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Pedro Duque: "Nadie se ha molestado en desviar asteroides y evitar que impacten contra la Tierra"

El astronauta añade que podríamos desarrollar una tecnología capaz de evitar catástrofes, pero no interesa.

Pedro Duque: "Nadie se ha molestado en desviar asteroides y evitar que impacten contra la Tierra"
Pedro Duque en la misión espacial Soyuz | Agencia Espacial Europea

Tan solo nos llevaría unos 5 ó 6 años, y una inversión similar a la de unos pocos kilómetros de AVE. Y, sin embargo, no lo hemos conseguido aún. Pedro Duque, ingeniero aeroespacial de la ESA, se muestra sorprendido: "Las agencias deberían trabajar con más intensidad en controlar la trayectoria de los asteroides, y así poder desviarlos. Y como estamos en condición de poder desarrollar una tecnología así, esto es ya una obligación". El astronauta español recuerda la tragedia de Cheliábinsk, un asteroide que explotó en 2013 en Rusia:

"Existen unos 10.000 asteroides, de tamaño similar, en órbitas próximas a la tierra que pueden impactar. Y, técnicamente, más de 1 millón de cuerpos celestes pueden hacerlo. El reto está en conseguir que sea predecible y evitarlo. Podríamos lograrlo, con una una tecnología sencilla, pero no lo hacemos"

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No es una prioridad, porque suena a película de ciencia ficción. Curiosamente España ganó un concurso con una misión llamada 'Don Quijote' para investigar cómo se podría desviar un asteroide en caso necesario. De momento la misión sigue en la Tierra, y las naves Hidalgo y Sancho no se han enfrentado a los objetos procedentes del espacio ultraterrestre.

Explotación mercantil del espacio

¿A quién pertenece la luna? ¿Y el sol? ¿Y los cuerpos celestes? ¿Quién es el dueño de los meteoritos que caen en nuestro planeta? ¿Y a quién corresponde su explotación? Éstas y otras incógnitas se plantearon en el II Congreso de la Abogacía Madrileña, al hablar de los límites del Derecho Internacional para evitar el deterioro de las órbitas de la Tierra, los cuerpos celestes y los recursos naturales disponibles en ellos. No son actividades hipotéticas, sino una realidad a la que hay que poner base, como relata astronauta Pedro Duque: "Hay empresas que ya están probando maquinaria para adquirir 'metales raros' de los asteroides". Y las aplicaciones de esos materiales podrían ser un gran avance en materia aeroespacial, pero también para la ciencia o la medicina.

El laboratorio más grande del universo es el propio universo en su conjunto: un campo por explorar, al servicio del hombre. Al contrario de lo que ocurrió con la carrera espacial, aquí no hay una lucha por ver quién llega antes, sino por ver cómo se explotan mejor los recursos. Y esto, dice el sentido común, debe hacerse en beneficio de toda la humanidad, pese a que haya intereses económicos en juego.

"Hoy en día, el negocio del espacio fundamentalmente pertenece al mundo de las telecomunicaciones", sostiene Eugenio Fontán, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT). Actualmente existe una organización que regula el funcionamiento de los satélites, conocida como ITU (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que ha funcionado hasta en tiempos de guerra, dada la importancia de su misión, en un mundo globalizado en el que prácticamente todo el mundo posee receptores vía satélite (móvil, navegadores, ordenadores personales...).

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Nada como ir al espacio para ver los problemas de la Tierra

El catedrático de Derecho Juan Manuel de Faramiñan sabe, por experiencia, que la regulación va después de la necesidad: "No sería nada extravagante crear una organización internacional para la gestión del espacio". Y pone un ejemplo jurídico: el tratamiento que se da a los océanos, que debe controlarse en beneficio de todos. Actualmente, la legislación sostiene que el límite está a 120 kilómetros sobre la tierra: hasta ahí se establece la ley terrestre. A partir de ahí: el espacio exterior, que aún no es de nadie, o lo es de todos.

Como ocurriera con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, todo apunta a que no habrá regulación hasta que sea demasiado tarde. Como pasa con los residuos espaciales: de los que nadie se hace cargo. Tanto la ESA como la Nasa saben de su existencia: están parametrizados. Y en la exploración con máquinas la responsabilidad está aún más diluida.

Por tanto, todo parece indicar que llega el momento en el que las agencias espaciales, que persiguen la finalidad científica, den paso a agentes mercantiles que trabajen en su explotación, en beneficio de toda la humanidad y de generaciones futuras. Este paso será complejo, más aún si se trata de entidades multinacionales. Pero también es necesario que la regulación no se convierta en un freno en materia aeroespacial.

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