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Sherlock Holmes cumplió 150 años

Conmemoramos un sueño: el de un personaje imaginario más real que su creador. Sherlock Holmes. Ha cumplido 150 años de vida, habiendo así sobrevivido largamente a su progenitor, Sir Arthur Conan Doyle.  

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Holmes vino al mundo en 1854 y la larga vida de más famoso de todos los detectives es un hecho singular en las literatura universal. Se ha dicho que fue modelado (alto, delgado, nariz afilada, excéntricos, antisocial, violinista, fumador de pipa y cubierto con una capa) sobre la base real del Dr. Joseph Bell, de a “Royal Infirmary”, de Edimburgo. Se dice, asimismo, que tenía algunos de los tics y manías del propio Conan Doyle, quien, dicho sea de paso, era cinco años menor que Holmes: había nacido en 1859. Médico de profesión, y con escasa clientela, Conan Doyle combatió en África del Sur, escribió varios libros de historia, pero no fue por ellos que pasó a la historia. Lo hizo, y a su pesar, por las deleitables andanzas del venerable Holmes.
 
Las aventuras de Holmes están narradas en primera persona por su entrañable amigo y fiel asistente, el Dr. John Watson, un personaje sobre el cual Borges hizo esta sagaz observación: posee una inteligencia que está un escalón por debajo de la del lector. Pues bien, baste recordar que ello comenzó cuando Sherlock Holmes logró solucionar su primer problema, en la célebre dirección del 221B de Londres, el 31 de octubre de 1886. Así nos lo ha contado Watsob, entre asombros y elogios sin rubor, en la novela Estudio en escarlata.
 
El manuscrito con la primera aventura del detective fue aceptado por la “Ward Lock y Company”; pagó al joven médico/escritor 25 libras esterlinas. Pero el libro recién salió al año siguiente en las páginas del Anuario Beeton de Navidad de 1887. De esta manera, el mundo conoció a Sherlock Holmes y a su fiel escudero, así como la célebre (y ficticia) dirección de ambos, el 221B, al nordeste de Londres.
 
66 cuentos y cuatro novelas, convirtieron a Holmes en el parámetro de la literatura policial. Su fascinación dominó a los lectores. La creación de Holmes es tan verosímil y tan perfecta, que todo el mundo se mostró airado en su momento cuando el detective murió en un duelo con el perverso profesor Moriarty. Para evitar los reclamos, Conan Doyle debió resucitar al héroe.
 
Los arabescos mentales de Sherlosck Holmes y sus preciosismos deductivos eran arduos y severos. En su mente se jugaban eternas partidas de ajedrez entre el bien y el mal. Y su eficacia derivaba (podemos recordarlo con una sonrisa afectuosa) sus impresionantes dotes, que le permitían, por ejemplo, identificar 75 perfumes diferentes, descubrir parentescos mediante la grafología y determinar la estatura de un hombre por su huella. A ello sumaba su legendario don de observación.
 
Sherlock Holmes abandonó su profesión de investigador para dedicarse a la apicultura. Incluso escribió un libro sobre el tema (al que consideraba su obra maestra) llamado Manual Práctico de Apicultura, con algunas observaciones sobre la Segregación de la Abeja Reina. Y murió (literariamente hablando) a los 103 años, en 1947.
 
Pero sus fieles lectores está vivo, a la orilla de cualquiera de sus libros. Alcanza con abrir uno de ellos, en una de sus tantas aventuras, para que él despierte y viva. Porque tenía razón Borges cuando, en el poema que le dedicara, escribió:
 
Atiza en el hogar las encendidas ramas/ o da muerte en los paramos a un perro del infierno./ Ese alto caballero no sabe que es eterno...”.
 
 

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