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Katy Mikhailova

Hijos sintéticos y gatos de lujo

Los gatos son “los nuevos hijos del lujo extremo” (y a veces de la idiotez).

Katy Mikhailova
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Los gatos son “los nuevos hijos del lujo extremo” (y a veces de la idiotez).
Lagerfeld y su gato Choupette | Cordon Press

La semana pasada decidí entrar en una tienda de Dolce & Gabbana. Me llamó la atención un bolso negro con un gato bengalí estampado (googleen la raza, si la desconocen).

Yo también tengo gato bengalí, Mourinho, (al que "bautizó" verbalmente el Padre Ángel: mientras le santiguaba, iba a decir "yo te bendigo" pero afirmó por despiste "yo te bautizo").

Mientras "toqueteaba" discretamente aquella joya de cuero vacuno, me susurraba a mí misma por lo bajini "¡qué suerte tiene Stefano Gabbana que a su gato le puede poner en un bolso y venderlo por 2.000 euros, cuando mi gato es más guapo que el suyo!". ¿Qué habré hecho mal? Mi gato bengalí defeca y orina en un WC (hay vídeos en Instagram de ello), y apuesto lo que quieran a que el felino del italiano no hace esto.

Si seguimos hablando de gatos "los nuevos hijos del lujo extremo" (y a veces de la idiotez), no puedo dejar de mencionar a Choupette, la gata heredera millonaria de Karl Lagerfeld, que cada año facturaba en publicidad unos cuantos millones de euros, y a la que nunca le permitieron ser imagen de una firma de pienso para gatos porque, tal como me cuenta mi amigo periodista de moda Bertie E. Grau, aquello era vulgarizar a la gata más rica y más famosa del mundo (después del gato Garfield y Soseki, al que Dragó le dedicó todo un libro). Pues mi gato es embajador de una firma de pienso ecológico, Yo Pienso (Cifuentes y sus gatos ya han sucumbido a los encantos de esta marca), y a mucha honra.

Mou no es imagen de bolsos, pero todo se andará. Y ser embajador de una firma de comida para mascotas no es vulgar, si la imagen se cuida debidamente. El problema es que la estética de la mayorías de las firmas de pienso para mascotas sigue siendo rural, simplona y aburrida. Y era de esperar que Choupette se negara a poner su cara en un saquito de Whiskas, por ejemplo, dado que la estética de esos saquitos dista mucho de la imagen de Chanel. Choupette es más actualidad que nunca, ya que su ‘gobernanta’ le ha creado un perfil de Instagram "no-oficial" y ha incendiado las redes con este acto de deslealtad hacia el recién fallecido Lagerfeld.

Choupette viajaba por medio mundo en jets privados. Lo mismo era portada de la Vogue Brasil con una increíble Giselle Bundchen, que de la Vogue París con la dulce y exótica Laetitia Casta. Mi pequeño y agresivo Mou, a lo más que aspiró, era a que yo forrara media Aravaca con sus fotografías cuando le dio por desaparecer y perderse por las azoteas de medio vecindario. Bajo un "se ofrece recompensa" llené las calles (las farolas, las paredes, las cafeterías) con imágenes en color y en papel de alta calidad, en las que su brillante pelaje con estampado de leopardo seducía a cualquiera. Me preguntaban "¿es una campaña de marketing urbano?". El autor de aquellas fotos es nada menos que Juan Carlos Vega (cuyos trabajos están ligados a las marcas de moda más importantes que tenemos en nuestro país).

Mou es fotogénico, pero odia posar, y menos aún en brazos de cualquier extraño. Mal endémico de los felinos que Choupette no padecía. Y desconozco la rutina de los gatos de Stefano Gabbana (más aún después de haber cerrado hace un año su cuenta de Instagram, privandonos de seguir la evolución de su familia felina). Lo que sé es que en gatos debe de haberse gastado un inversión inicial de 5 mil euros (salvo que hubieran sido un regalo).

Si la pareja no tiene hijos (porque no quieren "hijos sintéticos"; como afirmaron en una ocasión), ¿serán sus gatos los herederos) Dolce & Gabbana cuenta ya con 220 tiendas propias gestionadas por ellos mismos y con 80 franquicias, estando, además, presente la firma en 300 tiendas multimarca. Los diseñadores facturan 1.350 millones de euros anuales y emplean a 5.500 personas directamente; indirectamente a unos 25.000. Pero no, sus gatos no va a heredar su fortuna.

No sé qué voy a heredar de Mou cuando este fallezca algún día. Pero lo que Dolce & Gabbana tienen claro es que sus herederos no serán su familia felina de bengalíes, sino los trabajadores de la empresa de lujo (como declararon la semana pasada a Corriere della Sera), que, básicamente, vienen a ser familiares directos: vamos, que han hecho un Noelia Posse, sólo que con el pequeño matiz de que la firma es una empresa privada.

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