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Katy Mikhailova

Chanel y Chanel, zapatillas homeless y una cagada de lujo

Llega Eurovisión, donde nos representa una tal Chanel. Sobredosis de estética, a menudo sin ética.

Chanel y Chanel, zapatillas homeless y una cagada de lujo - Katy Mikhailova
Chanel | Cordon Press

Esta noche es Eurovisión y me pregunto si semejante show sigue teniendo audiencia y sentido. Me entero de que una tal Chanel va a representarnos (a mí, por supuesto, no me representa, pero creo que yo a ella tampoco); y la verdad es que, hasta la fecha, creía que cuando se la citaba en la prensa se debía a que llevaba alguna prenda de CHANEL (CHANEL -marca-) y no nombre (o nombre artístico). Es más: supe de ella al ver un post de Rossy de Palma en Instagram aplaudiendo su estilismo. En la foto, una atractiva mujer llevaba un vestido rojo con una cola imposible de llevar (y llevándola con mucho arte, las cosas como son). Yo creía que era una cantante de reggaeton, o algo por el estilo (una moto mami revenida versión 2022), y que la mención a Chanel era gracias a que semejante vestido (por cierto, nada ‘CHANEL House’ sino más bien un ‘Doce & Gabbana versión Sevilla’) podría pertenece a un diseño de la casa. Y, por cierto: ¿quién, carajo, quiere llamarse ‘canal’?

Es lo que ocurre cuando hay un exceso de información, de estímulos, y una sobredosis de estética, a menudo sin ética. Les escribo (¡cómo no! adoro narrarles la "location" -pronúncienlo así: ‘loqueishon’-) desde la terraza del Melia Cala Galdana, a un día de que me lean, y a un día de saltarme Eurovisión y verlo a través de Twitter. Si lo leen un domingo y España ha ganado, yo de ser Chanel (marca) protestaba: "Chanel no nos representa".

Porque, al final, este certamen de música, es más un ‘a ver quién ridiculiza más a quién’, y a ver cómo pronunciamos ‘dix points’ o si los portugueses nos siguen respetando. Y es que, como publicaba el perfil @putosmodernos en Instagram: "Vladimir, para ya esta estúpida guerra, Había formas más civilizadas de liberarse de Eurovisión". En efecto. Y con razón y sentido del humor. Había más formas, pero no las hubo, y Rusia se libra. A nosotros, aún nos queda mucha tontería que aguantar. Más juguetes rotos de la fama (¿quién se acuerda de la mujer barbuda que quedaba ganadora aquel año y que por fin se ha hecho la láser?).

Para tonterías la última de Balenciaga. Después de la bolsa plagiada de Ikea, la ropa agujereada y otras locura vendidas a precio de percebe, las zapatillas inspiración homeless son el último grito de la moda para seguir desvirtuando al que ha sido uno de los mayores genios de la historia de la moda, que llevaba por nombre Cristóbal, y cuyo apellido se ha prostituido de esta manera.

"Paris Full Destroyed", de algodón y con goma desgastada, de dudosa inspiración en las famosas Converse All Star, cuestan un módico precio de 1.450 euros. Su acabado de deterioro y aparente (sólo aparente) suciedad son lo que marcan la diferencia. El logo de Balenciaga figura cual graffiti y la propia web confirma que el complemento goza de rasgaduras por todo el tejido. Con diferentes variaciones a partir del mismo prototipo, estas Full Destroyed reflejan un "full" embobamiento de los creativos de algunas marcas que se creen dioses creando historias a través de la ropa.

Cagadas más gordas ha contado la prensa, a precio de oro, como la de Amber Heard en la cama matrimonial. Espero que las sábanas no gozaran de estreno (¡hay que ser sostenibles hasta en las cagadas!).

Con todo esto y más, quien no ha escatimado en atrevimiento ha sido nuestra reina cuyos abdominales han sido más que comentados esta semana. Yo no sé si era el vestido más apropiado para la ocasión, pero me fascina apreciar con cuánta nocturnidad y alevosía la red se hincha a criticar el outfit (o más bien a la persona que lo lleva); conviertiéndose tales trolls en auténticas ballenas (y ballenes) emocionales, vampiros (y vampiras) energéticos y seres de tallas XXL hambrientos (hambrientes) del fracaso ajeno. La misma hambruna que les reconducirá este sábado noche a ingerir comida grasienta mientras disfrutan del enésimo fracaso de España en Eurovisión (o enésima cagada).

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