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CRISPR: la puerta de atrás por la que podríamos comer alimentos genéticamente modificados

La regulación de los transgénicos no le sería aplicable, lo que permitiría emplear la biotecnología para mejorar nuestra alimentación sin obstáculos.

Libertad Digital
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CRISPR: la puerta de atrás por la que podríamos comer alimentos genéticamente modificados
El arroz dorado transgénico salvaría la vista a cientos de miles de niños cada año. Pero los ecologistas no lo quieren. | Golden Rice Project

Generalmente se suelen emplear las palabras transgénico y organismo genéticamente modificados (OGM) como si fueran sinónimos. Pero no lo son. Los transgénicos son en realidad el producto de una técnica concreta para cambiar el genoma, en concreto la de utilizar ADN proveniente de otro organismo para producir las características deseadas. Pero ya se están creando alimentos modificados genéticamente que no necesitan emplear la transgénesis, inventada en 1986 por la empresa Monsanto, sino la técnica mucho más reciente CRISPR-Cas9, que permite localizar determinadas secuencias en el ADN y eliminarlas o modificarlas directamente.

Estas técnicas de edición genética han recibido ya el visto bueno del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, al considerar que simplemente aceleran lo que podría haberse obtenido por técnicas de mejora tradicionales, pero sin necesidad de los años o incluso décadas que pueden ser necesarias para que éstas den fruto. Es el mismo argumento al empleado por el abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el checo Michal Bobek, quien considera que las técnicas de mutagénesis como CRISPR-Cas9 no pueden entrar dentro del ámbito de la regulación de la transgénesis, y rechaza la pretensión tecnófoba de los grupos ecologistas de establecer una línea de separación regulatoria entre las técnicas de mutagénesis inventadas antes de 2001 y las posteriores.

Además, en su escrito de conclusiones de este mes de enero indica que para aplicar el principio de precaución "debe existir, al menos, algún riesgo perceptible basado en la ciencia". "El mero temor al riesgo inducido por la novedad o el riesgo invocado con carácter vago y abstracto cuando no pueda determinarse de forma concluyente que un elemento nuevo es seguro no son suficientes para dar lugar a la aplicación del principio de cautela", afirma. Siguiendo esa idea, lo cierto es que debería dejarse de tratar a los transgénicos de forma distinta a las demás variedades obtenidas por otras técnicas, porque los estudios realizados desde 1986 apuntan de manera abrumadora que son tan seguros como los demás.

El TJUE suele seguir las recomendaciones del abogado general, aunque no en todas las ocasiones, como desgraciadamente sucedió con la decisión sobre el mal llamado derecho al olvido. No obstante, aun en el supuesto de que el tribunal enmendara la plana a Bobek, una posible restricción sería muy difícil de hacer cumplir en la práctica, ya que cada año llegan al mercado miles de variedades nuevas que no pueden distinguirse de las que se consiguen empleando la edición genética. Así que podemos esperar que lleguen a los supermercados alimentos mejorados mediante la biotecnología, como los tomates kumato, a mucha más velocidad que hasta ahora, incluyendo el trigo sin gluten desarrollado por investigadores españoles o unos champiñones que no se oscurecen en pocos días cuando se cortan.

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