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¿Qué tienen en común los asesinos en masa?

La respuesta obvia son las armas, claro. Pero hay otra cosa que se repite una y otra vez: la presencia de fármacos psiquiátricos.

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La respuesta obvia son las armas, claro. Pero hay otra cosa que se repite una y otra vez: la presencia de fármacos psiquiátricos.
Dylann Roof, el último de una larga saga de asesinos en masa. | Corbis

El pasado 17 de junio Dylann Roof, un norteamericano blanco de 21 años, protagonizó en Charleston (Carolina del Sur) otra macabra tragedia que sumar a la lista de matanzas en su país. Nueve personas afroamericanas murieron en la iglesia metodista de Charleston. Como era de esperar, una de las muchas reacciones de los políticos y medios ha sido la de reavivar la idea de prohibir la tenencia de armas en EEUU. Y no sólo en el bando demócrata, sino también en el republicano.

Pero miremos no a los políticos ni periodistas, sino a quienes han perpetrado en los últimos años estas masacres en EEUU. A Dylan Roof, pero también a Jame Holmes, Adam Lanza, Michael Carneal o Kip Kinkel. Nadie puede negar que sus rostros, con sus miradas entre perdidas y psicopáticas, parecen seguir cierto patrón común.

Cualquier ciudadano medio dirá que la cosa en común que tenían todos los asesinos son las armas. Pero esto no sólo es obvio, sino que no explica nada, pues Estados Unidos, siendo el país con mayor tenencia de armas del mundo, está muy lejos de ser el país con más crímenes por armas. Y es aún menos explicativo si atendemos a las diferentes legislaciones sobre armas en las zonas interiores de EEUU.

Pero si ahondamos más en la búsqueda de causas explicativas encontraremos una llamativa cosa en común en todos estos asesinos: los fármacos psiquiátricos.

Todos y cada uno de los asesinos mencionados estaban en el momento de las matanzas bajo los efectos de fármacos de prescripción que alteran el comportamiento o habían estado tomándolos muy recientemente. Dylann Roof, el asesino de Charleston, estaba consumiendo Suboxone, un fármaco opiaceo usado por ejemplo como alternativa a la metadona contra la adicción a drogas como la heroína y que produce una sensación de euforia. El propio New York Times lo mencionó.

Kip Kinkel mató con 15 años a sus padres durante el tiempo que estuvo tomando Prozac contra la depresión y Ritalin contra el síndrome de falta de atención. Michael Carneal, tomando Ritalin con 14 años, abrió fuego en su escuela de Kentucky. James Holmes, que asesinó a múltiples personas en unos cines en la matanza de Aurora, estaba consumiendo fármacos antipsicóticos. Adam Lanza, el asesino de la escuela Sandy Hook en Connecticut, supuestamente estaba tomando algún tipo de fármaco psiquiátrico en parte de su tratamiento de síndrome de Asperger. Esta página web recopila casos de todo el mundo de comportamiento violento bajo antidepresivos.

Sus fabricantes, la industria farmacéutica, se cuidan mucho de ocultar tan terribles efectos secundarios y cuando se refiere a ellos lo hace como "anecdótica" o incluso "casual". Sin embargo, que muchos fármacos psiquiátricos producen sobre todo en personas jóvenes pensamientos y aun comportamientos violentos y suicidas es algo que la ciencia reconoce. En 2010, un estudio halló que 484 fármacos tenían relación con casos de comportamientos violentos. De estos 484, sólo 31 tenían relación con el 79% de casos violentos. Una tercera parte de ellos, en concreto 11, eran antidepresivos.

John Noveske, fundador de una compañía de armas de fuego en EEUU, elaboró una lista de los fármacos psiquiátricos que estaban consumiendo los asesinos en masa de su país y la publicó en redes sociales. Por desgracia, los grandes medios americanos –especialmente los progresistas– esconden estas realidades a sus ciudadanos. Hoy en EEUU, además, la principal causa evitable de mortalidad es la sobredosis de fármacos de prescripción.

En cualquier caso, las causas del deseo de matar no están en las pistolas ni en los machetes ni en las sogas, sino en el interior de cada persona, en su mente y comportamiento. Para encontrar soluciones efectivas, debemos buscar las causas reales.

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