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Un biólogo se inventa el "fecomagnetismo" como denuncia contra las pseudociencias

El científico Fernando Cervera denuncia en un libro el auge de las "estafas biomédicas" y por qué resulta "tan sencillo timarnos".

LD/Agencias
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Fernando Cervera | Foto facilitada por el científico

Prologado por el director del Planetario de Pamplona, Javier Armentia, este libro El arte de vender mierda (editorial Laetoli) describe los pasos que Cervera y otros biólogos dieron para montar desde la base el "fecomagnetismo", una disciplina que cura enfermedades a través de los excrementos humanos, y para la que llegaron a recibir ofertas para vender sus "productos" (estos nunca se llegaron a producir).

Todo comenzó, relata a Efe Cervera, cuando un grupo de amigos creó una web para comentar temas de biología y a ella llegaron algunas preguntas y comentarios a cerca del biomagnetismo médico, que estudia cómo tratar usando campos magnéticos (Isaac Goiz, uno de sus impulsores, asegura haber curado a enfermos de sida y cáncer).

Al descubrir que los datos que aparecían en documentos sobre biomagnetismo, como el de universidades dónde supuestamente se impartían clases, eran falsos, decidieron crear a modo de parodia el "fecomagnetismo", lo que fue creciendo como "una bola de nieve".

"Lo que no imaginábamos era que en el plazo de un año acabaríamos recibiendo ofertas para vender nuestra mierda, que publicarían nuestra farsa en revistas pseudocientíficas y que, además, nos propondrían colaborar en otras estafas biomédicas", explica en su libro Cervera, quien llegó a dar una charla en una feria esotérica.

En este periplo, Cervera -formado en temas de salud- y sus colegas se dieron cuenta de que, entre otras cosas, para vender el "fecomagnetismo" era necesario hacer referencia a científicos extranjeros, lo que habían visto en otras "estafas biomédicas".

Así, crearon a Hugh Nielsen y Leslie Laurie (nombres y apellidos entremezclados de los actores que encarnaron al Dr. House -serie televisiva- y al Dr. Rumack, de la película ¡Aterriza como puedas!). Para Cervera, no hay una fórmula mágica para evitar que te timen, aunque sí hay algunas cosas que pueden ayudar, por ejemplo el escepticismo: "dudar de lo que nos dicen y exigir pruebas".

Cervera indica que dónde es más fácil engañar con "soluciones sorprendentes" es en el terreno del dinero y la salud, pues se utiliza la estrategia del miedo y "la desesperación de la gente".

Además de buenas dosis de escepticismo, es necesario conocimiento, afirma este biólogo, quien lamenta el "analfabetismo científico" de la sociedad, en parte por culpa de la sociedad misma, de los científicos -aún falta divulgación- y las administraciones.

La ciencia, añade, es una manera de acumular conocimiento y está basada en el análisis y la discusión de hechos observables. Existe pues un método, lo que –insiste– no hay en las pseudociencias, y este método exige al menos dos cosas: "reproducibilidad" –cualquier otra persona debe reproducir el hallazgo– y "posibilidad de revisión" –nada es indestructible–.

A este investigador, de todas las pseudociencias que existen, la que más rabia le da –"la que más le hiere", dice– es la homeopatía, "porque es la que más aceptación tiene en el ámbito social y legal". Esta se vende en las farmacias y "el efecto legitimador hacia el consumidor es enorme".

Preguntado sobre si la comunidad científica hace lo suficiente para combatir las pseudociencias, Cervera admite que, si bien hay grandes divulgadores que se dejan la piel en ello, existen científicos que por dinero se han pasado "al lado oscuro".

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