Monasterio de El Paular.

Desde hace unos meses a esos atractivos ya conocidos se les ha sumado uno nuevo o, si quieren, el más viejo de todos: un yacimiento paleontológico de los más importantes del sur de Europa que lleva años excavándose y que por fin está abierto al público con un nombre que me parece de lo más evocador: el Valle de los Neandertales.

Y es que, efectivamente, en las cuevas y los abrigos que los paleontólogos han ido desenterrando poco a poco se ha documentado que en ese lugar vivían grupos de Neandertales hace más de 40.000 años, en un entorno muy diferente al actual que tenían que compartir con especies que nunca pensaríamos que hubiesen llegado nunca tan cerca de lo que milenios después sería Madrid: bisontes, uros, rinocerontes, hienas… Una peculiar, y única, mezcla de fauna euroasiática y afrincana.

Visitando el Valle

Tuve la suerte de visitar el yacimiento nada más y nada menos que con uno de los tres directores del equipo que trabaja allí: Enrique Baquedano, arqueólogo, director del Museo Arqueológico de la Comunidad de Madrid y, sobre todo, es codirector de las excavaciones el Olduvai Gorge en Tanzania, uno de los yacimientos más importantes del mundo. Los otros, por cierto, son Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez González, sería difícil encontrar tres nombres más importantes en este campo en España.

Enrique es una de esas personas que transmite pasión por lo que hace y que, en el caso del Valle de los Neandertales, está irremisiblemente enamorado del proyecto: "Este sitio es una maravilla para los arqueólogos, no sólo por lo que encontramos sino por el entorno y las condiciones en los que trabajamos".

El Valle de los Neandertales es en realidad varios yacimientos en uno: la Cueva del Camino fue el primero que se descubrió y era una guarida de hienas, algo que es como si te tocase la lotería en estos casos, porque estos antipáticos animales son los únicos que llevan los cadáveres de sus presas a sus guaridas, así que en ellas se encuentra una información muy abundante sobre la fauna.

El segundo es el Abrigo de Navalmaíllo, descubierto en 2002, es una cueva poco profunda que hoy en día todavía lo es menos puesto que parte del techo se ha hundido. En ella se han descubierto los restos de un campamento de neandertales y numerosos restos de los animales que consumían: cérvidos, uros, rinocerontes de estepa.

La tercera es la Cueva de la Buena Pinta, más pequeña y también usada tanto por hienas como por neandertales –obviamente, no al mismo tiempo-, fue un hallazgo de la campaña del 2003.

Finalmente, esta la Cueva Des-Cubierta, que recibe ese nombre porque al haberse derrumbado lo que era su techo los arqueólogos trabajan ahora al aire libre. Se empezó a excavar en 2009 y todavía se tiene poquísima información de lo que puede llegar a haber en ella, pero ya hubo un gran hallazgo: unos restos de un neandertal de dos o tres años que todo indica que puede tratarse del enterramiento más al sur de un miembro de este especie encontrado hasta el momento.

Además, los enterramientos infantiles son raros y, por lo tanto, estamos ante un auténtico tesoro arqueológico, tal y como me explica poniendo especial énfasis Enrique Baquedano que nos habla de "un contexto ritual complejo" en el que además del enterramiento se han encontrado, por ejemplo, fuegos de astas de animales como bisontes o ciervos.

Lo cierto es que en la visita puede resultar un tanto insulsa para el que no aprecie la importancia del lugar, entre otras razones porque, precisamente para proteger el trabajo de los arqueólogos, los yacimientos propiamente dichos están tapados con plásticos y maderas y no es muy estético.

Sin embargo, hay algunas cosas que ayudan al visitante a disfrutar: la primera que se trata siempre de visitas guiadas, y no con cualquiera, aunque la mayoría de ustedes no podrá disfrutar del privilegio de la compañía de uno de los directores como pude hacer yo, todos los guías son parte del personal que trabaja en la excavación durante los meses de verano. Es decir, son gente de verdad experta y realmente apasionada por lo que les van a contar, así que lo más probable es que les contagien al menos parte de esa pasión.

La segunda, que el Valle de los Neandertales está, como ya hemos comentado, en un entorno absolutamente privilegiado: junto al embalse de Pinilla del Valle, desde él tenemos unas vistas maravillosas de la Sierra de Guadarrama, del propio embalse y del pueblo en la otra orilla.

La visita dura, por cierto, algo menos de dos horas en las que conocer un lugar "único en el mundo" porque, tal y como me explica Enrique Baquedano, "hay tres yacimientos con restos humanos en un único lugar". Para poder ir, deben reservar en el apartado correspondiente de la página web.

Lo mejor, lo que está por llegar: "Aquí hay trabajo por generaciones", dice Enrique y eso que sólo se refiere a los yacimientos ya encontrados, porque toda la zona podría ser un auténtico tesoro: "Estamos seguros de que en estas pequeñas colinas hay mucho más, pero no tenemos recursos para buscar todo lo que puede haber".

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