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El Gordo que le tocó a un muerto que hubo que desenterrar, y otras historias de la Lotería de Navidad

El sorteo Navideño ha dejado surrealistas historias y anécdotas a lo largo de los años. 

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El Gordo que le tocó a un muerto que hubo que desenterrar, y otras historias de la Lotería de Navidad
Anécdotas de la Lotería | EFE

Acaeció en el pasado la costumbre de algunos cronistas en escribir todos los años por estas calendas el tópico artículo sobre las castañeras, que volvían en noviembre a montar sus puestos callejeros y sus estufas. No fallan tampoco en vísperas navideñas las glosas acerca del sorteo del llamado "Gordo". Incurro en ese tópico mientras repaso y ordeno los décimos y participaciones que, inevitablemente, jugamos millones de españoles, aunque únicamente lo hagamos en éste, tan tradicional. Sabido es que en Madrid –como imagino en otras capitales- hay administraciones de Loterías y Apuestas del Estado que concitan por estas fechas una sorprendente demanda. Es el caso tan conocido de la de "doña Manolita", que en tiempos estuvo en la Gran Vía y luego cambió, no muy lejos, su ubicación. Más de dos horas me aseguran aguantan los solicitantes, en colas que atraviesan dos o tres calles, vigiladas por guardias municipales para evitar desórdenes. Cerca, ocurre otro tanto, aunque las colas sean más moderadas, en la Puerta del Sol. Es la superstición de los que creen que allí tienen más oportunidades de que les sonría la Fortuna. Aducen que como venden más papel, las opciones son mayores. Caso parecido al del pueblo catalán de Sort que únicamente por tal denominación despertó hace tiempo el interés de los compradores de lotería, y un avispado, dueño de "La Bruja de Oro", se convirtió en millonario despachando cada año papeletas, con resultado positivo para algunos de sus miles de clientes.

Doscientos cinco años ha cumplido en 2017 la Lotería Nacional, creada durante la Guerra de la Independencia cuando el Consejo de Ministros aprobó la iniciativa del titular del Consejo y de la cartera de Cámara de las Indias como un medio para aumentar los ingresos del erario público, sin quebranto de los contribuyentes. Fue denominada Lotería del Pueblo, pues ya existía la Lotería de los Números, o Primitiva instituida en 1763 por el Ministro de Carlos III, el marqués de Esquilache. Es en 1892 cuando aparece por vez primera el sorteo de Navidad.

Entre las curiosidades del sorteo figura como se sabe la participación de los niños del Colegio de San Ildefonso, institución madrileña con más de quinientos años de existencia que vela por la educación y mantenimiento de los huérfanos más necesitados, sin recursos. Los que cantan los números premiados desde el año 1771.

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Las niñas de la Lotería | Archivo

El llamado "Gordo" procede de finales del siglo XVIII y para promocionarlo se eligieron unos símbolos centrados en la figura del "Fanático de la Lotería", o "El enano afortunado", decorado con números y bolas del sorteo. El primero de los números premiados con el "Gordo" fue el 3604. La adquisición de décimos lleva a los compradores a solicitar o bien números completos o terminaciones, que obedecen a fechas para ellos decisivas, que pueden darle suerte. El cinco es el número que más veces ha sido afortunado con el primer premio, aunque nunca terminó en veinticinco. La combinación más repetida, la de ochenta y cinco. La segunda, el cincuenta y siete. Le siguen en ese sentido el cuatro y el seis. Por el contrario sólo en ocho ocasiones ha terminado en uno. El trece es solicitado por muchísimos jugadores, aunque cabría preguntarse si entre ellos existen los supersticiosos, aquellos que nunca se atreven a pronunciarlo por temor a una desgracia. Suelen conocerse los que son fieles a unos dígitos, que incluso de generación en generación, los mantienen en calidad de abonados. Así sucede en una fonda catalana situada en Sant Guim de Freixenet, Segarra, que desde 1903 sus dueños y descendientes juegan siempre a un número que no les ha tocado nunca, exceptuados premios menores, como reintegros o "pedreas". ¡Algún siglo les llegará la hora, si continúan perseverando!

La lotería navideña es tan popular que incluso no dejó de celebrarse durante los tres años que duró nuestra guerra civil. En 1938 se dio la circunstancia que hubo dos sorteos el 22 de diciembre, en cada uno de los bandos en liza. Con fondo musical ha sido cantada por la más célebre de las artistas de la copla, Concha Piquer, en la compuesta por Quintero, León y Quiroga "Mañana sale", donde se nombra a la antes ya citada y legendaria doña Manolita.

Rico y variado es el anecdotario acerca de la lotería navideña. Con tintes negros la historia de un jugador que llevaba un décimo del número premiado con el "Gordo", que murió la víspera, fue enterrado con la papeleta en uno de sus bolsillos y la familia, al corriente de que eran millonarios… si rescataban el documento en cuestión, hizo todo lo imaginable para que un juez autorizara el desenterramiento del cadáver. En esa línea necrofílica sabemos que en 1944 el dueño de una lavandería de la madrileña calle de Francisco Santos, llamado Matías Martínez, fue informado por sus allegados que le habían tocado unas participaciones del "Gordo". Momento en el que comenzó a sentirse indispuesto, sin que sufriera dolencia alguna. En pocos segundos se fue de este mundo, víctima de un infarto de miocardio. Y es que las emociones que supone saberse millonario o beneficiario de un buen pellizco han de controlarse. Le sucedió en uno de los pasados sorteos navideños a un jubilado alicantino, que repasando las listas con los números premiados, comprobó que le correspondían trescientos mil euros. Pero se pasó horas y horas dándole vueltas a su cabeza, sin decidirse a contárselo a su mujer, no fuera a ser que siendo de por sí asustadiza le diera un soponcio de imprevisibles consecuencias como en el suceso anterior.

Ignoramos la reacción que tuvo determinado malagueño que había soñado un número en la creencia de que sería el premiado con el "Gordo". Como en aquel 1949 no existían los canales tecnológicos que hoy propician desde cualquier administración hallar, si es posible, el décimo que se nos ocurra, se recorrió toda la ciudad sin encontrar el que deseaba, el que le había "soplado" en la almohada la noche anterior el dios Morfeo. Y llegado el 22 de diciembre, ¡zas, la sorpresa!. ¡Había acertado! Pero no tenía opción alguna al no poseer ninguna papeleta.

La dueña de una inmobiliaria adquirió una serie y fue repartiendo décimos entre sus empleados. Hasta comprobar que no se había olvidado de ninguno… salvo de ella misma. Volvió a la Administración y adquirió un décimo diferente, pues ya se había agotado el anterior. ¡Y le tocó a ella! Imagino que, como no pudo disimularlo, sus empleados optaron de común acuerdo en no aceptar la copa de champán a la que la buena señora les invitó, aun siendo de la "Veuve Clicoqt", gran reserva.

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Un puesto de Lotería | Archivo

Y es que, se mire como se mire hay quien tiene el santo de cara. Vean el caso de dos sevillanos que jugaron dos décimos adquiridos en Sevilla y otros dos en Madrid, que se repartieron. Y resultó que uno de esos números fue premiado con el "Gordo" y el otro, con segundo premio. ¿No les parece un auténtico milagro que de noventa mil números entonces, salieran en el bombo dos de ellos con los dos primeros premios? Tenían una flor en semejante sitio…

Acuden todos los años, como si fueran a presenciar un acontecimiento histórico, una gran cantidad de curiosos para asistir al sorteo "in situ",y hasta hacen cola toda la noche para no perderse una butaca. Unos cuantos disfrazados, anticipándose al Carnaval. Hay bastantes que están pendientes del bombo, apuntan algunos números y con sus papeletas en mano sueñan con escuchar el que los convierta en millonarios. Le sucedió en 2013 al llamado Jesús Lorente, que pegó un grito al escuchar las voces infantiles enunciar el 79.712. No le tocaron millones, pero se conformó con ciento veinticinco mil euros, que le arreglaron la mañana… y muchos más días.

Durante las tres horas y pico que puede durar el sorteo navideño, a través de la televisión o de esRadio y otras emisoras, ustedes estarán expectantes el viernes, 22 de diciembre, de esos dos bombos, unos conteniendo todos los números que se juegan y el otro, mucho más pequeño con las bolas de la suerte que señalan los premios, mil ochocientos en total. En la historia del "Gordo" la espera ha sido, por lo general, algo larga. Salvo en 2004, cuando el primer premio surgió a los trece minutos. Salgan cuando salgan esos números afortunados, que a cuantos nos siguen en Libertad Digital les sonría la suerte. Y si no, ya saben: al día siguiente, a celebrar que tenemos buena salud. Y a intentarlo en "la del Niño". Porque… ¡mira que nos gusta jugar a los españoles! Y el señor Montoro, feliz. Es al único que le toca, con toda seguridad. Representando la cara de la siempre insaciable Hacienda.

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