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El cambio de sexo de la dorada: por qué nacen machos y se convierten en hembras a los tres años

La mayoría de los ejemplares que consumimos en España son machos.

Imagen de archivo | LD

La dorada es uno de los pescados más habituales en pescaderías y supermercados españoles. La mayoría de los ejemplares que se comercializan pesan en torno a 200 o 300 gramos y miden unos 20 centímetros, pero lo que muchos consumidores desconocen es que esos peces, en su mayoría, son machos. A partir de cierta edad, una parte significativa cambia de sexo y se convierte en hembra, un proceso biológico que garantiza la continuidad de la especie.

La explicación parte de una característica propia de la dorada, especie perteneciente a la familia de los espáridos. Según ha detallado el profesor Miguel del Pino en Es la Mañana de Fin de Semana, en esRadio, durante sus primeros años de vida estos peces son machos y, en torno a los tres años, un porcentaje experimenta un cambio de sexo.

Durante esos primeros años, el pez se enfrenta a una elevada mortalidad, como ocurre con muchas especies marinas. Solo los ejemplares que logran superar ese periodo alcanzan la madurez suficiente para convertirse en hembras. "Entonces, una hembra es un ejemplar altamente valioso. Primero genéticamente bien dotado, que llega hasta esa edad y entonces se convierte en hembra y garantiza la continuidad de la especie", ha destacado del Pino en el programa de este domingo.

La transformación no afecta a todos los individuos, aunque sí a una proporción considerable. Este proceso responde a un mecanismo natural orientado a maximizar la capacidad reproductiva. Y es que, según han asegurado en el programa, una hembra puede producir miles de huevos, lo que compensa la elevada mortalidad de las fases tempranas.

Superados esos tres primeros años, ha señalado el profesor, la dorada puede prolongar su vida "lo que la santa madre naturaleza le prometa, que pueden ser cuatro o cinco años más".

En esRadio también han recordado que la dorada forma parte de la familia de los espáridos, un grupo de peces costeros caracterizado por su fuerte dentadura, con incisivos adaptados para raspar y alimentarse de organismos adheridos a las rocas.

Dentro de esta familia se encuentran también especies como el besugo o la urta. "Son peces que para estar batiendo el oleaje contra las rocas en las que viven, necesitan fuerte musculatura y esa carne compacta y exquisita", ha explicado del Pino.

En España, su consumo está estrechamente vinculado al desarrollo de la piscifactoría, que comenzó a expandirse en los años ochenta con zonas especialmente adecuadas para el cultivo, como la bahía de Cádiz, donde las corrientes marinas y la filtración natural a través de fondos arenosos favorecen la calidad del agua. "Y de ahí ya, al llegar a una edad de más de varios meses o un añito, al mercado", ha concluido el colaborador de Es la Mañana de Fin de Semana.

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