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Tres cosas que demuestran que la naturaleza no es ni sabia ni buena

Casi nadie se atreve a cuestionar frases como "la naturaleza es sabia", "no te hará daño, es natural" o "no te tomes eso, es todo químico".

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El científico inglés Charles Darwin | Wikipedia

La tecnología y la ciencia han otorgado al hombre oportunidades y medios inimaginables. Los científicos e ingenieros llevan siglos mejorando la vida de las personas, descubriendo curas, diseñando máquinas, facilitándonos las tareas o guiando nuestro desarrollo artístico. Sin embargo, paradójicamente, la buena prensa y el cariño popular están del lado de la naturaleza, de lo telúrico. Casi nadie se atreve a cuestionar frases como "la naturaleza es sabia", "no te hará daño, es natural" o "no te tomes eso, es todo químico". Vivimos tiempos convulsos de valoraciones adquiridas por el principio del mínimo esfuerzo y adoptadas únicamente por el rigor del sentimiento primario (no me refiero a la política, que también). Aún así, siempre merece la pena intentarlo una vez más:

1. La teoría de la evolución de Darwin: puro azar.

A Charles Darwin, como a tantos científicos, le costó muy caro hacer públicas sus investigaciones. La sociedad no supo entender sus afirmaciones acerca de la descendencia del hombre en su evolución como especie. Las mofas públicas se convirtieron en una moda social. Una de las muestras más bochornosa (que aún perdura) fue la utilización de su caricatura con cuerpo de mono en uno de las más famosas bebidas espirituosas de España: Anís el Mono.

Título: Caricatura de Darwin como un simio en la revista Hornet - Descripción: Caricatura de Darwin como un simio en la revista Hornet. Se observa con las características propias de los simios como el mentón, las cejas y la forma de su cabeza, como forma de burla a su teoría de la evolución del simio al hombre.Como consecuencia del escarnio público, fue uno de los científicos más conocidos, pero no nos sirvió de mucho. La mayoría de la gente conoce a Darwin y su Teoría de la Evolución pero de una manera errónea. Suele atribuirse una sabiduría natural en dicho proceso, y nada más lejos de la realidad. Las especies se adaptan al medio gracias a mutaciones en su ADN. Pero esas mutaciones se producen de una manera fortuita. Sólo el azar y las radiaciones del sol permiten el cambio. Luego entra en juego la muerte y la descendencia que hacen el resto. No hay inteligencia oculta que guía a la evolución, no hay sabiduría ni intención, sólo mera casualidad.

2. Enfermedades autoinmunes.

No hay mayor desatino que destruirse a uno mismo. Éste es el principio de las enfermedades autoinmunes. El sistema inmunológico trata de combatir a los intrusos, trata de mantener a raya los agentes externos que puedan dañar nuestro cuerpo. Sin embargo, gran parte de las peores enfermedades se deben a que nuestro sistema inmunológico confunde a agentes propios, producidos por nuestro cuerpo, con agentes externos. Nuestro organismo intenta destruir parte de su propio organismo. Y la paradoja es que esa defensa equivocada provoca un deterioro más o menos grave en nuestra salud. En muchas ocasiones la inteligencia humana es capaz de distinguir lo erróneo del proceso, pero es evidente que la naturaleza no entiende de razonamientos.

3. El inútil recorrido del nervio laríngeo recurrente.

Título: Nervio Laringeo Recurrente - Descripción: Vista posterior: Nervios recurrentes izquierdo y derecho vistos arriba en el dibujo, partiendo del nervio vago, lateral al esófago y la tráquea.

El nervio laríngeo parte del bulbo raquídeo y llega a la laringe. Apenas 15 centímetros de recorrido si el sistema lo diseñara cualquier ingeniero. Sin embargo, dependiendo de las especies, puede llegar a medir cinco metros (como en el caso de la jirafa).

Para entender este desatino nos debemos retrotraer al nacimiento de este nervio en las primeras especies. Al ser anfibias, con morfología similar a los actuales peces, cualquier camino que tomara el nervio en cuestión para conectar el bulbo raquídeo con la laringe era igual de corto. Sin embargo salieron del mar, y ya en tierra firme empezaron a estirarse. Ese estiramiento del cuello y del sistema digestivo hizo que el pobre nervio tuviera que estirarse también en un extraño camino de ida y vuelta hasta la laringe. Por si fuera poco, el diseño final acarreó una falta de eficiencia produciéndose en ocasiones una parálisis en las cuerdas vocales causada por la presión de la arteria que rodea. En definitiva, un diseño poco razonable.

Es ridículo renegar de lo natural. Es parte de nuestro ser y motivo de disfrute. Sin embargo, resulta incomprensible la confrontación generada entre lo natural y lo fabricado por el hombre. Solemos utilizar la palabra "artificial" como sinónimo de falso, de copia, de algo carente de valor real, engañoso. No es ésta la posición que se merece la tecnología y la ciencia dentro de los logros de la humanidad, la mayoría de las veces como defensa del inhumano comportamiento de la naturaleza.

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