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¿Está perdiendo hielo la Antártida? No lo sabemos aún

Existe consenso de que el oeste de la Antártida pierde hielo mientras el resto lo gana, pero hay grandes ajustes y márgenes de error en la medición.

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Las Montañas Transantárticas separan la Antártida Occidental que pierde hielo de la Oriental que lo gana | Joe Mastroianni/National Science Foundation

Uno de los secretos menos conocidos de la ciencia del cambio climático es lo difícil que resulta medir los fenómenos sobre los que nos alarman. Hay grandes discrepancias en las mediciones de temperatura, por ejemplo, y un gran trabajo de ajuste estadístico, especialmente si se trata de estaciones meteorológicas en tierra. Tampoco el nivel del mar es algo sencillo de medir. Ni el hielo: la semana pasada se publicó en Nature un estudio muy publicitado en los medios que aseguraba que el nivel del mar ha aumentado más de 7 milímetros en 25 años por la pérdida de hielo antártico. Pero el resultado contiene grandes márgenes de error y era resultado de ajustes estadísticos más que de datos brutos, ajustes que son necesarios pero que dependen mucho de los supuestos y hasta el sesgo de quienes los hacen.

El artículo ha recibido mucha publicidad basado en el hecho de que han participado en él más de 80 científicos. Según sus conclusiones la Antártida perdió hielo antes de 2012 a una tasa constante de 76.000 millones de toneladas por año, una contribución de 0,2 milímetros por año al aumento del nivel del mar. Sin embargo, desde entonces ha habido un fuerte aumento de tres veces. Entre 2012 y 2017, el continente perdió 219.000 millones de toneladas de hielo por año, una contribución al nivel del mar de 0,6 milímetros por año.

La Antártida Occidental habría experimentado el cambio más grande, con pérdidas de hielo de 53.000 millones de toneladas por año en la década de 1990 a 159.000 millones de toneladas por año desde 2012. Es la parte más y mejor estudiada y donde menos desacuerdo hay entre científicos. El problema se encuentra en la Antártida Oriental, un 80% de la superficie del continente, que consideran estable durante los 25 años estudiados pero donde sólo se habrían ganado 5.000 millones de toneladas por año, con un margen de error de ¡46.000 millones!

Resulta difícil tomarse en serio una cifra con un margen de error que es casi diez veces mayor. El problema está en la forma en que se mide el volumen de hielo de la Antártida. La tarea se realiza mediante satélites que cartografían con precisión el campo gravitatorio terrestre. Las pequeñas diferencias a lo largo del tiempo en la gravedad de la zona indicarían diferencias en el peso de la Antártida. El problema es que el hielo no es lo único que puede afectar a la gravedad, porque cambios en la tierra por debajo del mismo también lo hacen. Por ejemplo, al final de la última glaciación buena parte de las masas terrestres de Europa y América del Norte tenían una capa de hielo de 3 kilómetros de espesor que provocaron que el suelo se hundiera. Al derretirse la corteza empezó a subir y se cree que continuará haciéndolo durante al menos otros 10.000 años. Este tipo de fenómenos también afecta a la gravedad terrestre.

Para solventar el problema se utiliza el llamado ajuste isostático glacial, que incluye dentro de la evaluación del volumen total de hielo un modelo de los movimientos de la corteza terrestre que está debajo. Pequeños cambios en ese ajuste pueden provocar enormes diferencias en la evaluación de cuánto hielo se está ganando o perdiendo; de hecho en muchos estudios el cambio en el volumen de hielo proveniente del ajuste era mayor que el cambio medido por en bruto por los satélites. Y es el responsable del enorme margen de error del artículo del Nature publicado la semana pasada. "En nuestro estudio, la Antártida Oriental permanece como la parte menos definitiva sin duda", reconoce Andrew Shepherd, el autor principal del estudio y profesor en la Universidad de Leeds.

Uno de los estudios que más han destacado en este campo es el publicado en 2015 por el glaciólogo de la NASA Jay Zwally. Y ha destacado porque pese a estar su principal responsable en la misma institución que inauguró el alarmismo climático, y estando muy lejos él mismo de ser un escéptico, concluyó que el hielo ganado por la Antártida Oriental superaba al perdido por la Occidental empleando unos datos que otros científicos se han negado a usar. Se trata de los datos de altimetría por láser del satélite IceSat, que midió con un detalle sin precedentes la altura de la capa de hielo de la Antártida desde 2003 a 2009. Hicieron falta seis años para que algún científico incorporara esa información a la estimación. Al tener dos fuentes de datos, las utilizó para elaborar un ajuste isostático que pusiera de acuerdo los datos tanto de gravedad como de altura del hielo. Y el resultado fue que durante esos seis años la Antártida en conjunto ganó 82.000 millones de toneladas al año, un resultado que venía a contradecir al propio Zwally, quien en un estudio publicado en 2005 estimó la pérdida de hielo de la Antártida en 31.000 millones de toneladas al año entre 1992 y 2001.

En estos momentos está pendiente de publicarse un nuevo estudio de Zwally en el que emplea de nuevos los datos del satélite entre 2003 y 2009 para hacer el ajuste isostático y que concluye que, por ahora, la Antártida sigue ganando hielo. No obstante, las capas de hielo en ambas partes de la Antártida "están ahora muy cerca del equilibro", asegura, de modo que ese equilibrio bien podría cambiar y pasar de la ganancia a la pérdida de hielo si la temperatura continúa subiendo. Mientras, el IceSat-2 aún está pendiente de lanzamiento.

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