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Frankenstein y las ancas de rana: la "chispa de la vida"

La relación entre la electricidad y la vida fue un descubrimiento que se ha comprobado fundamental para la ciencia.

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Boris Karloff caracterizado de Frankenstein | Wikipedia

"…Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombriamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento compulsivo sacudió su cuerpo…"
Frankenstein. Mary Shelley

En nuestra cultura, la electricidad está íntimamente ligada al concepto de vida. Incluso los científicos especulan con la posibilidad de que su origen en nuestro planeta fuera gracias a una serie de moléculas activadas por una descarga eléctrica.

Pero no siempre fue así. La electricidad, desde que Tales de Mileto la descubriera allá por los siglos VI y VII a. C. no había interesado a nadie. Este genial físico, matemático, filósofo y legislador griego realizó dos aportaciones casi mágicas: el magnetismo y la electricidad. El primero gracias a la piedra imán, un extraño mineral extraído en una pequeña zona de Asia llamada Magnesia que atraía el hierro. El segundo, haciendo frotar un pedazo de ámbar (en griego se conocía con el nombre de "electrón") para atraer a pequeñas briznas de paja. Ambas fuerzas, la eléctrica y la magnética, quedaron eclipsadas por la fuerza que la tierra ejercía contra todos los objetos.

En algunos círculos de filósofos se especulaba con la posibilidad de que las tres fueran consecuencias diferentes de una misma causa. Una especie de Santísima Trinidad de las fuerzas. Fue la primera vez que se contempló el concepto de "fuerza unificada", la fantasía en la que trabajó Einstein y que ha dado lugar a la posterior Teoría de Cuerdas.

Las ranas

Luigi Galvani (1737-1798) era un médico especializado en anatomía. Estudiando la disección de los nervios de una rana observó como al rozar con el escalpelo "todos lo músculos de las patas parecían contraerse repetidas veces como si estuvieran afectados por fuertes calambres". Galvani utilizó este descubrimiento como atracción en sus conferencias. Solía colgar docenas de ancas de rana en un alambre haciéndolas contraerse y bailar espasmódicamente. Este espectáculo le otorgó auditorios abarrotados y desprestigio de la clase científica.

Él estaba convencido de haber encontrado la "chispa de la vida" y, sin embargo, el interés por la electricidad se había tornado atracción de feria para las masas. Pero el primer paso estaba dado. La electricidad había demostrado ser un motor que estaba inscrito en la propia naturaleza de la vida.

Los elementos

Pero Alessandro Volta (1745-1827) llegó a tiempo para elevar el interés de los científicos de todo el mundo por la electricidad. Diseñó una sucesión de discos de zinc y cobre separados por una tela empapada en una solución salina. Este conjunto de discos se apilaban unos encima de otros como si fueran fichas de un casino. Volta acababa de inventar la primera pila capaz de generar electricidad. La posibilidad de tener corriente bajo demanda espoleó a los intelectuales.

Entre los muchos experimentos que se hicieron destacó el de Nicholson y Carlisle. Se les ocurrió hacer pasar una corriente eléctrica a través del agua y observaron cómo se producían burbujas. Inmediatamente dedujeron la naturaleza de esos gases. La electricidad hacía que el agua se descompusiera en sus elementos básicos: hidrógeno y oxígeno. Ahora sí, la electricidad parecía una herramienta de gran interés. En pocos años se aplicaron enormes pilas con cada vez más capacidad sobre todo tipo de substancias descubriendo elementos como el sodio, el potasio, bario, boro, calcio, magnesio…

La electricidad había llegado para quedarse. Varios años después se comprobó su relación con el magnetismo, rebautizándola como fuerza electromagnética. La relación con los misterios más profundos de la materia parecía obvia. Los cuerpos de los seres vivos y los minerales parecían obedecer a tales impulsos.

Mary Shelley no tuvo la oportunidad de ver a un equipo sanitario descargando su desfibrilador sobre un cadáver para devolverle a la vida pero intuyó su relación íntima con la vida y con la esencia de la materia. Un camino que no hizo más que empezar. ¿A dónde nos llevará?

En Tecnociencia

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